flujo

¿de dónde vienen los malos humos?

Enviado por rober en Vie, 25/03/2011 - 22:27

¿te suena eso del típico día duro de trabajo en el que llegas a casa de mala leche?. Creo que es algo más común de lo que parece. Esa mala leche surge por algo, y como siempre, los científicos sociales nos ayudan a entender el origen del mal humor. En los años 90, Roy Baumeister y Mark Muraven nos hablaron del “agotamiento del ego”. Nuestro autocontrol y fuerza de voluntad son recursos cognitivos finitos, de manera que su sobreutilización acarrea un agotamiento del ego que lo convierte en cobarde y débil a la hora de afrontar la realidad que le toca. Nuestro día a día hace que vivamos con el piloto automático puesto y eso nos lleva a vivir una vida que a veces no se parece a la que nos gustaría.

 

En el 2007 se realizó un estudio en esta línea que reforzaba las teorías de Roy Baumeister y Mark Muraven. Se disponía un grupo de hambrientos individuos a los que se le ofrecía un sabroso donuts de chocolate. Los científicos le pedían a los participantes que tratasen de reprimir su ansias por comerse aquel delicioso donuts. Pasado un tiempo, los científicos comenzaron a increpar a los participantes. Comprobaron que aquellos que no habían conseguido refrenar sus ansías tenían respuestas mucho más agresivas a los insultos de los científicos. Esto confirma el típico estado de ánimo de la gente que está a dieta o tratando de dejar el tabaco. La necesidad de autocontrolarse agota su ego dejando que las emociones negativas afloren mostrando su peor cara.

 

Estos estudios le dan sentido a la necesidad de ser uno mismo en el trabajo, y en la vida en general. Ser uno mismo suena evidente, pero es increíble comprobar como dejamos de serlo para tratar de comportarnos de otra manera. Esto nos conduce al agotamiento de nuestra esencia, y eso puede resultar peligroso. 

La velocidad de nuestras vidas nos obliga a vivir a un ritmo en el que malgastamos el autocontrol y la fuerza de voluntad, dos recursos necesarios para mantener nuestra homeostasis interior. Derrochamos estos recursos en situaciones poco necesarias, lo que demuestra que el ser humano es un depredador de los recursos finitos. Cada vez que tenemos a nuestro alcance recursos limitados los consumimos hasta agotarlos. Así sucede con el petróleo, los bosques, los océanos,... y por supuesto, con la fuerza de voluntad y el autocontrol. ¿Por qué lo hacemos?, quizás por esas prisas con las que vivimos. Mucho no es sinónimo de mejor. Elegimos y pensamos como maximizadores, lo que nos aparta del equilibrio. Situaciones mantenidas de este tipo de comportamientos tienen situaciones fatales: divorcios, despidos, quiebras,...

 

A lo largo de este blog he escrito muchos posts en los que se hace referencia a la vocación. Realmente esta es la clave para evitar que nuestro ego se agote y nos convierte en nuestras peores versiones. Cuando haces algo con lo que disfrutas es raro que tengas que utilizar el autocontrol y la fuerza de voluntad. Estos bienes están a buen recaudo cuando lo que haces no supone esfuerzo alguno para ti, cuando puedes ser tú mismo, cuando puedes expresar tus ideas y pensamientos. En estas situaciones nuestra fuerza de voluntad y nuestro autocontrol disponen de una tarifa plana. No hay consumo y por lo tanto nuestro equilibrio interior nos conduce con mayor facilidad a sentimientos de bienestar.

