crisis

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Submitted by rober on Fri, 31/12/2010 - 11:30

 

tengo la fortuna de trabajar en una empresa en la que creo y por la que apuesto. Es una empresa de servicios, de esas que vive gracias a sus clientes, esos señores y señoras que pagan religiosamente cada mes por un servicio que permite que gente como yo pueda escribir estas líneas. No me puedo quejar de nada, pero a pesar de ello, hay algo en mi interior que no me deja estar del todo bien. Se trata de los clientes, se trata de la gente, esos que hacen que las empresas existan y nuestro sistema funcione.

 

Hoy termina el 2010 y muchas de esas personas lo están pasando realmente mal. Este blog no se caracteriza por criticar o hablar de las malas noticias, pero hay situaciones que no se pueden pasar por alto. Cerramos una década que deja un resumen complicado. Hemos vivido la mayor abundancia que jamás haya existido, y no hemos sabido conservarla. Lo hemos tenido todo y lo hemos perdido... la historia se repite. ¿Por qué no sabemos hacer nuestra esa abundancia?, ¿por qué no sabemos hacer que dure?, ¿será quizás porqué no sabemos tenerla?. Esa, creo yo, es la respuesta: no sabemos ser y por eso no podemos tener.

Cuando tenemos más de lo necesario, nuestro ser se transforma en una versión grotesca de nosotros mismos. Los sueños de los ganadores de la lotería, en su mayoría, consisten en ser otras personas. Craso error. Pocos son los que saben hacer crecer las ganancias, y menos los que lo hacen sin cambiar su escala de valores.

 

Estamos padeciendo una crisis porque no sabemos ser. Nos han engañado haciendo pensar que con un título universitario eras el rey del mundo. Miles de personas atrapadas en un sistema diseñado para deprimir y frustrar el futuro de nuestro país. Un exceso de formación vacío de sentimiento, de emoción. Estudiar para ser médico, abogado, ingeniero, informático,... Estudiantes víctimas de sueños ajenos que modifican sus sistemas de creencias y que olvidan la importancia de asignaturas tan importantes como la de ser persona. 

La maquinaria educativa, totalmente arcaica, es una de las razones de esta crisis del ser que sufre nuestro país. Pero no podemos olvidar el papel de los educadores (hablo de los padres) en todo este proceso. En casa comienza este camino y no vale externalizar esta responsabilidad. Nuestros hijos son el fruto de nuestras decisiones y actuaciones, quizás entre todos tengamos la clave para cambiar esta tendencia y ayudar a la gente a saber lo que quiere ser. 

Jugar con este tipo de variables es peligroso y puede acarrear grandes problemas, algo así como un mercado laboral totalmente inadecuado a la realidad existente. Una “fuerza de trabajo” obsoleta antes de que empiece el partido. Una fuerza de trabajo a la que se le ha inculcado una falta de ilusión y compromiso con las cosas. De la fuerza de voluntad mejor ni hablar... cientos de mensajes recordando lo grato que es tener sin hacer. Venta de lo fácil, de lo directo, del sin esfuerzo. ¿Realmente nos ayuda esto?, claro que no nos ayuda. El caso es que me parece tan evidente, que no alcanzo a entender por qué quien puede cambiarlo no lo hace, por qué los que se tienen que poner de acuerdo no lo consiguen. ¿Qué hay detrás de este teatrillo inútil?. Fácil; todo eso en lo que hemos convertido el sistema antes descrito. Una falta enorme de amor por su trabajo, un olvido colectivo de lo que significa la vocación, una ausencia absoluta de voluntad, una falta de compromiso infinita, y por lo tanto, una carencia brutal de responsabilidad.

 

Pero lejos de parecer un mensaje pesimista, es una invitación a que en la próxima década luchemos todos juntos, y con todas nuestras fuerzas, contra ese mensaje apocalíptico. No creo que sea tan difícil encontrar modelos sustentables en el largo plazo y que no atenten contra el bienestar de las personas, pero no un bienestar material, yo hablo de un bienestar interior, de esos que te permite ser tu mismo. Hemos abdicado del derecho de ser libres y nos hemos aferrado a un sistema que premia el éxito rápido y “fácil”. Hemos cerrado nuestras mentes convirtiéndolas en laberintos en los que se extravía el sentido. Es nuestro deber abrirlas de nuevo, aceptar otros puntos de vista, ser lo suficientemente humildes como para integrar en nosotros mismos otras formas de pensar.

