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el sobrevalorado ascenso

¿Qué harías si tuvieses una persona muy buena en su trabajo bajo tu responsabilidad? La mayoría de nosotros respondería a esta pregunta diciendo: la ascendería. A menudo pensamos en el ascenso como premio, la mejor recompensa a un trabajo bien hecho. Ocurre que el ascenso muchas veces no acaba siendo un premio sino más bien un castigo. Cuando alguien no está preparado para asumir esa responsabilidad, o no está capacitado para ello, o simplemente no le gusta el puesto, el ascenso como “premio” puede suponer una frustración, pasando de ser alguien con un desempeño brillante a una persona sobre la que nos planteemos su permanencia en la compañía.

El camino correcto no siempre es la linea ascendente, no siempre el camino de la motivación, del reconocimiento o de la promoción pasa por el siempre sobrevalorado ascenso. Pero qué ocurre con el ascenso, por qué a todo el mundo le gusta tanto, por qué suena tan bien esta palabra que muchos están dispuestos a hacer lo que sea por ser ascendidos. A mi me parece que siempre se ha asociado el término al hecho de ganar más dinero, de tener más poder, más capacidad de decisión, de autonomía y algunos otros factores cotizados al alza en las empresas y en la sociedad. Tal vez, se podría pensar más en asociar más estos conceptos a las promociones horizontales, o incluso al desarrollo dentro de la propia ocupación. Sucede más a menudo de lo que parece que tenemos personas con desempeños excelentes en su ocupación y cuando para premiarlos los ascendemos, el signo de su desempeño cambia de positivo a negativo. Puede simplemente deberse a que a alguien no le guste la gestión y prefiera el trabajo más especializado, o porque el trato con personas sobre las que de repente tiene una responsabilidad le incomode y no se sienta capaz para hacerlo con solvencia. 

Creemos que el desarrollo de las carreras profesionales pasa por ser gestor, olvidando que es muy necesario tener grandes especialistas en diferentes ámbitos. Un ejemplo claro  de ello se da en el sector de la informática. A menudo, hay grandes programadores que para ser premiados en reconocimiento a su excelente labor son ascendidos a jefes de proyecto. Pasando de tener un trabajo individualizado, en el que interactuaban casi en su totalidad con un ordenador, a tener que gestionar un equipo de personas donde las cualidades comerciales y organizativas son un requisito indispensable para un buen desempeño. Todos quieren llegar a ser jefes de proyecto, porque esta es la vía a través de la cual se consigue un nivel retributivo mayor, unos beneficios sociales especiales y un reconocimiento profesional y social. Lo que ocurre es que por el camino perdemos un montón de técnicos brillantes a los cuales más nos valdría haberles subido el sueldo y haberles puesto coche de empresa .... ¿Por qué no?. Creo que deberíamos ser más creativos y flexibles en estos ámbitos. 

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