Merece la pena dedicarle tiempo a pensar: ¿qué es lo que me gusta?, porque cuando encuentras la respuesta dispones de la llave que abre una de las puertas que conduce al bienestar. 

sobremotivación

Enviado por rober en Dom, 13/03/2011 - 21:03

 

si alguien te dijese que de hoy en una semana tienes que dar un discurso delante de 1000 personas sobre algo que te apasiona, ¿cómo te sentirías?. Estoy seguro de que a la mayoría nos asaltaría el miedo inicial: “¡1000 personas!”. Pero en ese mismo momento nos pondríamos a trabajar en ello para hacerlo lo mejor posible. Practicaríamos una y otra vez el discurso en la intimidad de nuestras habitaciones hasta conseguir el mejor resultado posible. Pero resulta que el día del discurso la presión de las 1000 personas bloquea nuestra voz y hace que el resultado del discurso no sea el mismo que el alcanzado en la habitación de nuestra casa. En este caso, el interés por impresionar a nuestro público es un claro ejemplo de sobremotivación, que en vez de permitirnos dar lo mejor de nosotros mismos, nos conduce a la situación opuesta.

 

Vivimos tiempos de cambio en el terreno de la retribución. El antiguo modelo, en el que mayores incentivos conducían a mejores resultados, ha dejado paso a un modelo que se mueve en sentido contrario: mayores incentivos provocan peores resultados.

Se ha demostrado en repetidos experimentos que tareas rudimentarios se realizan mucho mejor cuanto mayor es el incentivo que se recibe a cambio. Pero cuando las tareas rudimentarias se sustituyen por tareas que supongan el más mínimo uso de funciones cognitivas, la relación es inversa. Los casos de glosofobia, como el descrito en el ejemplo inicial, muestran como un incentivo excesivo puede bloquear nuestra capacidad para conseguirlo, nos aparta de la tarea y nos acerca al incentivo, esto hace que nuestro nivel de atención sea mucho menor, mermando así nuestra capacidad para hacer lo que antes era mucho más sencillo.

 

Otra historia curiosa que nos puede ayudar a entender este tema es la del niño tartamudo: se trataba de un niño con dificultades de habla que un día se coló en el autobús con tan mala suerte que el revisor lo pilló durante su travesura. Éste, al dirigirse al niño pidiéndole el billete, provocó que el niño buscara una manera de escapar del castigo que le esperaba, eso le llevó a pensar: “si tartamudeo seguro que le doy pena y me deja viajar gratis”. Con esta idea en mente comenzó a hablar. En ese mismo momento pudo escucharse a si mismo en un discurso fluido, en el que la tartamudez había desaparecido para dejar paso a un chorro de voz constante. A este niño la sobremotivación por tartamudear le costó el billete de autobús. No se trataba de una tarea rudimentaria, consistía en fingir, en actuar delante de aquel revisor para tratar de ablandar su corazón, y fue precisamente esa presión social la que en este caso jugó el papel de sobremotivador alejando al niño de hacer bien lo que tenía que hacer, aunque esto fuese tan cotidiano para él como tartamudear.

 

Hace ya mucho tiempo que hablamos en este blog del maravilloso descubrimiento que Mihaly Csikszentmihalyi hizo en su día cuando le habló al mundo del “Flow”. Realmente creo que este concepto esconde la solución a muchos de los problemas que tienen que ver con las personas y su situación profesional. El control del binomio: retos/habilidades, es el secreto del camino medio. El que lo encuentra disfruta de sus ventajas y una placentera sensación de bienestar, el que se aparta del camino medio comienza a dar bandazos en búsqueda de un equilibrio que cuanto más se busca, más se aleja.

El caso de la sobremotivación responde a un encarecimiento artificial del reto. Este precio inflacionario deja sin valor a unas habilidades suficientes pero que se han visto relegadas por el excesivo precio de los incentivos.

La búsqueda del equilibrio a la hora de fijar sistemas de incentivos modernos debe tener en cuenta que las tareas cognitivas, cada día más frecuentes en nuestro trabajo, cambian la idea de que cuanto más, mejor. En la nueva ecuación de cálculo existen sentimientos, creencias, expectativas,... que hacen que la búsqueda de una fórmula universal se torne en misión imposible. Cada persona tiene una ecuación distinta. Cuanto mayor sea el grado de personalización del cálculo, mejor será el resultado. Las fórmulas universales buscan una media que molesta, sobre todo, a los que están por encima de ella. Al mismo tiempo, funciona como un sobremotivador para todas las personas que se encuentran por debajo de la media. 