 

Esos son mis deseos para 2011: Responsabilidad, Humildad, Pasión y Vocación. Cuatro valores, que a la vista de los acontecimientos, parece que escasean, pero que si logramos reanimar, nos ayudaran a construir un futuro mucho más esperanzador y humano y en el que la incongruencia y la mentira tenderán a desaparecer.

Espero que esos clientes de los que hablaba al principio puedan tener algo de esto, sé que eso me permitirá seguir disfrutando de mi trabajo. Egoísta, lo sé, pero para todos, no sólo para mí. 

 

Bienvenido a 2011!!!

lecciones urbanitas

Submitted by rober on Mon, 20/12/2010 - 23:28

 

Geoffrey West es un físico teórico cuya obsesión es buscar leyes fundamentales que le permitan explicar cómo funcionan las cosas. De la lectura de su trabajo resulta espectacular comprobar como dichas reglas existen, y aunque no ajenas a las excepciones, el resultado de su trabajo nos deja gran cantidad de evidencias sobre las que reflexionar y sobre las que pensar para construir un mundo mucho más sostenible.

 

En la actualidad, West y su equipo están tratando de explicar cómo funcionan las ciudades. El análisis de los datos que éstas generan (consumo eléctrico, kilómetros de autopistas, índices de criminalidad, enfermedades venéreas, ...) les ayuda a predecir con un porcentaje de acierto de un 85% el nivel de ingresos o la dimensión del sistema de alcantarillado. Nueva York no es tan diferente a Tokyo, lo que las hace diferentes son los detalles, pero la esencia de ambas urbes es la misma. 

Según West, el descubrimiento de las ciudades es uno de los mayores inventos de la humanidad. La creación de urbes responde a un sistema eficiente en el consumo de recursos. Cuando una ciudad dobla su tamaño, el incremento en recursos energéticos que ésta necesita sólo crece un 80%. Pero el incremento constante del volumen de las ciudades no responde a cuestiones de eficiencia energética o consumo de recursos, lo que realmente explica el éxodo del campo a las ciudades son las interacciones humanas. Los datos de West muestran claramente que cuando las personas están unidas su capacidad productiva se incrementa. Pero sus investigaciones también muestran como en las últimas décadas, el rápido crecimiento de las ciudades con sus áreas satélite no ha supuesto un incremento en los niveles de renta per capita o de innovación de las mismas. Es más, dicho crecimiento lleva asociado el crecimiento de variables menos amigables, por ejemplo, el doble de tamaño de una ciudad supone un incremento de un 15% en los niveles de criminalidad, tráfico o de SIDA. El crecimiento económico supone también un incremento sustancial de aquellas cosas que no nos gustan. 

 

La representación gráfica del crecimiento de las urbes es una curva que crece de manera exponencial. A medida que una ciudad crece, sus mayores niveles de productividad atraen a nuevos habitantes, lo que la hace aún mayor. West analizó la diferencia que esto supone respecto a las ecuaciones que definen el mundo de la biología, según las cuales, a mayor tamaño menor velocidad ... sería difícil que un elefante fuese tan rápido como un ratón, ya que esto supondría una cantidad de energía difícil de conseguir para el elefante. Las ciudades no están sujetas a las reglas de la biología, todo lo contrario, a mayor tamaño mayor volumen de energía. Para ilustrar esta diferencia podemos pasar a consumo en vatios la vida de una persona. Una persona en reposo consumiría 90 vatios, si esta misma persona tuviese que cazar para conseguir el alimento que necesita para vivir el consumo se iría a los 250 vatios. Pero en las ciudades, la cantidad de vatios consumidos para mantener el nivel de vida se dispara hasta los 11.000 vatios ... mucho más de los que necesita una ballena azul parar vivir, y este planeta no podría mantener 7 billones de ballenas azules, es por eso que nuestro estilo de vida es insostenible.

