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blog de rober

 el miedo, la rabia, el enfado, los celos, la depresión, la culpa, la ansiedad, el resentimiento, la envidia, la vergüenza. Quizás sean estos los sentimientos más comunes y presentes en nuestros entornos cotidianos. 

El mundo de los sentimientos es un mundo complejo, lugares en los más profundo de nuestro ser que son el resultado de toda una vida y enredosos procesos de aprendizaje. Todo ello dota a este mundo de una complejidad y profundidad enorme. Saber cómo se forman, a qué responden, cómo controlarlos, ... es una tarea artesanal y totalmente individualizada.


El porqué de cada sentimiento es algo personal e intransferible, pero si hay algo común que tienen todos los sentimientos es el gran efecto detonador que provocan en nuestra memoria.


Nuestro cerebro está lleno de trampas y esto es algo que cada día la ciencia nos deja más claro. Un órgano lo suficientemente inteligente como para diseñar y desarrollar sus propias armas de defensa. Su poder es inmenso y conocer cómo funciona nos hace más conscientes de nuestras limitaciones. Saber cuáles son sus fronteras y trucos nos dota de una gran capacidad para poder controlar los acontecimientos. Lo contrario, provoca que vivamos a merced de los sentimientos y sus efectos ... muchas veces incontrolables.


La relación entre cerebro y sentimientos es realmente curiosa. Ésta nos afecta mucho en nuestro trabajo y resto de entornos cotidianos. Pensemos en nosotros mismos y un sentimiento, por ejemplo, imaginémonos muy felices. En ese momento, cambiar el sentimiento de felicidad por el opuesto, la tristeza, resulta muy complicado. Lo mismo ocurre a la inversa, si estamos tristes nos resultará muy difícil estar contentos de repente.


Así es como juegan los sentimientos con nuestro cerebro. Éstos provocan una “explosión” enorme en este órgano que evita que la memoria pueda recordar, o traer al presente, otras emociones pasadas. El sentimiento del presente minimiza todos los demás y nos dificulta  poder bucear en nuestra mente para buscar alternativas.


Para comprobarlo se puede llevar a cabo un sencillo experimento. Un grupo de adolescentes a los que se les pregunta cuál es su nivel de felicidad, tras esta pregunta, se les hace otra en la que se les pregunta acerca cuántas parejas han tenido. 

A otro grupo de adolescentes se les hacen las mismas preguntas, pero se formula primero la referente al número de parejas. 

En los resultados del experimento se puede comprobar cómo en el primer grupo los índices de felicidad en la vida son mayores que en el segundo grupo, ¿por qué?. La respuesta tiene que ver con lo contado al principio. La primera pregunta trae a nuestra memoria sentimientos que hacen que nuestro cerebro tenga una respuesta determinada, y esos sentimientos incidirán directamente en la respuesta a la segunda pregunta. 

Otro experimento en esta línea puede realizarse con personas mayores a las que se les pregunte por su nivel de felicidad en la vida y su estado de salud. El orden de las preguntas genera sentimientos diferentes que provocan una alteración importante de los resultados de las mismas.


Visto lo visto, nos resultará difícil poder cambiar nuestros sentimientos, de manera que cuando sintamos rabia, envidia, vergüenza o cualquier otro sentimiento, tendremos que hacer un gran esfuerzo para cambiarlo. Conocer esto puede ayudar a que el esfuerzo sea menor a la hora de controlar y modificar determinados sentimientos indeseados. Pasar del inconsciente al consciente nos dota de un arma muy poderosa que tiene mucho que ver con el autocontrol. El autocontrol es un valor muy poderoso. Poseerlo nos dota de un gran aliado para el trabajo, y por supuesto, la vida.

qué tienen en común un científico, un deportista olímpico y un escritor. Los tres trabajan durante largos periodos de tiempo y los resultados de su actividad no son inmediatos. El científico puede llegar a investigar durante toda una vida para al final conseguir un pequeño descubrimiento. El deportista olímpico pasa cuatro años preparándose para en unos minutos demostrar al mundo el resultado de su esfuerzo. El escritor pasa largas temporadas pensando e investigando para poder escribir un libro.


