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talento

 el pasado fin de semana pude disfrutar por segunda vez en mi vida del maravilloso espectáculo que ofrece el Circo del Sol. Hace dos años pude ver Alegría, el pasado viernes Varekai. Para mi, Varekai ha venido a confirmar lo que vi en Alegría: el circo hecho arte.


Se ha escrito mucho sobre el Circo del Sol, pero no deja de llamarme la atención como esta empresa ha sido capaz de reinventar un sector de capa caída y lo ha convertido en algo nuevo. El ejercicio esta lleno de mensajes y lecturas de las que las empresas deberían tomar ejemplo: definición de producto, atención al cliente, gestión de la diversidad, marketing, gestión del talento, desarrollo profesional, trabajo en equipo y muchas otras cuestiones que quedan patentes desde el momento en el que accedes al recinto.

Un Circo que ha desarrollado diferentes tipos de espectáculos, de manera que puede ofrecer simultáneamente en todo el mundo actuaciones totalmente originales y diferentes. Así evita el aburrimiento y garantiza la atención de su público para que cada vez que acude a una ciudad se pueda disfrutar de un nuevo show. En cada uno de éstos se ofrece una temática diferente aderezada por actuaciones espectaculares en las que llama la atención la mezcla de razas y culturas de una manera armoniosa. La puesta en escena destaca por el cuidado del más mínimo detalle (música, luz, vestuario, escenario, equipamiento, ...).


Quizás por deformación profesional lo que más me impresionó fue todo lo referente a la gestión de las personas. Un espectáculo en el que el talento está presente desde el primer segundo. El trabajo de todos y cada uno de sus componentes tiene sentido y aporta valor al producto final. Nadie destaca por encima del resto, el colectivo está por encima de los nombres propios y es imposible identificar a un individuo como estrella. Minusválidos, niños, mujeres, hombres, altos, bajos, guapos, feos; todos son iguales, todos hacen cosas extraordinarias. Al salir del Circo los comentarios de la gente sólo son halagos al producto, en el que se comenta qué actuación ha sido la mejor.


Cuando comparo todo ello con lo que, por desgracia, nos seguimos encontrando en muchas empresas vienen a mi mente el falso ego, el liderazgo rancio y obsoleto, los reinos de taifas o el interés individual frente al colectivo que se sigue fomentando en muchas organizaciones. Todas estas cosas convierten a nuestras empresas en esos circos de antaño, aquellos a los que me llevaban mis padres y olían a excrementos. 

El Circo del Sol es un claro ejemplo de que las cosas se pueden hacer de otro modo, y lo que es mejor aún, ese modo de hacer las cosas es más rentable. Si no lo has visto, te lo recomiendo, y si tu empresa es uno de esos circos de antes, te recomiendo que le regales a tu consejero delegado una entrada para ver el Circo del Sol.

 Cameron Anderson es profesor de comportamiento organizacional y relaciones industriales en la Universidad de Berkeley y es bien conocido por sus diferentes estudios en todo lo relacionado con el comportamiento humano dentro de las empresas. Entre algunos de sus estudios destaca "Power, optimism, and risk-taking" (Poder, optimismo y toma de decisiones). En este estudio, Anderson habla de como una característica como el optimismo es clave en todas aquellas personas que ostentan posiciones de poder. Esto se debe a que este optimismo les permite ver las cosas de un modo más sencillo, lo que les ayuda a la hora de tomar decisiones de mayor riesgo.

En el último estudio de Anderson, realizado con uno de sus estudiantes, Gavin Kilduff, se sigue profundizando en el concepto de liderazgo y algunas de sus características. El estudio resulta sumamente curioso y esta lleno de lecturas muy interesantes. Éste se titula: Why do dominant personalities attain influence in groups? (por qué las personalidades dominates logran el poder en los grupos?). En este estudio se demuestra como aquellas personas con una gran dominancia, es decir, aquellos que son más asertivos y tienen más carácter, son las personas que más se desarrollan profesionalmente, incluso siendo unos incompetentes.


Para llevar a cabo este estudio se diseñaron dos grupos de trabajo a los que se les asignaba una misión relacionada con el cálculo matemático. A su vez se tenían las notas de matemáticas de todos los participantes en el estudio. Durante el proceso, los grupos fueron grabados en vídeo para al final del mismo ser evaluados por unos observadores ajenos al grupo y los propios miembro de cada equipo debían poner una nota a sus compañeros (totalmente anónimo).