 

El ser humano descubrió, ya hace muchos años, la receta para hacer frente a esta limitación. Se trata de la innovación constante. La historia de la humanidad es un retahíla de descubrimientos que han permito al hombre hacer frente a los periodos de carencia: el fuego, la rueda, la máquina de vapor, internet, ... diferentes vías para crear riqueza. Cada invento es un paréntesis, un tiempo extra que nos permite caminar hacia el siguiente invento que nos permita escapar del vértigo del precipicio. 

El crecimiento constante de las ciudades, y el cada vez más caro estilo de vida que llevamos, ha provocado que los ciclos de innovación sean cada vez más cortos. El resultado final es que las ciudades no sólo han incrementado nuestro nivel de vida, también han incrementado el ritmo al que la vida cambia. Hasta ahora, la innovación generaba revoluciones que duraban aproximadamente 200 años, hoy las ciudades generan un volumen tal de innovación que el tiempo que transcurre entre ellos es de tan sólo 15 años. Es la primera vez en la historia de la humanidad que durante la vida de una persona ésta puede vivir varias revoluciones.

 

Resulta lógico comparar las ciudades con las empresas. En ambos casos se trata de aglomeraciones de personas organizadas en espacios físicos bien definidos. Pero hay una diferencia fundamental entre ambas que resulta muy llamativa. Mientras que las ciudades permanecen en el tiempo, las empresas tienen una esperanza de vida media de entre 40 y 50 años. La bomba de Hiroshima no borró del mapa esta ciudad, pero dónde están empresas como Enron. Y la pregunta es obvia: ¿por qué resultan tan efímeras las empresas?.

West analizó datos de miles de compañías para tratar de responder a esta pregunta y lo que descubrió es que éstas atienden a un comportamiento similar al que sigue el mundo de la biología. A medida que las compañías crecen, el beneficio por empleado se reduce... algo similar al caso del elefante del que antes hablábamos.

Cuando nace una empresa, el objetivo fundamental es sacar adelante la idea del negocio. Si esta idea tiene la suerte de abrirse camino, todo resulta apasionante, el dinero comienza a llegar, esto provoca que se siga esa línea y que parte del beneficio se reinvierta en tratar de hacer esa idea más grande. Pero llega el punto donde los niveles superiores de la organización sólo piensan en vigilar lo que hacen las personas en los niveles inferiores de la compañía, poco a poco las economías de escala se ven anuladas por el alto coste que suponen los sistemas burocráticos necesarios para controlar la organización, la idea original se desvanece entre otros objetivos ajenos a la esencia de la compañía. Ésta es la crónica de una muerte anunciada. El afán de crecer por crecer es el motivo principal de la desaparición de las empresas, elefantes que corren como locos en busca de más alimento hasta el punto en el que éste se agota y mueren a causa de su propia voracidad.

 

West indica que es la realidad empresarial la que muestra el secreto de la inmortalidad de las ciudades. Mientras que las empresas se atan a organigramas y estructuras de control excesivamente rígidas, las ciudades son lugares donde las personas poseen la libertad de escoger, de decidir por ellos mismos. Aquí no valen las reglas del management, nadie te dice donde tienes que vivir o como te tienes que vestir, es precisamente la libertad que se respira en las urbes la que las hace estar vivas.

efecto incertidumbre

Submitted by rober on Sat, 11/12/2010 - 20:17

 

el caso Wikileaks ha hecho correr ríos de tinta en los últimos días. Son tantas las interpretaciones como puntos de vista; el mundo se divide entre los que apoyan este altavoz público y los que ven la transparencia excesiva como un freno a la lógica relación entre países y gobiernos. Sea lo que sea, la incertidumbre sobre la información que Wikileaks posee es el as en la manga con el que juega Julian Assange, y es ese desconocimiento el que pone en jaque a gobiernos y grandes corporaciones.

