
Érase una vez un descampado donde un gigante se solía retirar a descansar de su ajetreada vida. En aquel lugar descansaba plácidamente hasta que un día un grupo de niños apareció por el descampado. Aquellos niños durante sus juegos reían y gritaban interrumpiendo el descanso del gigante. A los niños les gustó el lugar y cada día se reunían en aquel sitio para hacer lo que más les gustaba, jugar. El gigante desesperado empezó a pensar en que podía hacer para recuperar su lugar de descanso ...
Cansado de no poder dormir decidió dirigirse a los niños y plantearles una propuesta. “Me encanta vuestra compañía, para mi el que juguéis en este lugar es todo un privilegio, vuestra presencia me llena y es por ello que he decidido que por cada día que vengáis a jugar aquí os daré 3 euros a cada uno”. Los niños no daban crédito y encantados aceptaron la propuesta del gigante ... ¿cobrar por jugar? ... ¿cómo no?. Al día siguiente, lo niños aparecieron en el descampado y jugaron toda la tarde. El gigante fiel a su palabra les recompensó con 3 euros a cada uno.
El segundo día lo niños volvieron al lugar, pero ese día, al final de sus juegos, el gigante a la hora de pagar le planteó que 3 euros era demasiado dinero y que no podría pagar tal cantidad, dicha cantidad ahora tenía que ser de 2 euros. Algunos de los niños no les gustó la idea, pero aún así creyeron que el trato era justo. Al día siguiente el gigante volvió a repetir la operación pero esta vez les ofreció 1 euro. El grupo de niños disconforme con la decisión fue mayor, pero tras largas deliberaciones siguieron considerando la propuesta interesante. El cuarto día el gigante, una vez los niños habían finalizados sus juegos, se sentó con ellos y les comentó que muy a su pesar no le llegaba el dinero y no iba a ser posible pagarles en adelante por jugar en aquel descampado. En ese momento los niños se molestaron, se reunieron para decidir que hacían. En un breve periodo de tiempo llegaron a la conclusión de que aquello no era lo que esperaban y que por tanto habían decidido no volver a jugar en aquel sitio. De esta manera el gigante volvió a recuperar su descampado y por ende su lugar de descanso habitual.
Moraleja: Estos niños jugaban en el descampado porque les gustaba, en el momento que el gigante puso precio a esos juegos los niños dejaron de asociar el descampado con jugar, de repente lo importante no era ir a allí a disfrutar como habían hecho siempre, eso había pasado a un segundo plano y el objetivo era ahora el dinero.
Lo que nos motiva puede dejar de serlo si olvidamos el por qué lo hacemos y en esta operación las pérdidas suelen ser mayores que las ganancias. Tengamos siempre claro lo que nos motiva y tengámoslo siempre presente a la hora de tomar decisiones.
