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autoconocimiento, vocación, sentimientos
uno de los grandes males que sacude nuestra sociedad es la envidia, pero la envidia no siempre fue mala. Este sentimiento no nos lo hemos inventado nosotros. La envidia nos ha acompañado a lo largo de la historia. Durante muchos años fue ésta la que nos ha permitido evolucionar. Querer tener más que el vecino nos empujó para conseguir todo lo que tenemos ahora. Por eso que la envidia tiene un gran valor evolutivo. Este sentimiento se ha ido convirtiendo por derecho propio en un rasgo común de nuestro comportamiento.
¿En qué punto nos encontramos en la escala evolutiva de la envidia?. Durante los últimos siglos la envidia ha pasado de ser un rasgo evolutivo básico para el crecimiento, en un cáncer social que conduce a la destrucción del poder colectivo. Hoy la envidia también es conocida por la aversión a la desigualdad. Somos capaces de sacrificar cualquier tipo de recurso (tiempo, dinero, esfuerzo, compromiso, ...) para intentar reducir lo máximo posible el gap que nos separa del nivel de bienestar de otras personas. Cuando no teníamos nada, la envidia era buena porque nos ayudaba a estar mejor. Pero resulta que hoy tenemos más de lo que necesitamos, y en este nuevo contexto, la envidia deja de ayudar y comienza a restar en nuestro nivel de bienestar. Tenemos más que nunca y somos más infelices. La OMS advierte que en el 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad en el mundo. Hemos cambiado las enfermedades de la pobreza por las enfermedades de la riqueza, y quizás uno de los causantes sea esa envidia evolutiva, una envidia que se ha convertido en parte de nuestro subconsciente y cuya inercia nos ha hecho enfermar.
Hemos cambiado las cavernas por nuestras oficinas y lugares de trabajo. Al principio queríamos tener un jabalí más que el del vecino, y ese ímpetu nos dio ventajas a la hora de salir adelante. Pero en los nuevos entornos de trabajo ya no ansiamos cosas que nos hagan estar mejor. Ahora el ansia ha pasado a influir de una manera directa sobre nuestros sentimientos, lo que a su vez ha provocado que nuestro juicio se nuble. Cuando decidimos influenciados por este sentimiento es muy probable que no tomemos la mejor decisión, sino aquella que calme nuestra aversión por la desigualdad.
Las organizaciones son un caldo de cultivo perfecto para que se reproduzcan este tipo de comportamientos: salarios, jerarquías, cargos, responsabilidades, poder, contactos, ... todo un repertorio de políticas y prácticas que correlacionan de manera directa con la envidia; cuando éstas crecen, nuestra envidia crece. Sus efectos son popularmente conocidos, y abarcan una inimaginable fuente de creatividad: zancadillas, mentiras, peloteo, deslealtad, ... ¿Y cómo se termina con todo ello?. Fácil, solucionando la aversión por la desigualdad. Ya, ¿y cómo se hace eso?. Cada uno debería buscar su fórmula pero yo me atrevo a indicar la dirección.
Vivimos de afuera-adentro. Los que nos rodea nos construye como personas y eso nos convierte en dependientes del refuerzo exterior. Por eso necesitamos una casa más grande que la del vecino, o un coche más rápido que el del compañero, o un salario de vértigo que todos nuestros amigos envidien para así saber que estamos bien pagados. Cuando vivimos de este modo es importante saber que las riendas de nuestra vida las lleva nuestra envidia.
Por contra, cuando construyes de dentro-afuera, el foco cambia totalmente. Ahora ya no vivimos pendientes de lo que digan los demás, ahora es mucho más importante saber qué es lo que nos hace sentir bien, y cuando lo averiguamos buscarlo constantemente. Además, el propio lenguaje popular nos demuestra que hay una envidia, conocida como sana, que nos ayuda y beneficia en ese camino del bienestar propio. Este debe ser el principio, nosotros mismos.
¿Por qué hacemos las cosas?, ¿por lo que nos gusta, o por lo que les parezca a los demás?. La envidia nos ha traído una gran crisis de vocación.







Comentarios
¿Vivimos mejor que cuando? Enlace permanente
Enviado por Javi (no verificado) en Mié, 01/12/2010 - 10:57
¿Vivimos mejor que cuando? ¿Que hace 1000 años? ¿Y que hace 10000 años?. Quizá vivimos mejor algunos, pero no todos los humanos de La Tierra viven bien, y hemos evolucionado en tecnología, pero tengo mis dudas en cuanto a moral y ética, e incluso habilidades.
La gente de hoy en día se piensa que es muy inteligente, pero aun así no se ha conseguido que todo el mundo trabaje poco, que en todos los países se tengan los mismos recursos, que dejen de aparecer nuevas enfermedades (lo cual sería terrible para las farmacéuticas), que todo el mundo sea feliz. La envidia puede ser causa de todo esto y mismamente consecuencia de un estado de infelicidad.
¿Quién puede asegurar que haya más humanos felices hoy en día que hace 10000 años, por ejemplo? ¿O menos guerras? ¿O menos hambre? ¿O más inteligencia o gente inteligente? ¿Quien hoy en día está seguro de que podría ser feliz si solo se le diera lo justo para alimentarse y vivir, y nada de dinero? ¿Sería tan inteligente para construirse el mismo sus entretenimientos?
difícil Enlace permanente
Enviado por rober en Vie, 03/12/2010 - 11:34
Javi, tú comentario es de calado. No estoy capacitado para responder a todas esas preguntas tan interesantes. Estoy de acuerdo contigo en que hay mucha gente que no vive mejor que hace 1000 años, y estoy seguro también de que la envidia tiene algo que ver. Creo que la envidia se ha convertido en un ladrón moderno de la felicidad, y en este mundo lleno de codicia es muy difícil que lleguemos a ser más felices que en el pasado. Debemos buscar la compasión, pero no la que se confunde con la pena, sino aquella que es sinónimo de grandeza.
Gracias por el comentario.