La generalidad se agota, cada día tenemos que aproximarnos más a la persona, conocerla y ser conscientes de sus necesidades y expectativas. Cuanto más cerca estemos de este punto, mayor será nuestra capacidad para diseñar un entorno en el que la persona fluya en un proceso constate de automotivación.

General 

flujo, salario, motivación

realidad virtual

Enviado por rober en Dom, 10/10/2010 - 21:45

biografías inspiradoras, éxitos profesionales, hazañas deportivas, grandes descubrimientos, historias de amor, ... todas tienen algo en común: la fuerza de voluntad y la perseverancia. Puedes escoger la historia del personaje cuyos éxitos te gusten más, léelo y reléelo, te darás cuenta de que en el trasfondo de la historia no se habla de lo listos que son los protagonistas, más bien se habla de trabajo duro y sacrificio, mucho sacrificio. Esto me recuerda el famoso dicho que reza: “el que la sigue la consigue”. La historia ha sido y será de los que lo intentan y trabajan duro por conseguir aquello que quieren. De nada sirve tener habilidades innatas excepcionales si éstas no se trabajan y moldean para perseguir los objetivos deseados. Estoy seguro de que todos tendremos en mente personas con un gran talento natural pero que debido a su falta de constancia y trabajo lo han tirado todo por la borda.

 

La constancia va de intentar, intentar y volver a intentar, para ello hay que entrenar y trabajar durante largos periodos de tiempo. El proceso exige muchas horas de presencia, pero la ciencia nos está demostrando que esta presencia puede adoptar formas diferentes.

Investigadores del departamento de Neurociencia de la Universidad Northwestern han publicado un estudio en Journal of Neuroscience en el que detallan los pormenores de experimentos que demuestran que la práctica excesiva en cualquier actividad puede ser igual de efectiva que la práctica intercalada con periodos de descanso. Durante estos periodos de descanso, los participantes en el experimento eran expuestos a estímulos pasivos relacionados con la tarea objeto del estudio.  

Invertimos gran cantidad de tiempo entrenando para mejorar nuestras capacidades, ya sea para aprender a leer, jugar al tenis o pilotar un avión. En la actualidad asumimos que para mejorar nuestras habilidades tenemos que practicar, pero este estudio nos revela que hay otras vías complementarias para mejorar nuestras capacidades más relacionadas con el pensar que con el hacer. Pero que nadie se piense que ésto exime de practicar, dormir con el libro debajo de la almohada no hará que entendamos lo que contiene.


El psicólogo Stephen Kosslyn ha recibido un gran número de reconocimientos por sus trabajos en el campo de las imágenes mentales, disciplina que estudia cómo nuestra mente reproduce estímulos externos cuando éstos no están presentes. Cuando estamos viendo un objeto hay una parte de nuestro cerebro que está trabajando, cuando cerramos los ojos y nos imaginamos ese mismo objeto, son las mismas partes del cerebro las que funcionan para permitirnos ver en nuestro interior esa misma imagen. Algo similar ocurre cuando soñamos. Hay ocasiones en las que los sueños parecen tan reales que podemos hasta “tocarlos”, nuestra mente es capaz de reproducir sensaciones, emociones, y experiencias sin que nosotros estemos allí.

 

Los trabajos de Kosslyn y los experimentos del departamento de Neurociencia de la Universidad Northwestern abren un nuevo campo al mundo del aprendizaje. 

