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la satisfacción, cuestión de equilibrio

El crecimiento económico llega a un punto que deteriora la calidad de vida”. El economista chileno-alemán Manfred Max-Neef es autor de la polémica teoría del umbral, según la cual los países desarrollados se han modernizado sin satisfacer las necesidades de la inmensa mayoría para ser feliz.

 

¿Qué necesita una persona para sentirse satisfecha?. Una investigación científica detecto nueve necesidades, idénticas en cualquier parte del planeta, para ser feliz: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Cada uno las satisface a su manera, pero en mayor o menor medida todo el mundo las busca.

 

Un obstáculo que ocurre en las sociedades más avanzadas para alcanzar la felicidad es que “el desarrollo económico deteriora la calidad de vida” y no permite poner remedio a las demandas de la población. Según Manfred Max-Neef, los países industrializados viven hoy con más angustia e incertidumbre que antes porque se han modernizado sin pararse a analizar si el crecimiento está recortando los índices de pobreza y desigualdad.

 

Este polémico estudio del economista chileno-alemán me hizo pensar en el paralelismo que puede llegar a existir con la empresa. Cada día nuestras empresas son mayores, tienen más recursos, los profesionales tienen un mayor número de beneficios, ... pero, ¿hasta qué punto esto juega a favor de la felicidad de los profesionales?. ¿No puede ocurrir como pasa en la teoría del umbral, que a mayor crecimiento el deterioro en la satisfacción del empleado se incrementará también?. Pensando en todo ello busco paralelismos. ¿Qué ocurre cuando a un niño se le da todo lo que quiere? ¿qué ocurre cuando no hay que esforzarse por conseguir algo? ¿qué ocurre con quién de repente, sin trabajarlo, se encuentra con sumas de dinero desorbitadas?. Le doy vueltas y no dejo de pensar que en ningún caso es un favor para al individuo. Cuando la cosas vienen dadas sin que haya detrás un esfuerzo es muy difícil saber valorarlas.

 

 

Volvamos al estudio científico en el que se detectaban las nueve necesidades que cualquier persona anhela para ser feliz, pensemos en como es cada una de ellas dentro de nuestras organizaciones, y en qué medida los trabajadores disponen de ellas: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad.

 

Desde recursos humanos debemos buscar el equilibrio entre estos factores, debemos diseñar políticas encaminadas a garantizar el acceso a cada una de ellas por parte de los profesionales. Pero ojo, hagámoslo en su justa medida, no creemos una organización mal educada, sin humildad, sin ilusión, sin implicación, quejica, .... Es nuestra responsabilidad administrar todas estas necesidades de manera correcta. Si así lo hacemos, si conseguimos que cada profesional este satisfecho, entonces cumplir los objetivos de la organización será mucho más fácil. Ánimo!!! ... se admiten ideas ...

 

 

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