trabajo
cuando lo de irse de vacaciones es cuestión de horas, parece que las pilas apuran la reserva. Me recuerda esto a los consejos que dan para cargar las baterías de cualquier aparato: deja que la batería se descargue de todo, para volver a cargarla hasta el tope. Si este proceso no se hace correctamente, la batería se ceba, lo que significa, que cada vez tendrá menos autonomía.
El proceso de carga de estas baterías me recuerda a cómo funcionamos nosotros y nuestra autonomía a la hora de trabajar. Durante los procesos de actividad consumimos una gran cantidad de energía, cuando descansamos es cuando recargamos esa energía consumida. Hay dos tipos de procesos de recarga: los de carga de mantenimiento (fines de semana, horas libres, festivos, dormir, ...) y los de carga estructural (vacaciones, puentes largos, ...). Si la batería sólo funciona con cargas de mantenimiento, provocaremos que ésta se cebe y pierda la autonomía emocional. Si los procesos de descarga y carga no son óptimos, también acabaremos cebando la batería.
Observar es una actividad muy interesante, y estos días, mientras esperaba a mis ansiadas vacaciones, me he dedicado a observar a aquellos compañeros y amigos que se incorporan a sus puestos de trabajo. Sus caras, gestos y palabras son el mejor indicador del estado de carga de estas baterías.
Nos pasamos todo el año trabajando. Los maestros en el uso de las baterías son capaces de desconectar cuando se van a casa, de esta manera recargan pilas y les ayuda al día siguiente para poder rendir al máximo. Estas personas también son capaces de disfrutar de sus vacaciones sin que la rutina diaria invada su tiempo de descanso.
Pero el número de personas que desatiende las instrucciones de uso de las baterías crece constantemente y eso tiene un precio muy alto. Cuando vamos por la vida sin batería, es mucho más probable que nos equivoquemos, quizás nos sea mucho más complicado poder disfrutar de nuestro trabajo, nos va a resultar realmente difícil no entrar en la curva de rendimientos decrecientes, probablemente la toma de decisiones se vea enturbiada por todo una serie de emociones y filtros muy alejados de la realidad, las relaciones con los nos rodean se pueden complicar si el estado de ánimo bajo mínimos, ...
Me encuentro en ese momento donde las baterías ya parpadean y pitan, quizás sea por la proximidad de las vacaciones de verano. El caso es que este año he decido seguir los consejos de los fabricantes y voy a hacer una carga correcta de mis baterías. He intentado descargarlas al máximo y ahora voy a intentar cargarlas al máximo. Durante tres semanas utilizaré el tiempo para descansar la mente y cansar el cuerpo. Utilizar el tiempo de relax para pensar un poco más en mí, reflexionar sobre mi persona, leer y tratar de aprender de todo lo que me rodea.
Espero que estos días disfrutes de tu tiempo y recapacites sobre tus baterías .... no vaya a ser que nos estemos cebando
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cuando era pequeño mis padres nos solían llevar a mis hermanos y a mi a la playa. Recuerdo aquellas horas interminables después de comer en las que había que hacer la digestión para evitar así los cortes de digestión. Pero como niños que éramos no podíamos evitar llenar esas horas de espera con juegos. Recuerdo con especial cariño la construcción de castillos mientras subía la marea para evitar que el mar inundase nuestras fortalezas. Era la manera que teníamos de parar el tiempo, pero al final el tiempo no se paraba y nuestra fortaleza siempre se veía invadida por el agua.
Desde muy niño aprendí que el tiempo no se detiene y que la naturaleza tiene unas reglas que nadie puede saltarse. Las cosas suceden tal y como dicta la madre naturaleza. En mi camino hacia la madurez un montón de hechos vinieron a confirmarlo. Ríos desviados de su curso natural que reclamaban su camino, terremotos que nos recordaban lo frágil que es nuestro mundo, olas gigantes que se llevaban por delante toda nuestra civilización, ... Las reglas de la naturaleza me fueron demostrando que hay unas normas del juego no escritas que trascienden al propio ser humano.
