salario
sé el peligro que se corre cuando se generaliza, pero a continuación os voy a contar una reflexión sabiendo que siempre hay excepciones y casos que pueden desmontar la idea. Aún a riesgo de ser imprudente, creo que el planteamiento nos puede ayudar a pensar sobre el tema.
Pensemos en el supuesto de que una persona se debate entre dos ofertas económicas para incorporarse a un puesto de trabajo en empresas diferentes. Por un lado la empresa A ofrece un salario de 100, la otra opción la presenta la empresa B cuya oferta económica es de 50. A primera vista cualquiera se decantaría por la oferta de la empresa A. Mayor salario siempre parece la mejor opción. Pero detrás de todo esto se esconde una realidad que es bien diferente.
Partiendo de que ninguna empresa es “tonta”, a priori ambas ponen un valor a la formación, experiencia, cualidades, ... del candidato, y es muy probable que ambas valoraciones están en un entorno muy similar, pongamos por ejemplo 75. Sabiendo esto, ¿qué es lo que se esconde detrás de ambas ofertas?. En en el caso de la empresa A, esa inflación salarial responde a la asunción de que hay una serie de carencias que obligan a hacer una oferta superior para poder atraer a los profesionales que se necesitan. Esas carencias pueden responder a una carrera profesional limitada, un clima laboral no muy bueno, posibilidades de formación limitadas, ... Por contra, la oferta de la empresa B es inferior a la valoración de mercado y esto puede significar que dicha oferta recoja otros conceptos más orientados al largo plazo: un plan de desarrollo profesional atractivo, un proyecto de futuro, unos planes formativos robustos y cuantiosos, un buen clima laboral, ...
Planteado el escenario las cosas se ven de otra manera y se puede entender un poco mejor el porqué de ambas ofertas. Una vez están claras ambas opciones es momento de elegir, y esto ya sólo depende del criterio del candidato.
Es una realidad que las cosas han cambiado mucho en las últimas décadas en el mercado de trabajo. Además, la radiografía de la demografía nos conduce de manera inequívoca a un retraso en la edad de jubilación. Esto provoca que la vida laboral de las personas se alargue, lo que significa que la vida profesional deja de ser una carrera de 100 m y pasa a ser una maratón. Hay que tener muy claro cómo queremos correr dicha distancia, ya que si gastamos todas nuestras fuerzas en carreras de 100m, es muy probable que no nos queden fuerzas suficientes para afrontar el resto de la ruta con garantías de éxito. Por contra, tener claro que lo que nos espera es una carrera de larga distancia, nos ayudará a diseñar una estrategia a largo plazo que facilitará la dosificación de la energía que vamos a necesitar. Quemar todas nuestras naves al principio nos puede jugar malas pasadas en el futuro.
Sé que el planteamiento tiene sus excepciones, sé que todos sabemos de un amigo o conocido al que no le ha pasado esto, es más, le ha salido bien. Pero os pido que penséis en todos aquellos casos en el que estas estrategias cortoplacistas han sido un problema en el futuro. Cuando corremos este largo recorrido como si se tratase de un sprint, es muy probable que vayamos perdiendo el aliento a cada poco, esto nos obligará a hacer paradas no deseadas, lo que a su vez nos conducirá a la frustración, a la infelicidad en nuestro trabajo y todo ello nos alejará de nuestro deseo inicial de triunfar.
La vida cada vez se alarga más. Saberlo y actuar en consecuencia nos puede ayudar a tomar mejores decisiones y dar los pasos correctos para tener una vida profesional más placentera.