Todos ellos aplazan la gratificación del trabajo bien hecho, apuestan por el largo plazo y no buscan recetas rápidas. George Vaillant, profesor de Harvard y reconocido psiquiatra, habla de las defensas maduras. Las defensas maduras no son más que una serie de fortalezas que permiten al hombre disfrutar de un estado de bienestar. Éstas son: altruismo, la previsión de futuro, el sentido del humor y la capacidad de aplazar la gratificación.


De estas defensas maduras hay una que me llama especialmente la atención. Se trata de la capacidad de aplazamiento de la gratificación. Vivimos en un mundo que camina en la dirección contraria. Buscamos la inmediatez, el corto plazo, atajos, ya, rápido, sin dificultades, sin sufrimiento, sin esfuerzos, con anestesia, indoloro. Hemos diseñado toda una serie de píldoras que lo que buscan es precisamente la gratificación a corto plazo: ver la tele, el chocolate, ir de compras, las drogas, ...


No critico la existencia de estas cosas, pero me parece que su abuso puede conducirnos por un camino que en vez de dotarnos de defensas maduras nos hará más vulnerables e inmaduros. Tampoco creo que sea sano aplazar de forma sistemática todos los placeres porque nos alejará de disfrutar del día a día, de saborear las cosas y aprovecharlas. Se trata de construir defensas maduras para poder afrontar el futuro con garantías. Si somos capaces de aplazar la gratificación estaremos trabajando sobre nuestra fuerza de voluntad, nuestra capacidad de sacrificio, nuestro autocontrol; valores fundamentales para el éxito profesional y personal.


Poseer la capacidad de aplazar la gratificación, a nivel profesional, es una de las mejores maneras que puede haber para construir una carrera profesional solvente y con buenas expectativas. Pero como veíamos antes, esto no es fácil. Estamos rodeados de estímulos que nos empujan al YA. Queremos ser los más poderosos, los más ricos, los que tienen las mejores ideas, los que más saben de, ... y todo esto antes de los 40, no vaya a ser que no nos quede tiempo para disfrutarlo. Como es obvio, para conseguirlo hay que atajar. Atajos que nos apartan del camino de la incertidumbre, el fracaso, la monotonía o el sufrimiento. Olvidamos que estos elementos suelen estar en el camino. Sólo ellos nos harán más fuertes y resistentes, y vivirlos nos permitirá saborear la meta de una forma extraordinaria. 


Siempre he pensado en cómo se sentirá la persona que descubra el remedio contra el cáncer. Imaginarme su trabajo diario, lleno de contratiempos, de fracasos, de incertidumbre, un sentimiento de no saber por donde seguir... y un día, de repente, encontrar el remedio ... 



Todo lo comentado puede dar la sensación de moverse en el campo de lo etéreo. Punset, una vez más, nos ayuda a dotar de una base científica a esta idea. Gracias Eduard !!!

 

 

 

 la geometría surgió como una necesidad humana por entender el cosmos, un cosmos que se suponía como un todo ordenado. Poco a poco se comenzó a comprobar que esto no era así. Surgió la teoría del caos para demostrar que ese orden era ilusorio y, en este proceso, aparecieron otras ramas de la geometría que convirtieron esta ciencia en la encargada de medir el espacio entre el orden y el caos. Una de estas ramas es la geometría fractal. Se denomina fractal al objeto semi geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Líneas de costa, nubes, árboles, copos de nieve, flores, ... son ejemplos de estructuras fractales en la naturaleza.


La geometría fractal puede aportar una nueva forma de entender la situación de crisis que vivimos. ¿Y cómo es esto?. Para explicarlo voy a utilizar como base las matrioskas rusas (figuras huecas que en su interior albergan figuras idénticas de un tamaño menor) 


Partimos de una crisis global, un hecho de entidad mayor que afecta a todos. Ésta, al igual que las matrioskas, alberga en su interior otras crisis con la misma forma pero de tamaño menor, por ejemplo, los problemas económicos de las macro organizaciones. Los problemas de estas macro organizaciones suponen a su vez, crisis de la misma forma, pero de tamaño menor, que afectan a empresas subsidiarias de estos gigantes. Como si de las matrioskas se tratase, la crisis se va replicando a escalas cada vez inferiores hasta llegar al individuo.