Estas normas, a otra escala, se replican en todos los sistemas de los que estamos rodeados y de los que formamos parte: nuestros círculos de amigos, la comunidad de vecinos, el equipo al que apoyamos, el deporte que practicamos, la familia a la que pertenecemos, nuestro cuerpo, ... Todos estos sistemas poseen sus propias leyes. Leyes que no están escritas pero determinan el equilibrio y funcionamiento de todos los sistemas.
La empresa es otro sistema que tiene sus propias reglas, y al igual que en la naturaleza, la familia o nuestro propio cuerpo, saltárselas supone asumir el riesgo de que se pierda el equilibrio natural. Reglas no escritas en ningún manual de cultura corporativa, reglas que no se definen en las políticas de las organizaciones, reglas que dictaminan el orden del sistema empresarial ajenas a los deseos de los miembros de la empresa.
Hay una ley implícita en las organizaciones que permanece en el subconsciente colectivo y desafiarla supone correr un gran riesgo. Se trata de un concepto tan viejo como su propio nombre: la antigüedad. Pensemos en un proyecto cualquiera. Desde el primer momento hay una serie de personas que son las que hacen posible que éste salga adelante con mucho esfuerzo y dedicación. Son las personas que fijan las bases del sistema. Con el paso del tiempo, y a medida que el proyecto madura, hay gente que va y que viene, pero sin duda el que permanece desde el principio posee una experiencia y conocimiento que suponen un extra sobre el resto. En algunas organizaciones, durante estas idas y venidas, aparecen lo que yo llamo los paracaidistas. ¿Y qué son los paracaidistas?, como su propio nombre indica, son aquellas personas que caen del cielo y aparecen en un lugar en el que no estaban para empezar a interactuar con el entorno o sistema. Los paracaidistas suelen ser esos fichajes estrella que se incorporan a las organizaciones como los mesías o salvadores que van a llevar a la organización por el buen camino.
La incorporación de esta figura supone incumplir esa norma que poseen los sistemas empresariales relativa a la antigüedad de sus miembros. Estas incorporaciones son sumamente críticas ya que no consideran aptas a las personas que hay en la empresa. Es una manera implícita de reconocer su mediocridad y falta de talento. Es una manera de desaprovechar “los recursos” con los que cuentan las compañías. Es una manera de decirle a la gente que está, que no se cuenta con ella, que no tienen posibilidades de ascender, de desarrollarse, ya que ante cualquier oportunidad siempre tendrán preferencia “los de fuera”. Qué triste!!!.
Ya sabéis lo peligroso que es generalizar, y siempre hay excepciones, pero sin duda este tipo de medidas suponen una gran desmotivación para los equipos, supone un freno y además un auténtico lastre para el propio paracaidista. Éste, cuando se incorpora, se va a encontrar un equipo desmotivado, desalentado, falto de esperanza y resignado, dispuesto a ponerle las cosas muy difíciles al propio paracaidista. Los miembros del equipo que tengan más opciones de movilidad optarán por marcharse al considerar que no se les tiene en cuenta, aquellos que no tengan opciones de marcharse se quedarán, pero se quedarán con los ánimos por los suelos.
¿Por qué existen los paracaidistas?. Yo creo que existen por la dejadez y falta de imaginación de aquellos que deben diseñar planes de sucesión solventes, por aquellos que deben seleccionar potencial, por aquellos que no apuestan por la polivalencia, por aquellos que deberían definir planes de formación potentes y adecuados, por aquellos que sólo ven la rentabilidad a corto plazo olvidando que las cosas suceden a largo, por aquellos que creen que lo de fuera es siempre mejor que lo de dentro.
A los responsables de este tipo de actos me gustaría recordarles que hay unas leyes no escritas y que cuando se incumplen entramos en una zona de riesgo. Una vez dentro de esta zona de riesgo, deshacer el entuerto es mucho más difícil que actuar con responsabilidad desde el principio.