La dificultad que posee nuestro cerebro para diferenciar la realidad de la ficción nos dota del mejor simulador que nos podamos imaginar. Es precisamente este “defecto de fábrica”, junto con los estímulos necesarios, lo que nos permite practicar sin necesidad de hacer. Visualizar y repasar en nuestra mente la realidad que queremos y buscamos, tal y como hacen muchos deportistas capaces de correr una carrera de 1500 metros antes de que se produzca. Esto les permite ver dónde tienen que mejorar y por tanto saber qué es lo que tienen que practicar. Si sólo entrenasen corriendo podrían llegar a desgastar los músculos que serán vitales en el momento de la verdad. Es preciso utilizar la cabeza y ponerla al servicio del objetivo final, simulando y viviendo una realidad virtual.

motivación 3.0

Enviado por rober en Mar, 23/03/2010 - 22:47

  es un clásico escuchar a tus compañeros de trabajo comentar las artimañas que tienen que hacer para que sus hijos se pongan a estudiar y dejen la “Play”. Pero es increíble el poder de atracción que poseen estos dispositivos sobre las nuevas generaciones. A pesar de los pesares, estos “cacharritos” irrumpen en la vida diaria de personas inmersas en una etapa formativa, etapa que definirá muchos de los comportamientos futuros de quien los utiliza.

Es evidente la enorme puja del sector de los videojuegos en el mercado del entretenimiento. Esta puja tan elevada indica que la demanda crece sin parar. Eso justifica y paga las cuentas de inversiones multimillonarias en un sector con cifras de crecimiento muy por encima de la media. Y se construye así un mundo virtual que posee unas reglas comunes: definición clara de objetivos, premios incrementales por desempeño y el mantenimiento de un adecuado equilibrio entre esfuerzos y resultados.

Estas reglas del juego calan en el cerebro desde una temprana edad definiendo una nueva forma de hacer y motivar.

 

Esta forma de aprender pasa a ser parte fundamental del individuo. La persona ha aprendido a tener una misión, un objetivo claro que le lleve un poco más allá. Si lo consigues pasas de pantalla; si te equivocas, aprendes del error y utilizas la experiencia para pasar a la siguiente. El fallo se acepta, es más, se aprende de él, se establecen trucos para ir más rápido la próxima vez y pasar cuanto antes de pantalla. El feedback es constante, en todo momento sabes en que nivel estás, cuánta vida te queda o lo lejos o cerca que estés de conseguir el objetivo.

 

Negar esta realidad es querer seguir viviendo como en el pasado; aceptarla te ayuda a definir modelos de motivación orientados a estos nuevos valores. Consiste en modificar la ecuación de la motivación. Antes funcionaba el palo y la zanahoria y ahora es la persona la que se encuentra en el centro. 

Venimos de modelos de trabajo inspirados en la era industrial, y parece que no nos hemos enterado que esto ya es pasado. Las personas han evolucionado mucho desde entonces. Aquellos granjeros que llegaron a las fábricas en la gran ciudad sólo querían poder vivir. Su motivación era ganar dinero para tener una buena vida. Para ello trabajar en una fábrica era una suerte. Trabajar mucho = ganar mucho. Así de sencillo. Pero todo esto ha evolucionado. Lo de haz A y te pago B, ya no funciona. Ahora los adictos a la Play tienen otra forma de entender el tinglado. La forma de jugar ha cambiado y ahora las reglas son otras. Ya no vale eso de tratar a la persona como una tuerca más en un complejo engranaje que no se sabe muy bien para qué sirve. Ahora las personas reclaman ser tratadas como eso, personas. Y la persona es única. No hay dos iguales, ya no vale el café para todos y la generalización disfrazada de disculpa para trabajar menos. En la motivación 3.0 las cosas cambian. Ahora la pregunta es: ¿qué quieres ser: 2.0 o 3.0?. La respuesta no es tan evidente. El 3.0 no siempre es la respuesta. Habrá empresas y sectores donde el 2.0 será mucho más efectivo que el 3.0. Es muy importante saber dónde estás, porque si te equivocas con el “software”, si cruzas sistema de motivación 3.0 con cultura 2.0, o viceversa, la cosa difícilmente va a funcionar.

