Enviado por rober el Mié, 04/06/2008 - 21:46.
hay una frase de Thomas Friedman que no puedo quitarme de la cabeza: “cuando era pequeño mis padres me decían que me terminara la cena porque hay un montón de gente en el mundo que se está muriendo de hambre. Hoy, yo les dijo a mis hijas que terminen sus deberes porque hay un montón de gente en el mundo que se muere por hacer su trabajo”.
El mundo se mueve a diferentes velocidades. Occidente, Oriente, África, América del sur, ... cada uno a su velocidad, cada uno en un momento diferente, pero todos en un mismo mercado globalizado donde competimos en condiciones muy diferentes. El mercado laboral no es una excepción. Las empresas, como es lógico, aprovechan las oportunidades que les brinda esta situación intentando mejorar sus ventajas competitivas.
Y mientras todo esto ocurre hay una palabra que no dejo de leer por todas partes. Conciliación. Periódicos, revistas de recursos humanos, noticias en televisión, reportajes en la radio, estudios de prestigiosas escuelas de negocio, posts en internet, certificados para empresas familiarmente responsables, ... Está claro que en este momento de nuestra historia se hace cada vez más necesario tener tiempo para el individuo, pudiendo alcanzar una vida personal mucho más rica. Pero mientras tanto, qué ocurre con las otras personas del mundo que desean tener lo mismo que tenemos nosotros, qué ocurre con las empresas que hoy más que nunca tienen que competir en un mercado mucho más plano. La lógica indica que lo que no hagamos nosotros lo harán otros, de manera que el trabajo se irá trasladando hacía otros lugares.
Esta es la sensación que tengo cuando oigo a la gente hablar de conciliación. Una conciliación que sólo es concebida en una dirección, el propio beneficio personal, olvidando todo lo demás. Y sé que esto suena muy pro empresa, incluso se podría pensar que va en contra del propio individuo, nada más lejos de mi intención. Pero lo que si es cierto es que las cosas son como son, si la conciliación sólo funciona en una dirección estaríamos frente al principio de la desaparición de un montón de puestos de trabajo a favor de otros mercados donde las condiciones son diferentes ... es la ley de la oferta y la demanda.
La conciliación es un camino de ida y vuelta, se trata de una relación ganar-ganar. Donde la persona obtiene un beneficio, pero este beneficio no puede provocar que se reduzca el beneficio de la empresa, es más, incluso debería de incrementarse el beneficio de ambos. Más que conciliación hablaría de flexibilidad, una flexibilidad que permitiese a empresa y profesional convivir en armonía y equilibrio siendo competitivos con el resto de los mercados laborales mundiales, y no me refiero sólo a coste u horas trabajadas. Me refiero sobre todo a la calidad y productividad del trabajo realizado. Tratar de regular situaciones como la de la conciliación sólo genera la aparición de leyes, normas o reglas que son demasiado estáticas como para convivir en una sociedad que se mueve demasiado rápido y donde la realidad cambia cada día.
La flexibilidad nos dará muchos más motivos para sentirnos personas antes que profesionales.