Parece mentira que esto suceda. Sólo le tienes que preguntar a un niño lo que ocurre cuando sube la marea. Él te podrá contar cómo los castillos siempre se inundan, que la cosas suceden como las leyes de la naturaleza dictan, y que por mucho que te esfuerces en levantar muros, en hacerlos más gruesos, en cavar fosos para evitar el envite de las olas, al final el castillo siempre se inunda.
... estoy un tanto preocupado. Mi preocupación se debe a determinadas ideas que circulan por nuestro entorno con total libertad e impunidad. Supongo que son modas, y como tales, acabarán pasando, pero en este caso, por muy pasajeras que sean, habrá mucha gente que se verá influenciada por ellas...
Vivimos en el presente olvidando lo ya pasado. Pero la historia es una fiel compañera de viaje que está ahí para recordarnos que las cosas no siempre fueron así. Y eso nos debe servir para poner en valor lo que tenemos y apreciar lo que nos ha tocado vivir como si de un regalo se tratase.
No hace mucho tiempo, el poder escoger una profesión no era más que un sueño al alcance de unos pocos afortunados. Las profesiones pasaban de padres a hijos sin que existiese la libertad de poder dedicarse a lo que a uno realmente le gustase. Es más, esa posibilidad no existía y la gente vivía ajena a esa maravillosa faceta de la libertad. Desde no hace tantos años esto ya no es así. La sociedad ha evolucionado y nos ha transportado a un presente donde la gente esta dotada de la capacidad para poder escoger aquello que más le gusta, libre de ataduras del pasado, libre de cortapisas que le obliguen a vivir un destino ajeno a sus propios deseos. Sin duda un gran paso adelante.
En estos momentos de la historia surgen términos como el de vocación. Una vocación que podríamos definir como nuestros sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira, en definitiva, la expresión de nuestros valores. Apliquemos esta definición al trabajo y nos daremos cuenta de lo que significa poseer una vocación profesional.
Volviendo al inicio de la entrada del post, y a la vista de las evidencias planteadas, lo que me preocupa es que hayamos olvidado nuestra historia y centremos nuestras preocupaciones en cuestiones más banales y carentes de sentido, que al convertirse en corrientes de pensamiento, poco ayudan a aquellas personas, que en la difícil tarea de orientar sus vidas profesionales, sean aconsejadas lejos de todo lo expuesto anteriormente. Os pongo un ejemplo:
Participaba en un foro de empleo hace unas semanas. En este foro se nos hizo una entrevista para una cadena de televisión local. La entrevista versaba sobre las tres típicas preguntas que se les suele hacer a los candidatos en los procesos de selección. Mi respuesta fue contundente: no creo que haya preguntas típicas, así como no creo que haya respuestas acertadas. Es un poco más complejo. Se trata de que el candidato acuda a la entrevista tranquilo, sabiendo a la perfección cómo es, qué es lo que realmente le gusta, teniendo claro que si esto es así todo lo demás fluirá. Tratar de preparar una entrevista aprendiendo preguntas tipo, lo único que transmite es la falta de frescura y originalidad que tanto gusta observar cuando estás en frente de un candidato.
Internet está lleno de consejos: que si dar la mano así, que si sentarse de esta manera, que si llevar determinada ropa, .... tópicos, tópicos y más tópicos. La gente busca recetas rápidas que le ayuden a conseguir un objetivo cortoplacista: incorporarse a un puesto de trabajo. Y yo me pregunto, ¿y luego qué?. Se puede engañar en una entrevista de trabajo y conseguir el objetivo, pero de nuevo me vuelvo a preguntar, ¿a quién se engaña, al entrevistador o al propio candidato?.
El contenido de la entrevista con este canal de televisión me dio la sensación, una vez más, de buscar recetas rápidas encaminadas a saciar la ansiedad normal que tienen los candidatos ante cualquier proceso de selección. Creo que en vez de hablar de tópicos deberíamos enfocar más este tipo de discursos hacía conceptos como el de la vocación. ¿Que quieres ser?, ¿has estudiado algo que realmente te apasiona?, ¿qué es lo que se te da bien?, ... Más que hablar de apretones de mano y cuestiones por el estilo, deberíamos ayudar a la gente a que encuentre sus vocaciones, a que reflexione sobre sus puntos fuertes y a que enfoque su búsqueda en esta dirección.