 

Colin Camerer realizó un experimento similar (la paradoja de Ellsberg) al caso comentado, pero en esta ocasión con cartas. Disponía de una baraja con 20 naipes que se dividían en  dos colores: rojo y negro. El objetivo del juego era observar cómo tomaban decisiones los participantes, y para ello se les hizo apostar por el color de la carta que creían que saldría. Durante la partida, la doctora Camerer tomó imágenes de sus cerebros para analizar que partes del mismo se activaban durante el juego. Y para que estas imágenes aportaran la mayor cantidad de información posible, se separó a los jugadores en dos grupos con reglas diferentes. A un grupo de jugadores se les decía el número de cartas de cada color que contenía la baraja, de esta manera podían calcular las probabilidades que tendrían de ganar o perder en su apuesta, es decir, podrían calcular el porcentaje de riesgo con operaciones sencillas. A los jugadores de este grupo, durante el juego, se les activaba la parte del cerebro que percibía las expectativas de ganancias, al calcular el riesgo de las operaciones podían estimar los posibles ingresos futuros.

Al otro grupo de jugadores sólo se les dijo el número de cartas que contenía la baraja, de manera que desconocían el número de cartas rojas y negras que contenía la misma. En estas condiciones, la imposibilidad de calcular el riesgo de la apuesta generaba un entorno de incertidumbre en el que la calidad de la toma de decisiones se empobrecía considerablemente. En  esto contexto, el área del cerebro que se activaba era la amígdala, cuya función principal es la de percibir el miedo. El desconocimiento del futuro provoca que el cerebro rellene su vacío con la sensación de miedo, ocasionando una toma de decisiones totalmente sesgada. En el experimento se observó como los jugadores de este segundo grupo sufrían una sensación de miedo producto del desconocimiento, un miedo que impedía a la atención centrarse en la posibilidad de obtener ganancias futuras.

 

Colin Camerer demostró las profundas consecuencias que el miedo a lo desconocido genera en nuestra toma de decisiones. Experimentos posteriores, como el de Uri Gneezy, John List y George Wu, descubrieron el inquietante “efecto incertidumbre”. Éste tira por tierra la teoría clásica de la utilidad y demuestra que las decisiones no van a estar basadas en la maximización de ganancias futuras. La incertidumbre genera un miedo cuyo peso sobre nuestra toma de decisiones impide que podamos pensar en beneficios futuros, a pesar de que éstos sean, desde un punto de vista lógico, la mejor opción.

 

El mundo en el que vivimos se parece mucho más al entorno en el que jugaba el segundo grupo del experimento, un mundo de incertidumbre y desconocimiento. En ese entorno es muy normal que aflore la sensación del miedo ... y ya sabemos que ocurre cuando éste aparece.

Vivimos tiempos realmente inciertos, nadie sabe que va a pasar y practicamos el juego de especular. Es normal que la gente esté asustada, pero hay que tratar de buscar un antídoto contra el miedo, y quizás reconocerlo sea el primer paso, porque mientras éste campe a sus anchas por nuestra cabeza resultará realmente complicado salir del hoyo.

En el caso Wikileaks, es el miedo el que ha llevado a gobiernos y empresas a precipitarse en la toma de decisiones, posicionando a buena parte de la opinión pública a favor de Julian Assange. Quizás si hubiesen sido conscientes de ese miedo, y hubiesen contado hasta diez antes de actuar, la calidad de las decisiones tomadas sería mucho mejor.

010110

Submitted by rober on Tue, 29/12/2009 - 20:54

 en estas fechas la programación televisiva nos bombardea con resúmenes en imágenes de todo lo ocurrido este año que ahora termina. Desde pequeño esto es algo que siempre me ha gustado porque de un vistazo haces un repaso general del año. Quizás estos resúmenes anuales han influido en mi forma de recapitular cada año que pasa. Hago un repaso mental en imágenes de todo lo que me ha sucedido, repaso la agenda para ver aquellos hechos más reseñables, veo las entradas del blog para ver por donde ha ido mi cabeza y cómo ha evolucionado mi pensamiento.


Ahora que el 2009 se termina, es momento para hacer un resumen y a mi mente vienen tres palabras que podrían definir el 2009, según mi punto de vista: crisis, compromiso y responsabilidad.


