Enviado por rober el Mar, 22/07/2008 - 00:39.
hace unos días leía un artículo de opinión de José Medina muy interesante sobre los circuitos de pérdida de talento. En estos tiempos donde tanto se habla de cómo retener el talento me pareció una lectura muy interesante que planteaba el tema desde otro punto de vista. Solemos dibujar escenarios donde retener el talento es un tema aparentemente sencillo, pero esta lectura me recordó que el día a día está, por desgracia, más cerca de otro tipo de realidad.
La realidad del liderazgo incompetente tiene mucho que ver con los “líderes psicópatas”. Y en este caso me refiero a la psicosis como la falta de empatía que muchos líderes demuestran en su quehacer diario. Líderes que ante esta falta de empatía son ajenos a sentimientos de culpabilidad por su mala gestión. Líderes carentes de sentido común para hacer que el talento fluya de una manera natural dentro de las organizaciones.
La gestión de personas es una profesión que requiere ante todo corazón. Corazón para poder sentir lo que las personas sienten en su trabajo diario. Donde la empatía es un valor fundamental ya que si no somos capaces de ponernos en la piel de la gente para la que trabajamos es muy difícil que podamos llegar a acertar en el diseño de cualquier tipo de política relacionada con los recursos humanos.
¿Es fácil identificar a los líderes psicópatas? yo creo que si. Se trata de un ejercicio de vista y sobre todo de oído. Cuando el feedback que recibimos sobre determinadas personas siempre va en la misma dirección, cuando la rotación siempre se encuentra en el mismo sitio, cuando de manera sistemática en determinadas áreas no hay un desarrollo de las personas, cuando antes vacantes en ciertas áreas nos resulta complicado poder cubrirlas internamente, cuando de manera periódica las encuestas de clima laboral identifican a los malos líderes,... me parecen claros indicadores de que algo no funciona y a los que merece la pena tratar de prestarles atención para saber que es lo que realmente ocurre.
Hacer oídos sordos a estas señales es dejar una puerta abierta al talento interno y poner un muro al talento externo. Es como tener un grifo que gotea al que no se le presta atención. Al final se pierde mucha agua y parece que sólo es importante cuando se rompe la tubería. Y generalmente cuando se rompe la tubería es demasiado tarde, la reparación es muy cara y seguramente nuestra credibilidad como fontaneros esté en entredicho.
Como bien sabemos todos, el agua es un recurso escaso. Vamos a cerrar los grifos!!!