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psicología positiva

 

 nuestra sociedad es una oda a la velocidad. Coches que cada día corren más, deportistas que cada día son más rápidos, trenes que cruzan países en tiempo record, aviones que nos ponen en la otra punta del planeta en cuestión de horas, acceso a cualquier información en cuestión de segundos, disponibilidad de casi todo YA. Esa es la realidad, toda una infraestructura que nos garantiza un montón de cosas de manera inmediata.

Pero la velocidad tiene sus efectos adversos: accidentes de tráfico, doping,  jet lag , desinformación, delitos en internet, pero sobre todo, estrés, sensación de que el tiempo no llega, ansiedad. Parece que nos gusta vivir siempre con el agua al cuello, con una sensación constante de no llegar.

A la velocidad se le intentan poner barreras, pero éstas no son suficientes para calmar nuestra ansia por el YA.


Había oído comentar que los buenos pilotos de coches son aquellos que conducen con el acelerador. No pisan el freno, simplemente sueltan el acelerador cuando quieren reducir la velocidad. De esta manera pueden mantener un buen ritmo sin tener que pararse.


¿A qué velocidad vas por la vida?, ¿eres capaz de regular el acelerador o te ves obligado a tener que utilizar el freno?. Los mayores expertos en psicología positiva coinciden en la necesidad de saborear, de disfrutar del momento, de evitar un enfoque excesivo al pasado o al futuro ya que nos pueden hacer olvidar el presente. 

Nuestro gusto por la velocidad es muy curioso, ¿por qué se produce?, ¿quizás queramos llegar muy rápido a un futuro esperanzador que nosotros mismos hemos construido en nuestra mente?, ¿quizás apuramos para rememorar recuerdos pasados?. Sea como sea, es necesario ser muy consciente de los efectos adversos de las prisas. Por utilizar un símil, imagínate en una moto por la autopista a una altísima velocidad. El horizonte se presenta ante ti como líneas de color, líneas que llegan a tus retinas sin tiempo para pestañear. El paisaje se distorsiona, dejas de observar los matices, el conjunto pierde su esencia y es la sensación de velocidad la que manda, tu cuerpo está en tensión y esta tensión impide que te relajes. ¿Cuánto de esto nos pasa en nuestra vida o en nuestro trabajo?. Vamos tan rápido que nos perdemos cosas espectaculares, personas increíbles, conversaciones enriquecedoras y un sinfín de matices que adornan nuestro paisaje diario. Esa velocidad sólo nos permite centrarnos en el yo, olvidando la importancia que tiene el conjunto en nuestras vidas. 

Dicho todo esto, no creo que la velocidad sea mala. Al igual que los buenos pilotos debemos saber cuándo hay que correr y es entonces cuando debemos pisar el acelerador. Debemos saber cuál es la velocidad adecuada, aquella que nos permita observar y disfrutar el paisaje sin que ello nos suponga estar en tensión ....


Si ya lo decía mi abuela ..... “vais como locos!!!”

 trastorno bipolar: es un trastorno del estado del ánimo que cuenta con períodos de depresión repetitivos que se alternan con temporadas de gran euforia. El afectado oscila entre la alegría y la tristeza, de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.

¿Conoces a alguien que se comporte de esta manera?. En las empresas estamos rodeados de muchos comportamientos de este tipo, que sin llegar a considerarse una patología, si que se pueden considerar alteradores de un buen clima laboral. Pero la generación de un mal ambiente de trabajo es sólo el resultado de este tipo de comportamientos, lo realmente preocupante se encuentra en la propia persona, que lejos de ser el causante de momentos de tensión, se convierte en la mayor víctima de este tipo de comportamientos.  Si se hace una lectura en términos de productividad, la bipolaridad lleva de lo excelente a lo malo sin puntos intermedios, lo que suele suponer un resultado final bastante mediocre. La genialidad sin estabilidad no sirve de nada ya que todo lo bueno se puede ver destruido en un sólo segundo.

Leía un relato en el blog de Yoriento que lo explica a la perfección:  

Era un buen rey, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades. Había días que se levantaba exultante y feliz. Esos días parecían maravillosos, los jardines más bellos, los sirvientes amables y eficientes, el rey rebajaba los impuestos, legislaba por la paz y accedía a todas las peticiones de súbditos y amigos. Sin embargo, existían también otros días. Eran días negros. Consciente de estos cambios de humor el rey llamó a todos los sabios, magos y consejeros y les dijo:
-Señores, ustedes conocen mis cambios de humor, todas se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más sufre soy yo porque cada día debo deshacer lo que hice en otro tiempo cuando veía las cosas de otra manera. Necesito que trabajéis juntos para conseguir el remedio (…)
-Majestad, hemos venido a traerte el remedio. Bajando la cabeza le entregaron una cajita de cuero. El rey, esperanzado y sorprendido, la abrió. Dentro sólo había una anillo plateado.
-Gracias, dijo el rey entusiasmado. ¿Es un anillo mágico?
-Ciertamente lo es, respondieron, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en el dedo. Todas las mañanas en cuanto te levantes deberás leer la inscripción que lleva el anillo y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en el dedo. El rey leyó en voz alta:
-Debes saber que esto también pasará.