Crisis: recuerdo la cantidad de horas que me he tirado en el teléfono charlando con amigos que se han quedado sin empleo. Auténticos dramas personales y familiares que le ponen ojos y cara a una crisis que no sólo existe en los medios de comunicación. Ésta es parte de nuestro paisaje habitual, y a lo mejor por mi trabajo en recursos humanos, es más patente el nuevo pulso que ha adoptado el mercado laboral. La crisis no servirá de nada si no nos preguntamos el por qué. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí?, cada uno tendrá una explicación y estoy seguro de que todas serán acertadas y correctas, es más, seguro que todos esos puntos de vista son complementarios. Las reglas del juego están cambiando y ahora ya no está tan claro quién tiene la sartén por el mango, algo que precipita decisiones, resta libertad a la persona y puede ser un hipoteca de futuro para aquellas organizaciones que intenten beneficiarse de esta situación.


Compromiso: Si cuando llegas a casa, tu pareja te abraza, te dice todo lo que te quiere, etc, etc, ... y acto seguido te dice que te ha sido fiel el 99,9% de las veces, ¿cómo te sentirías?. Pues así funciona el compromiso, no hay grises, es o blanco o negro, todo lo demás resta confianza, y cuando no hay confianza, es imposible que se produzca el compromiso. Este año nos han robado la confianza, nos han dejado sin ese bien tan preciado que nos ayuda a tener la necesitada esperanza para construir con mayor facilidad el día a día. Se ha gestionado en el corto plazo, con egoísmo, agotando el recurso como si este fuese infinito, jugando con bienes que no sólo pertenecen a los que deciden, endiosando personajes para acabar demostrándonos que todas las miserias humanas se habían apoderado de ellos. Y habiendo sucedido todo esto, se le vuelve a pedir a las personas que confíen ... para que esto vuelva a suceder habrá que demostrar durante un largo periodo de tiempo que las cosas han cambiado, que todo esto nos ha servido para aprender. Cuando esto suceda, es probable que aparezca de nuevo el compromiso, y cuando tengamos este preciado bien, construir será mucho más sencillo.


Responsabilidad: este año hemos demostrado que a la hora de poner culpables somos unos verdaderos especialistas. Que si los bancos, que si los gobiernos, los empresarios, los promotores, .... los hay de todos los colores y estilos, sólo depende del punto de vista del “damnificado”. Hemos llegado a criticar incluso al propio sistema, no estoy en contra de este idea, pero nos hemos olvidado que nosotros somos parte de ese sistema. Este sistema lo construimos nosotros: Los pisos que se venden son los que nosotros compramos, los créditos que otorgan los bancos son los que nosotros pedimos, los gobernantes que tenemos son los que hemos elegido, ...

Hemos olvidado que esta crisis la hemos construido nosotros mismos, criticar todo lo que nos rodea es reconocer nuestra incapacidad para controlar nuestras propias necesidades. El hedonismo nos ha llevado por una senda muy peligrosa, unido este hecho a que tenemos un sistema “sin límites”, hemos demostrado que somos incapaces de gestionar nuestra propia avaricia. 

Es evidente una falta de responsabilidad generalizada. Sin ella es difícil que podamos salir de cualquier bache. Debemos de asumir nuestras responsabilidades, ser valientes para reconocer nuestros errores y sobre todo debemos controlar nuestras ansias por querer tenerlo todo.



Hecho el resumen, es hora de los deseos para 2010: 

Como pedir es gratis, mi primer deseo tiene que ver con el tiempo. Me gustaría que nos planteásemos el uso que hacemos de nuestro acelerador vital, y en caso de ser necesario, bajar un poco la velocidad, no por dejar de hacer cosas, sino por hacerlas mejor. Ya que vivimos más años, no nos empeñemos en pisar el acelerador para tener la sensación de que vivimos lo mismo que antes, sería bonito poder disfrutar de esta vida extra que nos ha regalado la ciencia. Empezar a distribuir el tiempo de una manera inteligente, reservando un porcentaje del mismo para regalarnos a nosotros mismos, para conocernos mejor, en definitiva, para querernos.

Mi segundo deseo tiene que ver con las personas. Me gustaría un 2010 un poco más humano, donde las personas dejasen de ser medios para conseguir fines materiales. La persona debe ser el fin en sí mismo. Me da la sensación de que la persona ha perdido protagonismo en pos de la tecnología, el dinero, las cosas, ... y esto hace que la confusión generada sea muy grande. Muchas veces en el blog hablo de ser feliz en el trabajo y mucha gente puede llegar a criticar la idea por considerarla ilusa .... quizás esa crítica sea debida a la creencia generalizada de que la persona no es más que una herramienta organizativa. Pensemos en las personas!!!.