Y así es la realidad. Una gran crisis, que por desgracia, tiene la misma forma que los millones de dramas personales que le dan contenido. Lo grande y lo pequeño unido por un factor común. 


La pregunta es: ¿la solución a dicha situación es también fractal?, ¿por donde empieza; por lo grande o por lo pequeño?. Los gobiernos, de todos los colores y formas, se esfuerzan por hacernos creer que ellos tienen la llave de la puerta por donde se irán todos los problemas ... pero yo planteo el camino inverso, a lo mejor la solución la tenemos todos y cada uno de nosotros. Comenzando por solucionar esas “pequeñas crisis” personales para poco a poco ir haciendo que la gran crisis desaparezca.


Veía esta semana un vídeo elaborado por innopersonas que planteaba 10 palabras para sobrevivir a la crisis: observa, conversa, desarrollarte, atrévete, adelante!!, cuestiona, innova, siente, disfruta y cambia. Me quedo con todos y cada uno de estos consejos, porque a lo mejor son el comienzo para solucionar esta crisis fractal. De lo que desde luego estoy seguro, es que si no hacemos nada hoy, mañana lo vamos a pagar.


 

Podemos solucionar esta crisis de una manera diferente. Si hacemos la cosas de otra forma, el resultado será diferente, nuestro trabajo será diferente, las empresas serán diferentes, los valores serán diferentes, los beneficios serán diferentes, ... podría ser una revolución silenciosa que provocase un necesario cambio de tendencia.

 recuerdo que en el colegio ni la física ni la química eran mis asignaturas favoritas. Mi camino siempre ha estado lejos de estas ciencias, pero cada día me acerco un poco más a ellas para poder entender lo que sucede a mi alrededor. Esas materias reúnen una sabiduría enorme fruto del trabajo de algunos visionarios con el fin de poder explicar qué era lo que les sucedía. Y lo que sucedía no está tan lejos de lo que nos sucede hoy día: relaciones interpersonales en todos los ámbitos de la vida.

Nuestra vida y profesión se resume en relaciones interpersonales. En eso consiste el trabajo de la gran mayoría de la gente, por no decir toda. Por mucho que nos queramos aferrar al conocimiento, al expertise, al nivel jerárquico, ... no es más que una manera de negar la realidad. Esto es importante, faltaría más. Pero sólo es una condición necesaria y no suficiente. De nada vale todo esto si los demás no lo “compran”.

 

Somos entes independientes, miembros de entes mayores. Pero lo que nos mueve y motiva es nuestra propia supervivencia, por encima de cualquier otra. Por ella luchamos cada día. Tratamos de que se utilicen nuestras ideas, de que compren nuestro trabajo, de que los clientes estén satisfechos, que tu trabajo tenga un significado, en definitiva, tratamos de poner en valor nuestro trabajo para así poder garantizar nuestra supervivencia.

 

Pero la realidad siempre es muy sabia, y el día a día nos va indicando que muchas veces nos equivocamos en nuestra estrategia para sobrevivir. A veces no se utilizan nuestras ideas, o no compran nuestro trabajo o los clientes no están satisfechos. ¿Por qué?.

 

Al igual que todos tenemos claro que 1+1=2, todos pensamos que cuando tenemos todas las evidencias sobre un tema es imposible que no logremos que ese tema se compre. Pues a diferencia de las matemáticas, con las personas 1+1 puede ser igual a 3 y eso hace que las reglas del juego sean otras bien diferentes. La realidad nos demuestra que con las personas no nos basta con tener la razón. Hace falta algo más. ¿Qué?

Aquí es donde aparece la química para desbancar a la física. No llega con tener físicamente un montón de razones, se necesita un componente químico que haga que surja la “chispa” entre ambas partes. Sólo cuando exista esta química podrán suceder las cosas. Y da igual que se tenga o no razón, hay emociones como el respeto, la confianza, el amor o la implicación que se utilizan o perciben de maneras muy diferentes. Sólo cuando ambas partes encuentran ese componente químico que las genera, sucede un acto que ya los primeros teóricos sobre química  observaron. Ocurre desde siempre, está ahí, lo vemos cada día. Gente que se entiende a la primera, gente con la que nunca llegas a un acuerdo, gente con la que todo es fácil, gente que te asusta, gente que te aburre, gente que te divierte, gente que te alegra, gente que te deprime, ... y todo esto pasa por un efecto químico.