Los grupos fueron diseñados para comprobar si aquellas personas que más intervenían eran realmente las que más tenían que ofrecer. El resultado fue sorprendente. Las personalidades dominantes dieron respuestas el 63% de las veces, mientras que los menos dominantes lo hicieron sólo en un 36% de las ocasiones. Las puntuaciones, tanto de los observadores como del resto del grupo, juzgaron a las personas más directas como las que tenían mayor inteligencia y los mejor capacitados como líderes, entre otras cosas. Se comprobó la correlación de estas puntuaciones con las notas en matemáticas de cada uno de ellos y el resultado demostró que aquellos que más habían participado, y por lo tanto mayor puntuación habían obtenido, no eran los que tenían las mejores cualificaciones en matemáticas.

 

De los resultados del estudio Anderson comentaba: “Lo que nos ha sorprendido es la fuerza de los efectos que hemos observado”. “La gente dominante se mostraba muy segura de sus habilidades, aunque no fueran más competentes que los demás”. “Sí, la confianza y la habilidad van muchas veces unidas. Las personas con talento suelen exhibir más confianza en sus opiniones e ideas”. “Otras veces, la confianza y la habilidad están relacionadas a medias y, otras, incluso no tienen nada que ver”.

 

La primera impresión siempre es importante, pero dejarse llevar por ella o por una apariencia de confianza puede ser una mala idea, ya que detrás de esa seguridad puede que no haya habilidades ni condiciones para dirigir.

 

Los resultados del estudio apuntan un nuevo reto en la gestión de personas. Saber ver el talento “mudo” de las organizaciones y sacarlo a la superficie. Ambas tareas resultan de suma importancia ya que de lo contrario estaremos desperdiciando lo que luego nos resulta tan difícil encontrar. 

cuando era pequeño mis padres nos solían llevar a mis hermanos y a mi a la playa. Recuerdo aquellas horas interminables después de comer en las que había que hacer la digestión para evitar así los cortes de digestión. Pero como niños que éramos no podíamos evitar llenar esas horas de espera con juegos. Recuerdo con especial cariño la construcción de castillos mientras subía la marea para evitar que el mar inundase nuestras fortalezas. Era la manera que teníamos de parar el tiempo, pero al final el tiempo no se paraba y nuestra fortaleza siempre se veía invadida por el agua.

Desde muy niño aprendí que el tiempo no se detiene y que la naturaleza tiene unas reglas que nadie puede saltarse. Las cosas suceden tal y como dicta la madre naturaleza. En mi camino hacia la madurez un montón de hechos vinieron a confirmarlo. Ríos desviados de su curso natural que reclamaban su camino, terremotos que nos recordaban  lo frágil que es nuestro mundo, olas gigantes que se llevaban por delante toda nuestra civilización, ... Las reglas de la naturaleza me fueron demostrando que hay unas normas del juego no escritas que trascienden al propio ser humano. 

Estas normas, a otra escala, se replican en todos los sistemas de los que estamos rodeados y de los que formamos parte: nuestros círculos de amigos, la comunidad de vecinos, el equipo al que apoyamos, el deporte que practicamos, la familia a la que pertenecemos, nuestro cuerpo, ... Todos estos sistemas poseen sus propias leyes. Leyes que no están escritas pero determinan el equilibrio y funcionamiento de todos los sistemas.

La empresa es otro sistema que tiene sus propias reglas, y al igual que en la naturaleza, la familia o nuestro propio cuerpo, saltárselas supone asumir el riesgo de que se pierda el equilibrio natural. Reglas no escritas en ningún manual de cultura corporativa, reglas que no se definen en las políticas de las organizaciones, reglas que dictaminan el orden del sistema empresarial ajenas a los deseos de los miembros de la empresa. 

Hay una ley implícita en las organizaciones que permanece en el subconsciente colectivo y desafiarla supone correr un gran riesgo. Se trata de un concepto tan viejo como su propio nombre: la antigüedad. Pensemos en un proyecto cualquiera. Desde el primer momento hay una serie de personas que son las que hacen posible que éste salga adelante con mucho esfuerzo y dedicación. Son las personas que fijan las bases del sistema. Con el paso del tiempo, y a medida que el proyecto madura, hay gente que va y que viene, pero sin duda el que permanece desde el principio posee una experiencia y conocimiento que suponen un extra sobre el resto. En algunas organizaciones, durante estas idas y venidas, aparecen lo que yo llamo los paracaidistas. ¿Y qué son los paracaidistas?, como su propio nombre indica, son aquellas personas que caen del cielo y aparecen en un lugar en el que no estaban para empezar a interactuar con el entorno o sistema. Los paracaidistas suelen ser esos fichajes estrella que se incorporan a las organizaciones como los mesías o salvadores que van a llevar a la organización por el buen camino. 