Y mi tercer y último deseo es apostar por la responsabilidad. Tenemos que pararnos a pensar en cómo afecta lo que hacemos a lo que nos rodea. Seguir creyendo que nosotros no tenemos nada que ver con lo que nos pasa es una manera poco sutil de echar balones fuera. Es reconocer que somos un cero a la izquierda, y yo preguntaría ¿quién está dispuesto a reconocer que no es importante?, ¿quién admite que nada de lo que hace sirve para algo?. Como esto no suele ocurrir, es tiempo de pensar en asumir nuestra responsabilidad, de decidir que “de mi depende”.



El 2009 ha sido una año complicado, pero esa será la gran ventaja que tendremos en 2010, este año que entra será un buen año para construir. Aprendamos de los errores pasados y centrémonos a la hora de diseñar esa nueva realidad que las circunstancias reclaman. El reloj empieza a contar el 01/01/10.


Espero que tengas un feliz año y que podamos seguir “viéndonos” por este corner.

fractales, matrioskas y la crisis

Submitted by rober on Fri, 19/06/2009 - 00:14

 la geometría surgió como una necesidad humana por entender el cosmos, un cosmos que se suponía como un todo ordenado. Poco a poco se comenzó a comprobar que esto no era así. Surgió la teoría del caos para demostrar que ese orden era ilusorio y, en este proceso, aparecieron otras ramas de la geometría que convirtieron esta ciencia en la encargada de medir el espacio entre el orden y el caos. Una de estas ramas es la geometría fractal. Se denomina fractal al objeto semi geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Líneas de costa, nubes, árboles, copos de nieve, flores, ... son ejemplos de estructuras fractales en la naturaleza.


La geometría fractal puede aportar una nueva forma de entender la situación de crisis que vivimos. ¿Y cómo es esto?. Para explicarlo voy a utilizar como base las matrioskas rusas (figuras huecas que en su interior albergan figuras idénticas de un tamaño menor) 


Partimos de una crisis global, un hecho de entidad mayor que afecta a todos. Ésta, al igual que las matrioskas, alberga en su interior otras crisis con la misma forma pero de tamaño menor, por ejemplo, los problemas económicos de las macro organizaciones. Los problemas de estas macro organizaciones suponen a su vez, crisis de la misma forma, pero de tamaño menor, que afectan a empresas subsidiarias de estos gigantes. Como si de las matrioskas se tratase, la crisis se va replicando a escalas cada vez inferiores hasta llegar al individuo.


Y así es la realidad. Una gran crisis, que por desgracia, tiene la misma forma que los millones de dramas personales que le dan contenido. Lo grande y lo pequeño unido por un factor común. 


La pregunta es: ¿la solución a dicha situación es también fractal?, ¿por donde empieza; por lo grande o por lo pequeño?. Los gobiernos, de todos los colores y formas, se esfuerzan por hacernos creer que ellos tienen la llave de la puerta por donde se irán todos los problemas ... pero yo planteo el camino inverso, a lo mejor la solución la tenemos todos y cada uno de nosotros. Comenzando por solucionar esas “pequeñas crisis” personales para poco a poco ir haciendo que la gran crisis desaparezca.


Veía esta semana un vídeo elaborado por innopersonas que planteaba 10 palabras para sobrevivir a la crisis: observa, conversa, desarrollarte, atrévete, adelante!!, cuestiona, innova, siente, disfruta y cambia. Me quedo con todos y cada uno de estos consejos, porque a lo mejor son el comienzo para solucionar esta crisis fractal. De lo que desde luego estoy seguro, es que si no hacemos nada hoy, mañana lo vamos a pagar.


 

Podemos solucionar esta crisis de una manera diferente. Si hacemos la cosas de otra forma, el resultado será diferente, nuestro trabajo será diferente, las empresas serán diferentes, los valores serán diferentes, los beneficios serán diferentes, ... podría ser una revolución silenciosa que provocase un necesario cambio de tendencia.

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