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 el hedonismo es una doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Las personas hedonistas son aquellas que tratan de maximizar el número de buenos momentos frente a los malos. La teoría hedonista más sencilla dice que la calidad de vida no es más que la cantidad de buenos momentos menos la cantidad de malos momentos.

Esta teoría esta llena de imperfecciones y ha sido el profesor de psicología de Princetown y uno de los máximos expertos en hedonismo, Daniel Kahneman, quien se ha encargado de demostrar lo erróneo de esta teoría. Para ello, realiza un experimento en el que la prueba base es una colonoscopia. La colonoscopia consiste en introducir por el ano un tubo flexible de plástico con una cámara en su extremo. Este tubo se mueve hacía arriba y hacía abajo para poder hacer una exploración completa de los intestinos. Como os podréis imaginar se trata de una prueba bastante desagradable, molesta y dolorosa. El profesor Kahneman escogió una muestra de 682 personas que se sometieron a esta prueba. Hizo dos grupos. A uno de ellos se les realizó la prueba rutinaria. A la otra mitad, se le añadió un minuto más de duración a la prueba, pero durante este minuto el tubo de plástico no se movía, de manera que era menos molesto y doloroso. El añadir un minuto más a la prueba hace que el dolor total que sientan las personas seleccionadas sea mayor. Lo sorprendente de la prueba es que las personas a las que se le había realizado la colonoscopia de mayor duración, tenían una mejor recuerdo de la exploración debido a que el último minuto era menos doloroso, y sorprendentemente, fue este grupo de personas los que estuvieron más predispuestos a volver a someterse a la prueba.


De este experimento hay una frase de Seligman que define a la perfección la conclusión del estudio y lanza un mensaje sobre el que merece la pena reflexionar: “En la vida real hay que tener mucho cuidado con los desenlaces, puesto que marcarán el recuerdo de toda una relación y la predisposición a volver a entablarla.


Démosle forma a esta frase. Pensemos en aquellas situaciones de nuestra vida en las que hayamos tenido desenlaces y analicemos el recuerdo que guardamos de esas relaciones. Pensemos en nuestras antiguas parejas, pensemos en la relación con un antiguo superior, en el cierre de acuerdos/desacuerdos con clientes y proveedores, en relaciones con antiguos compañeros de trabajo, .... Sin duda, lo último que nos pasa en estas relaciones marcará el recuerdo que en el futuro tendremos de las mismas y la predisposición que podamos tener para volver a interactuar con estas personas.


Por desgracia vivimos tiempos de desenlaces: ERE´s, suspensiones de pago, despidos, cierres de empresas, quiebras, ... Todas estas situaciones suponen el fin de muchas relaciones. Organizaciones representadas por personas con las que los profesionales viven sus últimos momentos en la empresa. Sin duda esas relaciones finalistas juegan un papel muy importante ya que definen el recuerdo que el trabajador guardará de la empresa y lo que transmitirá de la misma. Pero esto no sólo se trata de un acto de branding. El desenlace de estas relaciones profesionales también supone un acto de responsabilidad social. Si el cierre de la relación laboral con un profesional está marcado por la falta de ética y sensibilidad que una situación de este tipo requiere, la persona no sólo guardará un muy mal recuerdo de la empresa, de alguna manera su estado de ánimo afectará a futuras relaciones profesionales con otras organizaciones. Esto provocará que el mercado de trabajo esté lleno de personas desconfiadas y poco dispuestas a implicarse... y como dice el dicho: “arrieros somos y en el camino nos encontraremos”

Si por contra, estos desenlaces son tratados con transparencia, seriedad, sinceridad y mucha profesionalidad, la persona recordará este mal momento de otra manera. Actuar de esta manera ayudará a la persona a mantener la esperanza y las ganas de querer seguir aportando lo mejor de sí misma en otros proyectos. Sin duda un escenario mucho más esperanzador para todos.


Vamos a pensar cómo hacemos las cosas cuando damos por concluidas relaciones profesionales ya que en buena medida este acto de responsabilidad definirá nuestro futuro.