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enando el otro día con unos amigos recordábamos los tiempos en los que no teníamos internet y como este hecho ha influido en nuestro modo de escuchar música. Cuando internet no existía en nuestras vidas, el acceso a la música era casi un bien de lujo para un adolescente. Recordábamos como grabábamos nuestras canciones favoritas en la radio intentando ajustar al máximo para evitar los siempre molestos comentarios del interlocutor. La tecnología nos llevó a poder grabar de cinta a cinta ... todo una salto tecnológico. Pero el salto realmente diferencial para nosotros fue la aparición de los CD´s, con calidad de música digital y también con unos precios de unos 30€, de aquella época. Escuchar la música que te gustaba era un “vicio” realmente caro y al alcance de muy pocos. Tenías que seleccionar muy bien lo que querías. Y cuando te comprabas el CD lo escuchabas una y otra vez, te aprendías las letras de las canciones, disfrutabas de las portadas y fotos interiores, lo limpiabas para que no se rayara, ....
Con la aparición de internet en nuestras vidas todos estos modelos de comportamiento han desaparecido de forma drástica. De repente podemos tener y disponer de toda la música que jamás nos hubiésemos imaginado. Todo aquello que siempre quisimos escuchar está a un sólo click de nosotros, y con precios infinitamente inferiores. Y ahora que tenemos esta enorme fortuna la lógica nos debería llevar a pensar que tendríamos que estar encantados. Pero mis amigos y yo comentábamos como de repente tu manera de escuchar música cambia, de repente aquello que tanto te gustaba lo escuchas una vez, o a lo mejor dos, pero es probable que no le vuelvas a prestar mucha atención. Por supuesto, de cada disco sólo escuchas la canción que te gusta, el resto ni las abres ...
Hablando sobre el tema comencé a pensar lo cerca que está este ejemplo de lo que se debe sentir cuando uno es millonario. Cuando realmente tienes la capacidad de tener todo aquello que siempre deseaste. Internet nos ha acercado a esta sensación, nos ha dado lo que siempre quisimos y de repente ya no nos hace tanta ilusión. Es cómo si la ilusión desapareciera con la sensación de tener lo que tanto anhelaste, cuando conseguir algo no te supone ningún esfuerzo, cuando cualquier cosa esta a tu alcance. Realmente internet nos ha hecho ricos a todos y parece que esta riqueza no le sienta demasiado bien a nuestra ilusión. El exceso apaga nuestro apetito y atrofia nuestros sentidos, eso es lo que creo.
Bajo este patrón de comportamiento, ¿cuánto de esto no pasa en las empresas actuales?, ¿puede suceder que tengamos más que nunca y aún así nos quejemos? o ¿siempre han sido así las cosas?. Mi sensación personal es que con el trabajo pasa lo mismo que con la música, cuanto más tenemos, menos ilusión nos hace, cuando lo que debería suceder es que tendríamos que ser conscientes de todo lo que tenemos y de lo mucho que se ha avanzado en esta materia a lo largo del tiempo.
¿Y que podemos hacer?, ¿nos resignamos a que la gente pierda la ilusión y en consecuencia la implicación tan necesaria para hacer mejor las cosas?. Sinceramente creo que desde la áreas que trabajan con y para las personas se debe reflexionar a este respecto. A veces queremos hacer tantas cosas, dar tantos beneficios, conceder tantos privilegios que nos podemos olvidar de que todo esto puede conducir a un efecto contraproducente. Y no digo que no haya que hacer esto, sólo creo que hay que ponerlo en valor y recordárselo a la gente para que esa ilusión por los logros conseguidos no se vean nublados por la apatía y la desidia.
Leía ya hace algunas semanas en el periódico que los grandes directivos de la industria del automóvil norteamericanas acudían en sus jets privados a Washington para solicitar al gobierno ayuda financiera para poder salir adelante del bache que están viviendo... creo que este es un buen ejemplo de lo que puede provocar tenerlo todo.
¡Trabajemos la gratitud como una de las grandes fortalezas necesarias para ser feliz!