La incorporación de esta figura supone incumplir esa norma que poseen los sistemas empresariales relativa a la antigüedad de sus miembros. Estas incorporaciones son sumamente críticas ya que no consideran aptas a las personas que hay en la empresa. Es una manera implícita de reconocer su mediocridad y falta de talento. Es una manera de desaprovechar “los recursos” con los que cuentan las compañías. Es una manera de decirle a la gente que está, que no se cuenta con ella, que no tienen posibilidades de ascender, de desarrollarse, ya que ante cualquier oportunidad siempre tendrán preferencia “los de fuera”. Qué triste!!!.

Ya sabéis lo peligroso que es generalizar, y siempre hay excepciones, pero sin duda este tipo de medidas suponen una gran desmotivación para los equipos, supone un freno y además un auténtico lastre para el propio paracaidista. Éste, cuando se incorpora, se va a encontrar un equipo desmotivado, desalentado, falto de esperanza y resignado, dispuesto a ponerle las cosas muy difíciles al propio paracaidista. Los miembros del equipo que tengan más opciones de movilidad optarán por marcharse al considerar que no se les tiene en cuenta, aquellos que no tengan opciones de marcharse se quedarán, pero se quedarán con los ánimos por los suelos.

¿Por qué existen los paracaidistas?. Yo creo que existen por la dejadez y falta de imaginación de aquellos que deben diseñar planes de sucesión solventes, por aquellos que deben seleccionar potencial, por aquellos que no apuestan por la polivalencia, por aquellos que deberían definir planes de formación potentes y adecuados,  por aquellos que sólo ven la rentabilidad a corto plazo olvidando que las cosas suceden a largo, por aquellos que creen que lo de fuera es siempre mejor que lo de dentro.

A los responsables de este tipo de actos me gustaría recordarles que hay unas leyes no escritas y que cuando se incumplen entramos en una zona de riesgo. Una vez dentro de esta zona de riesgo, deshacer el entuerto es mucho más difícil que actuar con responsabilidad desde el principio. 

Parece mentira que esto suceda. Sólo le tienes que preguntar a un niño lo que ocurre cuando sube la marea. Él te podrá contar cómo los castillos siempre se inundan, que la cosas suceden como las leyes de la naturaleza dictan, y que por mucho que te esfuerces en levantar muros, en hacerlos más gruesos, en cavar fosos para evitar el envite de las olas, al final el castillo siempre se inunda.

 

por no perder la costumbre sigo con mi monográfico sobre la crisis. La verdad es que estos días leer la prensa y hablar con gente de diferentes sectores y empresas me hace pensar mucho sobre el tema. Siempre he creído que en los malos momentos es cuando se demuestra el verdadero talento y que lo que no te “mata” te hace más fuerte. Sin duda en estos días convulsos que nos toca vivir es cuando los departamentos de recursos humanos deben demostrar que realmente son unos aliados estratégicos. Por nosotros pasan buena parte de las soluciones y ahora más que nunca es cuando debemos ser los mayores defensores y valedores de la cultura de la empresa.

En más de una entrada he hablado de la confianza y la coherencia en las políticas de recursos humanos. Estos momentos son los mejores para afianzar estos valores fundamentales y demostrar a la organización, y a los profesionales que la conforman, que lo que hacemos y decimos es verdad. Llenarse la boca de grandes promesas y palabras cuando las cosas van bien no sirven de nada si cuando viene un revés hacemos todo lo contrario.

Estos días The Economist publicaba un artículo titulado “Generation Y goes to work”. En este interesante artículo se habla de cómo el porcentaje de paro se incrementa cada día hacia cifras que para los recién incorporados al mercado de trabajo (generación Y) resultan totalmente desconocidas. Para ellos se trata de una situación desconocida hasta el momento. Esta realidad provoca que muchas empresas dificulten el desarrollo profesional para estos nuevos profesionales haciendo que su grado de frustración se incremente notablemente. Por otro lado, el panorama tan gris que se nos presenta en los próximos meses hace que se adopten comportamientos más restrictivos, lo que se aleja de lo que la generación Y valora como un gran activo: entornos de trabajo flexibles, más abiertos y colaborativos.

A todo esto es a lo que me refería al principio de la entrada. Una determinada situación hace que se ponga en duda todo aquello de lo que se ha presumido y sacado pecho durante los años de bonanza. De repente se ha olvidado todo lo bueno que esos entornos de trabajo aportaban a la empresa, y lo mucho que influía en la marca como empleador de muchas compañías a la hora de atraer y retener el talento. Da la sensación de que en épocas de crisis no hay talento que valga. El compromiso se ha roto y aquí sólo vale el sálvese quien pueda. Se permite que los buenos se vayan pensando en objetivos cortoplacistas de maximizar el beneficio .... y la verdad, es que tengo mis dudas de que así sea.

