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cuando lo invisible se hace visible

Lehman Brothers, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Goldam Sachs, AIG, ... y quién sabe cuantos gigantes más están por caer. En el siglo XVIII, Adam Smith acuñó el término de la mano invisible: forma metafórica para describir el papel del mercado libre en la asignación de los bienes en la economía. Defendía  la existencia de un orden económico natural que funcionaría con más eficacia cuanto menos interviniese el Estado. Si Adam Smith levantara la cabeza estos días se daría cuenta de que algún punto de su teoría era errónea. 

Este no es ni el momento ni el lugar para rebatir las ideas de Adam Smith, ni tampoco es la ocasión de debatir sobre la idoneidad de este tipo de políticas.  Pero su teoría me recordó como son algunos factores invisibles (la codicia, el poder, el liderazgo mal entendido, la falta de sentido común, la envidia, el exceso de confianza, ...) los que provocan efectos muy visibles. 

 

 


      

 

 

 

Esta semana, The Economist publicaba un artículo cuya lectura viene muy a cuento con este tema. Se hablaba de los dos grandes gigantes en la construcción de aviones a nivel mundial, Airbus y Boeing. Ambos se encuentran en un momento envidiable ya que el nivel de pedidos augura un buen futuro para ambas compañías. Pero cada una de ellas se encuentra en un momento bien diferente:

Airbus, acaba de salir de una fuerte crisis que ha durado dos años, y de la cual son conscientes sus empleados. Ante este panorama la empresa plantea tan sólo un incremento de salarios de un 1,5% anual, para de esta manera tratar de evitar la pérdida de más puestos de trabajo. Mientras tanto, su homóloga norteamericana, Boeing, ha disfrutado en los últimos años de un periodo de estabilidad y crecimiento. En este caso, la empresa propone a sus trabajadores un incremento salarial de un 11% en tres años, junto con los ajustes pertinentes de hasta un 3% relativos al coste de la vida.

Los empleados de Airbus aceptan lo que la empresa les propone, mientras que los profesionales de Boeing se han puesto en huelga por considerar inadecuada la oferta de la compañía.

En la lectura del artículo de The Economist se hace todavía más patente la curiosidad del caso. En él se puede entrever el inminente riego de pérdida de puestos de trabajo que dicha actividad conlleva debido a las posibilidades de outsourcing hacía otros países con menores costes laborales.


Tras la lectura del artículo me daba cuenta de las enormes similitudes entre el caso de Boeing/Airbus y los sucesos de los últimos días en los mercados financieros. 

El mundo de bienestar en el que vivimos no nos deja ver los peligros que atenazan nuestra existencia. En el caso de los mercados financieros, la codicia y la desmesura no nos han permitido ver lo que se nos venía encima. En el caso de Boeing pasa algo parecido. La estabilidad mal entendida genera en las personas la creencia de que dicha estabilidad es un derecho adquirido y que no hay nada ni nadie en el mundo que se la pueda arrebatar. Sin embargo, los profesionales de Airbus han sufrido en sus propias carnes la crueldad de la realidad, y la lógica de los mercados les ha enseñado que lo que hoy va bien, mañana puede que no vaya tan bien. Parece que son sólo este tipo de masters de realidad “gratuitos” los que nos devuelven al camino de la coherencia y el sentido común.


La estabilidad y la bonanza son “bienes” finitos. Es muy fácil acostumbrarse a ellos, pero lo realmente complicado es saber conservarlos. Si cuando todo va bien olvidamos que las cosas pueden cambiar en segundos, es probable que nos equivoquemos a la hora de escoger ya que la mano invisible que guía nuestros sentimientos puede confundir nuestro juicio.

 

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