Recordemos los cuatro estadios de la competencia:
1. incompetente inconsciente
2. incompetente consciente
3. competente consciente
4. competente inconsciente
Pensemos en cuando aprendimos a conducir. Cuando no tenemos ni idea somos unos incompetentes inconscientes. En nuestra primera práctica en la autoescuela nos damos cuenta de lo mal que lo hacemos, pasamos a ser unos incompetentes conscientes. Tratamos de aplicar toda la teoría que sabemos para tratar de mejorar nuestra forma de conducir, que si el embrague, el freno, la distancia, aparcar, ... pasamos a ser poco a poco competentes conscientes. A través de la práctica, hacemos de toda esta teoría hábitos, y es entonces cuando pasamos a ser competentes inconscientes.
Este debería ser el orden para alcanzar la siempre deseada competencia inconsciente, pero es cierto que en muchas ocasiones nos podemos quedar en el camino, o no llegar al nivel deseado de competencia.
Sea como sea, nuestra compañera inseparable en este viaje debería ser siempre la humildad. Estemos en el punto que estemos siempre tiene sentido y nos ayuda a alcanzar el objetivo deseado. Mientras somos unos incompetentes quizás sea el momento en el que cobra mayor importancia. No hay nada peor que alguien que no conoce algo pero actúa como si fuese el que más sabe del tema. En estos casos este tipo de comportamiento nos lleva a que la gente nos pierda el respeto, a que no nos tenga en cuenta y sólo contaremos con el apoyo de aquellos que son más incompetentes que nosotros. Mientras somos incompetentes es cuando tenemos que ser más humildes, tratar de aprender de los que nos rodean, escuchar lo que nos dicen, ... cuanto más humildes seamos menos se notará nuestra incompetencia, si somos inteligentes trataremos de esconderla.
¿Y qué pasa cuando somos competentes? ¿tenemos derecho a ser prepotentes? ¿se nos respetará sólo por nuestra competencia?. Cuando somos competentes la humildad no es tan crítica como en los casos en los que no lo somos, pero sin duda sigue siendo un aspecto muy importante. Podríamos actuar con prepotencia y nuestro trabajo saldría bien, conseguiríamos resultados, incluso podríamos tener el respeto de nuestro equipo. Pero yo me pregunto ¿y si un día nos cruzamos con alguien más competente que nosotros?. En este caso la humildad resurge con fuerza como un factor crítico, sería poco inteligente actuar con prepotencia tratando de imponer nuestra opinión. De actuar así volveríamos al estadio incial, y tendríamos que volver a empezar todo el camino de nuevo.
Siempre he pensado que nadie en el mundo es el mejor en nada, que no hay nadie que posea la verdad absoluta, siempre hay alguien que puede complementar, mejorar, matizar lo que sabemos o lo que hacemos. No siempre es fácil ser humilde, pero tratemos de serlo aunque sólo sea por no deshacer el camino andado.