 

El post está orientado a un sistema de motivación 3.0, porque el 2.0 está más que probado ... ¡y funciona!. Las empresas del siglo XXI necesitan nuevos modelos para motivar al talento. Lo de poner objetivos cortoplacistas o tratar de motivar sólo por la vía económica ya no funciona. Esa fue una fórmula que permitió el desarrollo de la era industrial, pero una vez terminada ésta el entorno es otro. Las empresas de este siglo deben saber leer entre líneas. Si son capaces de entender que los “playadictos” poseen unas características de motivación diferentes, tendrán la llave que abre las puertas del compromiso. Darle sentido y propósito al trabajo, u otorgarle objetivos claros basados en la responsabilidad, serán la base para construir nuevos modelos de motivación orientados a incrementar y potenciar el compromiso.

La autonomía, el flow, el sentido y el autoconocimiento (el camino de la motivación) son los pilares sobre los que construir ese nuevo modelo de motivación 3.0. Los cuatro equilibran la motivación de las nuevas generaciones de jugadores virtuales. Navegantes de mundos paralelos que sólo buscan un estímulo bien definido: disfrutar, aprender y crecer. 

el camino de la motivación

Enviado por rober en Sáb, 06/02/2010 - 22:08

 es muy fácil sucumbir a la tentación de identificar la felicidad con algo vacío, con algo banal. Nuestra sociedad nos ha hecho creer que la felicidad consiste en la satisfacción más física, en temas materiales, en aspectos pasajeros, en algo fácil. Y claro, pensar en ser feliz trabajando resulta difícilmente comprensible.

Ser feliz en el trabajo tiene mucho que ver con la motivación, porque la motivación no son más que motivos, motivos para hacer lo que te gusta hacer. ¿Y cuáles son estos motivos?. Autores como Dan Pink nos ayudan a profundizar en estos motivos, reflexionando sobre sus ideas encuentro cuatro motivos que el profesional del siglo XXI necesita para poder ser feliz en su trabajo. Ahí van:

 

1º Autoconocerse: pasamos días, semanas, meses, años, ... pensando en temas acerca de  la familia, de los amigos, de la pareja, del trabajo, .... en esta retahíla aparece, “de mi mismo”, casi al final y con minúsculas. No sabemos cómo somos, pasamos por la vida con el piloto automático puesto, luchando para convertir nuestros actos en hábitos, para de este modo pasarlos al inconsciente y convertirlos en respuestas casi automáticas que no consumen energía alguna del cerebro. Debemos vencer esta pereza natural dedicando un hueco en nuestras apretadas agendas a nosotros mismos. Saber qué es lo que nos roba la felicidad, saber porqué hago determinadas cosas, porqué me llevo mejor con unas personas que con otras, porqué me gusta hacer más unas cosas que otras, ... Investigar sobre nuestras fortalezas y sobre ellas construir un buen futuro, un futuro trabajando en lo que te haga feliz.

 

2º Autonomía: el concepto del management es un invento del hombre, y cómo todos los inventos del hombre, tienen fecha de caducidad. Quizás ese día ya esté aquí, y ese concepto jerárquico de las organizaciones con jefes mandones y empleados obedientes dará paso a organizaciones con profesionales comprometidos. Profesionales que hacen lo que hacen porque confían, por lo tanto se comprometen, y ese compromiso es el motor del cambio. Cuando se sienten autónomos, se sienten libres para hacer lo que les gusta; sin ataduras, sin miedos. En eso consiste la autonomía.