 

El 75% de los acuerdos suceden por temas químicos, un 20% por las creencias de cada uno y un 5% por la posesión de evidencias que nos avalen. Buffff!!!! un 75% ... y yo que no estudiaba la química en el colegio. Pero hay un dato muy interesante y esperanzador. Esa química se puede adquirir, trabajar y mejorar. Eso supone en un porcentaje muy importante para que se tengan en cuenta nuestras decisiones y así facilitar nuestra estrategia de supervivencia.

 

Pues nada, habrá que ponerse a estudiar de nuevo!!!.

 el ser humano llega a este vida con la mente totalmente en blanco. Al nacer nos encontramos con un mundo lleno de estímulos totalmente nuevos, cientos de cosas que nuestros sentidos desconocen, un entorno repleto de riesgos ajenos a nuestro control. Ya desde pequeños, los seres humanos necesitamos ser resguardados por el paraguas de nuestros padres. Ellos son quienes nos ayudan a interpretar este nuevo mundo desconocido, quienes nos enseñan a valernos por nosotros mismos, quienes desde muy muy pequeños saben qué es lo que necesitamos para sobrevivir.


Y así vamos creciendo, al resguardo de estas personas tan maravillosas, que en un acto de amor infinito, deciden por nosotros qué es lo que necesitamos y cuándo lo necesitamos. Esta actividad, poco a poco se va convirtiendo en un hábito para los padres, e incluso, cuando llegas a la edad adulta siguen decidiendo por ti cuáles son tus necesidades ... a quién no le suenan esos consejos maternos/paternos pasados los treinta, los cuarenta, los cincuenta, ... !!!


De nuestros padres aprendemos la mayor parte de las cosas que somos y hacemos. Y en esta herencia viene incluida la creencia de saber qué es lo que los otros necesitan. Nos pasamos la vida diciéndo a los demás qué necesitan, como si supiésemos mejor que ellos qué es lo que realmente les conviene. Cuando encendemos la tele, leemos un periódico, ... es fácil encontrar un sinfín de situaciones donde se reproduce este patrón de comportamiento: jueces, consejeros, críticos, tertulianos baratos, políticos,... dictando sentencia sobre lo que necesitan los demás. En las empresas pasa lo mismo, todo el mundo sabe lo que hacer para resolver los problemas de los demás, pero pocos manejan su vida con tanta facilidad.


Hay una frase que le escuché a un compañero que habla por sí misma: “qué fácil es hablar de mí pero qué difícil es ser yo”. Así es, de las herencias que nos han dejado nuestros padres ésta pueda que sea una de ellas. Nos han enseñado un atajo para no preguntar qué es lo que necesitan los otros, como si tuviésemos un sexto sentido que nos hiciese saber lo que es. Con esa creencia llegamos al trabajo y es ésta la que muchas veces nos dificulta tanto las cosas.


Las relaciones humanas son el campo más complicado en cualquier trabajo. Es un generador de estrés enorme y suele ser el principal motivo de baja (problemas con el jefe, con los compañeros, con clientes, proveedores, ...). Estas relaciones humanas se ven dificultadas muchas veces por las diferencias de expectativas que se generan cuando no nos paramos a preguntar a la otra persona qué es lo que necesita. Cuando somos quienes tomamos esa decisión por el otro, puede ocurrir que muchas veces las cosas no suceden como a nosotros nos gustaría. Y la razón es tan sencilla como que ambas partes estaban interpretando lo que necesitaba la otra sin que ninguno de los dos hablase de ello directamente. Resultado: enfrentamiento, malos entendidos, frustraciones, cabreos, discusiones, ... en definitiva, ansiedad. Y cuando hay ansiedad es realmente sencillo que nos distraigamos del foco de nuestra verdadera misión en el trabajo. 


Las herencias de este tipo suelen llevar asociados unos impuestos muy altos, y hay una manera muy sencilla de hacer que el precio no sea muy alto: preguntar a la otra persona qué necesita. Así de fácil y así de difícil.

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rober
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