leía esta semana en el blog de Pilar Jericó un cuento sobre el fracaso. Me pareció muy interesante por el mensaje que encierra:
Un día apareció un caballo en la granja de una aldea.
El dueño de la granja lo cuidó y el caballo se quedó. La gente de la aldea le decía: Qué buena suerte. El respondía: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.
Pasado unos días, el caballo se marchó. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.
Pasada una semana, como le había cuidado muy bien, el caballo regresó con una manada de caballos. La gente de la aldea le dijo al dueño de la granja: “Qué buena suerte”. Y él respondió: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.
Después de unos días, uno de los caballos le dio una coz al hijo del dueño de la granja que le rompió las piernas. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.
Después de dos semanas, los ejércitos de ese país se llevaron a todos los jóvenes a la guerra excepto a su hijo que tenía las piernas rotas… ¿Buena suerte, mala suerte?, se verá.
Hace ya algún tiempo leí el libro titulado La buena suerte, claves de la prosperidad de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes. Un libro ágil y sencillo de leer pero que me impresionó por la potencia de su mensaje. Cuando leía la entrada de Pilar me vino a la cabeza este libro. Uní dos conceptos: buena suerte - fracaso. Suenan muy diferentes, es más, se podría pensar en ellos como antónimos. Pero, ¿de verdad están tan lejos?. Cuando lo pienso recuerdo la historia que siempre cuenta Steve Jobs, determinados sucesos que a priori supusieron un fracaso enorme en su vida fueron la antesala de algo mucho mayor en el futuro.
Por otro lado está la buena suerte. Para mi la muy mal utilizada buena suerte, es más, en ciertas ocasiones me parece un disculpa mediocre para justificar éxitos ajenos. A quién no le suena la expresión: “.. que buena suerte ha tenido fulano ...”.
Lo que me gustó del libro La buena suerte fue precisamente desmontar este mal uso que se le suele dar a la palabra. La buena suerte está en cada uno de nosotros y somos nosotros los que le damos forma cada día. Nosotros somos los responsables de diseñarla y construirla. Lo inteligente estriba en saber sacar provecho de los fracasos para desde ellos poder construir la buena suerte. Y que las cosas salgan según nuestros planes no siempre es tarea fácil, necesitaremos de la persistencia. Lo bueno no suele caer del cielo y tampoco suele aceptar atajos.
El cuento sobre el fracaso que relataba Pilar hace que me plantee un par de preguntas: ¿realmente existe la mala suerte? o ¿una vez más hemos creado una palabra cuyo significado oculta nuestra incompetencia?.
Buena suerte, mala suerte, éxito, fracaso no son más que diferentes formas de camuflar la realidad. Lo que sucede, sucede por algo, y lo que debemos saber es hasta que punto incidimos en los acontecimientos que nos rodean. El resto son sólo cuestiones etimológicas.