 

Flow: cuando existe equilibrio entre las habilidades y los retos disfrutamos de un estado mágico: el flow. El flow nos lleva por un camino donde seremos felices trabajando. Salirse del camino supone estrés y ansiedad, por ser los retos mayores que las habilidades. Eso nos lleva a no poder disfrutar de lo que estamos haciendo. Pero lo que es aún peor, salirse del camino también puede suponer aburrirse. Y el aburrimiento es más peligroso que el estrés. El hombre necesita metas, por eso cuando las habilidades son mayores que los retos nos aburrimos. El aburrimiento hace que todo lo que hacemos pierda su significado y pase a ser una simple tarea. Debemos buscar el equilibrio entre habilidades y retos; ese es el camino; ese es el flow.

 

4º Sentido: hay una frase de Nietzsche que resume a la perfección este motivo: “el que tiene un porqué para vivir, puede soportar cualquier cómo”. Necesitamos la tensión interior que nos ayude a buscar el propósito. La tensión interior surge de la diferencia de los objetivos por alcanzar menos los objetivos alcanzados. Si la tensión interior es negativa significará que nos habremos rendido en vida, habremos aceptado que nuestra vida se ha acabado porque ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer. Tenemos que buscar metas en la vida que nos ayuden a tener esa tensión interior positiva. Porque cuando es positiva tiene sentido; la negativa carece de él.

 

Estos cuatro motivos construyen una parte fundamental de la motivación. Básicamente se trata de hacer algo porque realmente te apetece. Sin recibir ninguna presión, simplemente sintiéndose libre para escoger. Sin miedo, sin peros, con todas las consecuencias, asumiendo lo malo como parte de un camino que tiene una recompensa final: hacer lo que te gusta. Sin importar lo que digan los otros, sin tener en cuenta lo que la cultura de mi entorno predique que es correcto o incorrecto. Trabajar por algo mayor que la tarea, trabajar por un objetivo, un objetivo cuyo mapa presenta un montón de caminos para alcanzarlo. Y tú sabes el camino más corto!!!.

el circo empresarial

Enviado por rober en Jue, 06/08/2009 - 21:41

 el pasado fin de semana pude disfrutar por segunda vez en mi vida del maravilloso espectáculo que ofrece el Circo del Sol. Hace dos años pude ver Alegría, el pasado viernes Varekai. Para mi, Varekai ha venido a confirmar lo que vi en Alegría: el circo hecho arte.


Se ha escrito mucho sobre el Circo del Sol, pero no deja de llamarme la atención como esta empresa ha sido capaz de reinventar un sector de capa caída y lo ha convertido en algo nuevo. El ejercicio esta lleno de mensajes y lecturas de las que las empresas deberían tomar ejemplo: definición de producto, atención al cliente, gestión de la diversidad, marketing, gestión del talento, desarrollo profesional, trabajo en equipo y muchas otras cuestiones que quedan patentes desde el momento en el que accedes al recinto.

Un Circo que ha desarrollado diferentes tipos de espectáculos, de manera que puede ofrecer simultáneamente en todo el mundo actuaciones totalmente originales y diferentes. Así evita el aburrimiento y garantiza la atención de su público para que cada vez que acude a una ciudad se pueda disfrutar de un nuevo show. En cada uno de éstos se ofrece una temática diferente aderezada por actuaciones espectaculares en las que llama la atención la mezcla de razas y culturas de una manera armoniosa. La puesta en escena destaca por el cuidado del más mínimo detalle (música, luz, vestuario, escenario, equipamiento, ...).


Quizás por deformación profesional lo que más me impresionó fue todo lo referente a la gestión de las personas. Un espectáculo en el que el talento está presente desde el primer segundo. El trabajo de todos y cada uno de sus componentes tiene sentido y aporta valor al producto final. Nadie destaca por encima del resto, el colectivo está por encima de los nombres propios y es imposible identificar a un individuo como estrella. Minusválidos, niños, mujeres, hombres, altos, bajos, guapos, feos; todos son iguales, todos hacen cosas extraordinarias. Al salir del Circo los comentarios de la gente sólo son halagos al producto, en el que se comenta qué actuación ha sido la mejor.