Cuando alguien se sienta ante un entrevistador y todo esto lo tiene claro transmitirá una imagen que ningún “apretón de manos” podrá superar. Creo que es momento de que recojamos el guante que nos ha servido la historia, y disfrutemos de esa joven libertad que tenemos para dedicarnos a lo que más nos guste.
últimamente me paso el día comprobando que responde la gente a la pregunta: ¿qué tal en tu trabajo?. Las respuestas siempre son muy variopintas, pero siempre oscilan entre bien o mal; así de crudo. La gente que me responde que bien, me lanza un mensaje de optimismo, me apetece estar con ellos y hablar. Pero siempre me intereso más por quien me dice que mal (debe ser por deformación profesional;-)). La verdad es que siempre me ha llamado la atención.
En base a este sencillo experimento, sentí la necesidad de ampliar el espectro del estudio. Ahora me interesa saber quién asocia el trabajo con un mal necesario, y quien lo asocia a algo bueno. Al analizar los resultados siempre compruebo que hay mucha gente, más de la que debiera, que asocia el trabajar con algo malo, como algo que hay que hacer porque no queda otro remedio. Piensa en cuanta gente conoces que piensa en el trabajo como algo negativo ...
Buceando para encontrar una explicación a esta respuesta, llegó a mis manos una evidencia que me permitió entenderla un poco mejor. Se trataba de un libro de texto de un estudiante de 3º de ESO. Era el libro de Geografía y Ciencias Sociales, de la editorial Anaya. En la página 53 de este libro había un capítulo que se titulaba: “Las condiciones laborales”. Sólo os voy a transcribir un par de párrafos para que podáis entender mi historia.
“ En la actualidad, las condiciones laborales están marcadas por dos trazos:
- El deseo de las empresas de ser competitivas las lleva a sustituir la contratación fija por la contratación temporal y a tiempo parcial, con el consecuente aumento de la inestabilidad laboral.
- Las nuevas tecnologías exigen la posesión de habilidades relacionadas con la comunicación y el manejo de la tecnología informática; y permiten la descentralización laboral, es decir, trabajar casi desde cualquier lugar, lo que incrementa el trabajo en el propio domicilio. Este hecho disminuye el contacto humano entre los trabajadores y permite un mayor control del trabajo para la empresa. ”

Cuando lo leí, entendí los resultados de mi “estudio”. A la gente le hacemos entender desde bien pequeñitos lo que tienen que pensar acerca del trabajo. Trabajando esta idea desde tan pequeños hace que pase a formar parte de sus creencias. Si adicionalmente a este “trabajo”, seguimos reforzando esta creencia cuando el niño llega a casa, es evidente que la reafirmación hará que esta pase, por méritos propios, al sistema de creencias consolidadas. Sea como sea, la lectura de este párrafo me dejó muy sorprendido y frustrado, y os explico por qué. Cuando alguien asume que el trabajo es algo malo, es evidente que en su trabajo no va dar lo mejor de si mismo. También es evidente que no será feliz. Y las consecuencias de todo ello nos las podemos imaginar cada uno de nosotros.
Además, sabiendo que el trabajo es una parte fundamental de la vida, creer que éste no es algo bueno nos pinta un panorama vital bastante complicado. Por todo ello, consideré este párrafo una aberración hacia la vida en general. Me pareció un mensaje tan anticuado como el modelo educativo, un mal intento de interpretación y una gran falta de respeto hacia la inteligencia. A la vista de las evidencias, me entristece comprobar que seguimos educando como hace 50 años, cuando todos sabemos que las cosas han cambiado bastante. Seguir lanzado este tipo de mensajes no ayuda a la gente a ser feliz. Dejemos que la vida de cada persona sea el camino que le permita entender qué es el trabajo. Dejemos que cada uno llegue a sus propias conclusiones simplemente invitándolo a pensar. Pensemos todos un poco sobre el tema ....