Leía una entrevista a Matthieu Ricard que daba un buen remedio para este tipo de casos. Ricard habla del desarrollo de algún estilo de fuerza de la mente confiando en que cada uno puede cambiar su propia actitud. Muchas veces nos centramos demasiado en el YO y en el cómo me siento a cada momento. Esto hace de la persona un ser más vulnerable ya que pone el foco en todos los pequeños detalles que le pueden afectar convirtiéndolo en una diana para los acontecimientos adversos. Poner un poco de distancia y abrir la mente se muestran como los mejores remedios.

 

El Dalai Lama cita a menudo una enseñanza de la literatura budista que dice: “si un problema no tiene remedio, cura o solución ¿para qué preocuparse?”. Cuando algo no tiene solución no hay necesidad de preocuparse, porque preocuparse lo único que hace es acrecentar el problema.


Ricard utiliza un símil impresionante para reencuadrar este tipo de comportamientos con otra perspectiva. Tu malestar/enfado es como un puñado de sal. Si lo pones en un vaso de agua, ésta será imposible de beber. Esto es lo que ocurre cuando eres estrecho de miras, cuando sólo te preocupas por ti mismo. Ahora bien, si en vez de ser un vaso de agua te conviertes en un lago, un puñado de sal no alterará el sabor del agua y esta seguirá siendo potable. Para ello sólo debes de abrir tu mente. 

Una gran parte del dolor consiste en pensar “no puedo soportarlo”. La manera de sufrir puede cambiar enormemente en función de tu actitud.


Dicho todo esto, ahora sólo queda ponerlo en práctica ....

 el genial psicólogo de nombre impronunciable, Mihaly Csikszentmihalyi, nos presenta a todos un descubrimiento impresionante que denomina flujo. El flujo se presenta como un estado a través del cual la persona encuentra la auténtica identificación con sus puntos fuertes y le hace avanzar en el desarrollo de su personalidad haciendo que su vida sea mucho más placentera y feliz. Sin duda algo que la mayoría de la gente ha sentido alguna vez en su vida pero que nadie lo había explicado de una manera tan magistral.

En su libro Flow, Una psicología de la felicidad el profesor Mihaly profundiza en el concepto identificando todas aquellas actividades a través de las cuales se puede conseguir el flujo. Una lectura altamente recomendable.


Teniendo claro el concepto, toca preguntarse cómo funciona. A través de un sencillo diagrama, Mihaly explica con gran claridad el funcionamiento de este proceso.

 

Imaginemos una persona que quiere empezar a jugar al tenis. En un principio las habilidades son nulas y el desafío es poder hacer lo más básico. La persona que empieza a jugar encontrará el desafío en poder sacar, poner la bola dentro del campo contrario, .... A medida que entrena, sus habilidades mejoran. Se situará así en un estado de flujo A1. Pero a medida que la persona avanza y mejoran sus habilidades, manteniendo su retos constantes, pronto alcanzará el nivel A2, en ese punto se está fuera del canal de flujo y si nada cambia comenzará el aburrimiento. Si en ese momento escoge un contrincante de nivel superior al suyo el desafío aumenta y pasa del punto A2 al A3. En el punto A3 se sitúa en una situación de ansiedad que no podría ser duradera en el tiempo ya que en ella tampoco disfruta. Si continúa entrenando y mejorando sus habilidades para poder afrontar ese desafío, pronto pasará al nivel A4. De esta manera se vuelve a situar en el canal de flujo. Y así continuamente .... La persona siempre busca el canal de flujo ya que es sólo en este punto donde sus habilidades son adecuadas a sus desafíos y por lo tanto en el único sitio donde la persona disfruta.  La característica fundamental del flujo es que expande nuestra personalidad y nos hace crecer ... eso si, disfrutando.


Ahora traslademos todos estos conceptos al trabajo. Pensemos en ejemplos de personas que se aburren en su trabajo o en aquellas que por el contrario se ven sobrepasadas por la exigencia del mismo. Ambas situaciones indican que estamos lejos de hacer que el profesional disfrute de su trabajo y de lo mejor de si mismo. Conseguir un adecuado equilibrio entre el nivel de desafío y habilidades es donde reside la maximización del potencial de cada persona.


En las organizaciones tenemos personas con un enorme potencial que en algunos casos se ve diluido con el paso del tiempo. ¿De quién es la culpa, de la persona o de los responsables de su desarrollo profesional?. La culpa suele ser de ambos, pero sin duda la mayor parte reside en los responsables del desarrollo profesional al no saber adecuar el potencial a los desafíos y habilidades que la persona tiene en cada momento. Poder sacar lo máximo de cada uno, haciendo que la persona viva en el canal de flujo, es un ejercicio que requiere manejar a la perfección el conocimiento del individuo y los tiempos necesarios en los que adecuar el nivel de habilidades a los desafíos presentes. Si hacemos que la persona se aburra al asignarle funciones inferiores a su nivel de habilidades, o por el contrario le asignamos funciones muy por encima de sus habilidades, estaremos desaprovechando el talento que tan difícil de encontrar resulta hoy en día.

 14':33'' que son un auténtico regalo para los oídos, la imaginación y el sentido común. El discurso de Steve Jobs en un acto de graduación de Standford es genial. Poco hay que comentar pero si mucho que escuchar:

 

 

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Espero lo disfrutéis aquellos que no lo conocíais ... y el resto también Wink.