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generación Y

por no perder la costumbre sigo con mi monográfico sobre la crisis. La verdad es que estos días leer la prensa y hablar con gente de diferentes sectores y empresas me hace pensar mucho sobre el tema. Siempre he creído que en los malos momentos es cuando se demuestra el verdadero talento y que lo que no te “mata” te hace más fuerte. Sin duda en estos días convulsos que nos toca vivir es cuando los departamentos de recursos humanos deben demostrar que realmente son unos aliados estratégicos. Por nosotros pasan buena parte de las soluciones y ahora más que nunca es cuando debemos ser los mayores defensores y valedores de la cultura de la empresa.

En más de una entrada he hablado de la confianza y la coherencia en las políticas de recursos humanos. Estos momentos son los mejores para afianzar estos valores fundamentales y demostrar a la organización, y a los profesionales que la conforman, que lo que hacemos y decimos es verdad. Llenarse la boca de grandes promesas y palabras cuando las cosas van bien no sirven de nada si cuando viene un revés hacemos todo lo contrario.

Estos días The Economist publicaba un artículo titulado “Generation Y goes to work”. En este interesante artículo se habla de cómo el porcentaje de paro se incrementa cada día hacia cifras que para los recién incorporados al mercado de trabajo (generación Y) resultan totalmente desconocidas. Para ellos se trata de una situación desconocida hasta el momento. Esta realidad provoca que muchas empresas dificulten el desarrollo profesional para estos nuevos profesionales haciendo que su grado de frustración se incremente notablemente. Por otro lado, el panorama tan gris que se nos presenta en los próximos meses hace que se adopten comportamientos más restrictivos, lo que se aleja de lo que la generación Y valora como un gran activo: entornos de trabajo flexibles, más abiertos y colaborativos.

A todo esto es a lo que me refería al principio de la entrada. Una determinada situación hace que se ponga en duda todo aquello de lo que se ha presumido y sacado pecho durante los años de bonanza. De repente se ha olvidado todo lo bueno que esos entornos de trabajo aportaban a la empresa, y lo mucho que influía en la marca como empleador de muchas compañías a la hora de atraer y retener el talento. Da la sensación de que en épocas de crisis no hay talento que valga. El compromiso se ha roto y aquí sólo vale el sálvese quien pueda. Se permite que los buenos se vayan pensando en objetivos cortoplacistas de maximizar el beneficio .... y la verdad, es que tengo mis dudas de que así sea.

Por contra creo que es en estos momentos cuando más comprometidos deberíamos estar con el talento. Estos días son los mejores para fidelizar el talento que poseemos y a través de estos comportamientos responsables y éticos atraer todo el talento que podamos. Sin duda son su cualidades y habilidades las que mejor nos equiparán para poder salvar la crisis con nota. Desperdiciarlo es estar dispuestos a quedarse a la deriva ante una situación que no sabemos cuanto va a durar y cual va a ser la profundidad que va a tener.

No creo que sirva de nada bajar los brazos y actuar sin iniciativa. Es en estos momentos cuando desde las direcciones de personas debemos ayudar a fortalecer el compromiso con el talento. Él nos salvará de los imprevistos y los cisnes negros que están por venir.