la ceguera social
si alguien me preguntara cual de todos mis sentidos es el que más valoro, sin duda escogería la vista. Este es el sentido que más me acerca a la realidad, además es el que mejor me permite entenderla y sobre todo me brinda la posibilidad de disfrutar de las grandes cosas de esta vida. Reconozco que poder disfrutar de este sentido es un regalo divino.
A pesar de las innumerables ventajas que supone poseer este sentido hay muchas personas que no hacen un correcto uso del mismo. Actúan como si no lo tuviesen. Los casos a los que me refiero son los que yo denomino como “ceguera social”. Personas que parecen haber decidido actuar como ciegos sociales pero sin ser conscientes de ello. Personas que pasan el día preguntándose por qué le suceden las cosas sin poder encontrar explicación aparente a todo lo que les ocurre cuando interactúan con otra gente.
Parece que este hecho tiene una explicación un poco más científica que mis vagas apreciaciones sobre realidades que observo cada día en todo lo que me rodea. El profesor de psicología por la universidad de Washington, John Gottman, ha estado estudiando este fenómeno durante los últimos años. Para ello, ha observado una amplia muestra de parejas que se han grabado en vídeo durante situaciones cotidianas. El objetivo era poder llegar a establecer una causa de porqué unas parejas permanecían unidas mientras que otras se separaban. De todo este proceso de investigación y observación sacó su propias conclusiones al respecto. La respuesta: los microgestos. Los microgestos no son más que expresiones faciales involuntarias que suceden de manera inconsciente y que responden a nuestras emociones. Todo esto sucede en décimas de segundo.
Pero Gottman va un poco más lejos y establece relaciones numéricas sobre este proceso concluyendo que por cada microgesto negativo (odio, rabia, crítica, hostilidad, ...) son necesarios 5 microgestos positivos (mostrar interés, ser educado, cariñoso, ser empático, ...) para poder contrarrestarlo. De esta manera las parejas que permanecían juntas mostraban una ratio de 5/1 (5 microgestos positivos por cada 1 negativo). En el caso de las parejas que se divorciaban esta ratio era de 8/1.
Como se puede comprobar no hay un equilibrio entre lo negativo y lo positivo. Lo negativo pesa mucho más que lo positivo y la única manera de compensar lo malo es dar mucho más de lo bueno.
Esta misma ratio también se calculó para las relaciones profesionales. La ratio base, por debajo del cual una persona estaría dispuesta a abandonar una empresa, sería de 3/1. Y para buscar la máxima productividad de un profesional la ratio que Gottman establece como óptima es de 13/1. Conclusión: los microgestos positivos son rentables para la empresa.
Sabiendo todo esto es cuando pienso en lo que os comentaba al principio. Todas esas personas que campan a sus anchas por las empresas cargadas de microgestos negativos provocando que de una manera casi invisible las empresas pierdan la senda de la productividad. Personas que piensan que por el mero de hecho de decir cosas “buenas” deben obtener el objetivo que persiguen, olvidando que en todo proceso de comunicación el lenguaje corporal juega un papel fundamental. Actúan como verdaderos ciegos al no ser capaces de ver en los receptores de sus mensajes las expresiones que indican que algo no va bien. Sin duda alguna, la “ceguera social” debería ser considerada como una enfermedad profesional.