Cuando comparo todo ello con lo que, por desgracia, nos seguimos encontrando en muchas empresas vienen a mi mente el falso ego, el liderazgo rancio y obsoleto, los reinos de taifas o el interés individual frente al colectivo que se sigue fomentando en muchas organizaciones. Todas estas cosas convierten a nuestras empresas en esos circos de antaño, aquellos a los que me llevaban mis padres y olían a excrementos. 

El Circo del Sol es un claro ejemplo de que las cosas se pueden hacer de otro modo, y lo que es mejor aún, ese modo de hacer las cosas es más rentable. Si no lo has visto, te lo recomiendo, y si tu empresa es uno de esos circos de antes, te recomiendo que le regales a tu consejero delegado una entrada para ver el Circo del Sol.

la sana competencia

Enviado por rober en Mar, 21/07/2009 - 21:21

 a veces me gusta salir a correr, y durante este rato de reflexión y deporte, llevo observando durante tiempo algo que me llama mucho la atención. Suelo salir a correr por un paseo que está al lado del mar, cerca de mi casa. Este paseo está lleno de padres con sus hijos: bicicletas, carritos, patines, carreras, travesuras, ... y un sin fin de actividades que rodean esos momentos.


Durante mi carrera me cruzo con muchos niños, y siempre me ha parecido curioso como éstos se ponen a correr a tu lado tratando de adelantarte. Luchan, se esfuerzan, lo dan todo, y ante este acto de desarrollo no puedes dejar de bajar un poco el ritmo para ver cómo todo ese esfuerzo se ve recompensado. Por unos segundos te adelantan, te ganan, en ese momento el esfuerzo llega a su fin y la satisfacción desborda las caras de tus “contrincantes”. 


Me llama la atención porque son niños. Niños con el disco duro vacío, en pleno desarrollo de su personalidad, carentes de embudos que entorpezcan sus cualidades, pero que ya son capaces de competir; de alguna manera sienten esa necesidad. ¿Por qué?. Observando el proceso me lleva a concluir que es parte del desarrollo de la persona. Competir te ayuda a crecer, lejos de una competición insana, la competitividad que demuestran es la base del desarrollo. Querer mejorar te ayuda a potenciar todo tipo de cualidades y capacidades, y éstas son una parte esencial del crecimiento de la persona. Es un proceso natural, competir contra el desarrollo, no contra un contrincante inexistente.


En el tiempo que estamos trabajando deberíamos estar creciendo. No crecer significa retroceder. Y para poder crecer debemos utilizar la competitividad que teníamos de niños. Competir contra nuestro desarrollo, viendo en esa competición un desafío, más que una amenaza. ¿Y cómo competimos?. A mí se me ocurren algunas maneras que os comento: 

Primero, y lo más importante, hacer algo que nos guste. Si trabajamos en algo que nos gusta todo el proceso resultará más sencillo ya que tendremos la gran suerte de poder disfrutar haciendo nuestro trabajo. Otra forma de competir con nosotros mismos puede ser desarrollando nuestra inteligencia emocional, para ello se recomienda la practica de la empatía, la escucha activa, la generosidad, la gratitud, el compromiso, ... la práctica de todo ello nos permitirá poder disfrutar de nuestro entorno, al tiempo que nuestro entorno disfruta de nosotros. Hacer más fácil la vida de los otros no es más que un acto de egoísmo que lo que busca es nuestro bienestar. Y todo esto es recomendable que esté aderezado con optimismo y una actitud positiva.


Dejar de crecer es el comienzo de la decadencia. En ese momento comenzamos el descenso de una montaña que previamente habíamos subido. Pero lo interesante de este juego es pasar el mayor tiempo posible en la cima para poder disfrutar del paisaje. Y lo bueno que tiene esta montaña es que la altura nos la fijamos nosotros, y además la podemos modificar a lo largo del tiempo.

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