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sin lugar a dudas estamos viviendo una crisis de confianza en el mundo. Es como si la desconfianza se hubiera puesto de moda. Parece que sólo el que desconfía acierta. Las evidencias nos rodean en todos los ámbitos de nuestra vida, es como si se contagiase: la crisis financiera actual, los índices de divorcios o la programación televisiva son tres ejemplos claros de como la desconfianza campa a sus anchas en nuestro entorno.
La gente no se fía a la hora de hacer un depósito en su banco por miedo a perder su dinero, el fantasma de la deflación amenaza las decisiones de compra frenando el crecimiento económico en todo el mundo, el incremento de los divorcios nos indica que la vida en pareja pasa por sus momentos más difíciles (en 1981 por cada 12 matrimonios había un divorcio, en el 2008 por cada 1,5 matrimonios hay un divorcio), en la televisión sólo vemos a personajes públicos que desfilan por nuestras pantallas tonteando continuamente con la delicada linea que separa a la confianza de la desconfianza ... y si cada uno de nosotros nos lo paramos a pensar encontraremos en nuestro día a día un montón de situaciones en la que la desconfianza está a nuestro alrededor.
Visto lo visto me planteo: ¿qué es la confianza?, ¿por qué confiamos?. Analizando un montón de situaciones, busco un factor común que me deje concluir por qué confío. ¿Qué es lo que se da siempre en todas las relaciones de confianza de las que disfruto?:
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Sólo la combinación de dos factores se repite en mi esquema interno de la confianza: la verdad y la coherencia. En ellos se basa la construcción de la delicada estructura de la confianza. Y debe ser un producto ya que si uno de los factores es igual a cero la confianza también será igual a cero.
La confianza adopta dos dimensiones diferentes: la confianza en uno mismo y la confianza en los demás. En ambos casos la verdad y la coherencia son factores necesarios, lo único que los diferencia es la dirección en la que viajan. La confianza en uno mismo se basa en proyectar la confianza hacia dentro y la confianza en los demás se proyecta hacia fuera. ¿Y qué ocurre cuando no confiamos?.
Cuando no confiamos en nosotros mismos es cuando atacamos de una manera directa a nuestra autoestima. Si me engaño a mi mismo, si no soy coherente entre lo que pienso, digo y hago, entonces empiezo a caminar hacía el profundo pozo de la baja autoestima. Esto mina las relaciones sociales, destruye el entorno laboral como lo harían las termitas, dificulta la vida en pareja, ... en definitiva, es la mejor manera de tejer un jersey que en el momento de ponértelo te hace invisible.
La desconfianza en los demás es lo mismo pero en la dirección contraria. Si alguien nos miente o no es coherente, entonces nace la desconfianza. En este caso se pueden producir ejemplos paradójicos como la confianza en los enemigos. ¿Cómo puede ser esto?. Todos sabemos que nuestros enemigos son nuestros mayores críticos, a ellos no les importará decir la verdad por dura que sea y siempre son coherentes con su conducta de enemistad hacia nosotros. Curioso, pero ocurre. Piénsalo. En nuestro entorno también buscamos la verdad y la coherencia ... incluso en nuestros enemigos.
Pensemos ahora en el trabajo. Me surgen varias preguntas: ¿confías en tus jefes, compañeros, equipo directivo, accionistas, ...?, ¿pueden ser las empresas uno más de los damnificados por la instaurada crisis de confianza en el mundo?, y la preguntas más importante: ¿confías en ti mismo en el trabajo?. La confianza en ti mismo, en tus compañeros, jefes y accionistas hacen que las cosas sucedan de una forma fluida y natural. Cuando estas relaciones no se dan, comienzan a surgir resistencias de todo tipo que dificultan que las cosas vayan adelante. La desconfianza ralentiza las organizaciones y hace que las cosas no sucedan. Es el cáncer del crecimiento y la evolución.
En estos días de pesimismo global es más necesario que nunca comenzar a confiar, y para hacerlo, sólo tenemos que practicar el noble arte de decir la verdad. Pero ojo, esto no valdrá de nada si luego nos somos coherentes con lo que predicamos.