Por contra creo que es en estos momentos cuando más comprometidos deberíamos estar con el talento. Estos días son los mejores para fidelizar el talento que poseemos y a través de estos comportamientos responsables y éticos atraer todo el talento que podamos. Sin duda son su cualidades y habilidades las que mejor nos equiparán para poder salvar la crisis con nota. Desperdiciarlo es estar dispuestos a quedarse a la deriva ante una situación que no sabemos cuanto va a durar y cual va a ser la profundidad que va a tener.

No creo que sirva de nada bajar los brazos y actuar sin iniciativa. Es en estos momentos cuando desde las direcciones de personas debemos ayudar a fortalecer el compromiso con el talento. Él nos salvará de los imprevistos y los cisnes negros que están por venir.

 Siempre estamos a vueltas tratando de definir el dichoso talento. Para mi la mejor definición que se ha hecho de este concepto es la que en su día nos regalo Dave Ulrich: El talento es el producto de la capacidad por el compromiso. Hoy toca hablar del compromiso.

¿Por qué nos comprometemos?, ¿por qué decidimos permanecer en una empresa?, ¿por qué estamos dispuestos a renunciar a dinero, poder, posición, ... por el mero hecho de permanecer en el mismo grupo?. Una vez más el genial Punset nos hace bucear en la psicología  social para dar una respuesta a estas preguntas. 




De lo visto en el último programa de redes saco mis conclusiones que comparto con vosotros:

 

La misión del ser humano es la de sobrevivir, esa es la base de nuestra existencia y sobre la que basamos todos nuestros actos y  diseñamos nuestras estrategias de comportamiento. El ser humano lo tuvo muy claro desde el primer momento: sólo con un grupo podré conseguir sobrevivir más  tiempo en la sabana. ¿El precio?: compartir lo mejor de mi para poder hacerme una reputación en el grupo, que de esta manera el grupo confíe en mi y poder establecer los relaciones y alianzas que más me ayuden a conseguir la ansiada supervivencia. Así de sencillo. Como solos no éramos capaces de hacer frente a nuestro entorno consideramos que unidos en grupo sería mayor la posibilidad de resistir al mismo.

 

Y desde los tiempos de la sabana a nuestros días las cosas ha cambiado mucho, pero si algo permanece en nuestro código genético grabado a fuego, es la necesidad de sobrevivir. Y el precio sigue siendo el mismo: utilizar nuestra identidad social para conseguir del grupo lo que más necesitamos. ¿Y cómo lo conseguimos?. Nuestra identidad social sabe que ser generosos es la mejor manera de crearse una buena reputación que acepte el grupo. Somos altruistas porque sabemos que si damos al grupo también recibiremos de él cuando nosotros lo necesitemos. El altruismo se erige como la mejor estrategia sobre la que construir la necesaria confianza. Cuando somos generosos todo el mundo quiere hacer tratos con nosotros, eso nos beneficia a largo plazo y mejora nuestra posición en la carrera de la supervivencia.

 

Conociendo todo esto resulta más sencillo entender como funcionan las empresas y las personas que las conforman. Las empresas no dejan de ser como los grupos de caza de antaño. Su objetivo esta claro; sobrevivir. Pero la evidencia nos ha demostrado que hay empresas que sobreviven mucho más tiempo que otras. ¿Por qué?. Pues con toda la información anterior no resulta difícil concluir que aquellas que perecen primero seguramente es porque los miembros que la conforman tienen en mente maneras diferentes de obtener la supervivencia. Es necesario que todos apuntemos al mismo sitio, que todos sepamos cual es el objetivo y que todos compartamos la forma en la que lo tenemos que conseguir. Si alguno de estos pasos se quiebra el resultado final es sólo cuestión de tiempo.

 

Para que todo esto suceda necesitamos la confianza y cohesión del grupo. O lo que es lo mismo, necesitamos compromiso. Sólo cuando tenemos todo esto es cuando consideramos que el grupo al que pertenecemos es el mejor posible, y por lo tanto, no lo abandonaremos muy a pesar de las circunstancias externas.

 

Necesitamos el compromiso para poder sobrevivir. Nuestros antepasados se comprometieron, se unieron, lucharon juntos y llegaron hasta nuestros días. Creo que no hay duda de que si esta estrategia ha funcionado durante tanto tiempo no va a dejar de hacerlo ahora.