libros recomendados

la buena educación

Submitted by rober on Sat, 12/02/2011 - 02:27

acabo de leer uno de esos libros que te elevan el espíritu. Se trata de Marva Collins´ Way (sólo existe en inglés), la inspiradora historia de una ferviente creyente en el ser humano y sus capacidades. Marva es bien conocida por sus resultados en el mundo de la educación, estos se podrían resumir en la construcción de personas descartadas por el sistema educativo norteamericano, en estudiantes brillantes conscientes de sus posibilidades y potencial. El libro es una biografía que resume su camino hasta convertirse en una referencia a nivel mundial en sus métodos de enseñanza.

El principio básico de Marva Collins es el amor por los niños. Creer en ellos lejos de etiquetas, diagnósticos previos, comportamientos pasados,... A lo largo del libro relata cómo en múltiples ocasiones los niños son repudiados por el sistema al ser tachados como hiperactivos, sufrir todo tipo de desórdenes psicológicos,... este hecho construye reputaciones que se heredan de centro en centro haciendo que los chavales nunca puedan llegar a adquirir las capacidades básicas de su edad. El sistema los convierte en “no válidos”. 

Los métodos de Marva obvian esta información y trabajan desde el punto en el que se encuentra el niño, generalmente, y debido a su historial, niños conflictivos con graves problemas intelectuales y sociales. La historia de su hazaña consiste en cambiar esta creencia, en descartar ideas preconcebidas, en la mayoría de los casos de manera errónea, y demostrar que a través del amor, por los niños y por su profesión, se pueden conseguir resultados realmente espectaculares.

 

Su historia sigue una serie de pasos que considero fundamentales en la construcción de las personas, y ya no sólo hablo de los niños, estos principios son totalmente necesarios en empresas y todo tipo de instituciones. La palabra que mejor resume su trabajo es la confianza, la confianza en varias versiones, primero la confianza del profesor hacia el alumno, creer en sus posibilidades y capacidades, pero también la confianza del niño en sí mismo. Generalmente, estos niños carecen de la misma debido a los diferentes palos que han ido sufriendo en su corta vida. Construir el amor por uno mismo y la autoconfianza en sus posibilidades convierte a un niño indefenso en un ciudadano del mundo.

El error es otro bloque fundamental en los principios de Marva, niños acostumbrados a ser castigados cada vez que cometen un error los convierte en seres encerrados en ellos mismos que les impiden salir y experimentar en un mundo lleno de fallos e imperfecciones. El error no se corrige el día del examen, el error es una oportunidad para saber qué es lo que no entiendes y aprovechar ese momento para trabajarlo. Retrasar esa oportunidad convierte esa ventaja en una ineficiencia del sistema.

Como visionaria, ya en los años 70 Marva Collins creía en el modelo 3.0 basado en la individualización,  trabaja en clases con niños de diferentes edades y niveles formativos, y tiene claro desde el minuto uno que cada uno de ellos tiene que hacer tareas diferentes, leer libros diferentes y ser evaluado de manera diferente. Estandarizar anula la grandeza del individuo convirtiéndolo en un número que oculta su potencial e intereses.

Las materias no son islas. Cuando aprenden a leer, aprenden historia, la historia les lleva a la geografía que a su vez les permite entender las matemáticas. Todo está relacionado, nada existe en un mundo único. Un mundo donde no se evita las grandes realidades del ser humano: la venganza, los celos, el asesinato,... realidades sociales que no se ocultan, todo lo contrario, se utiliza a Shakespeare, Aristóteles, Nietzsche,... y muchos otros para entender y debatir el porqué de lo que sucede en el mundo. Creer que un niño no va a entender estas lecturas es otra forma de limitar su aprendizaje. Lo que Marva consigue es hacerles entender el trasfondo de las historias, sus mensajes y las lecciones que de ellas se desprenden.

 

Las ideas que se obtienen de la lectura de este libro son innumerables. Debería ser una lectura obligatoria para todos los profesores de nuestro sistema educativo, pero también para padres y managers que tengan personas bajo su responsabilidad. Todos ellos tienen el deber de ayudar a la persona a descubrir sus grandezas, a multiplicar sus capacidades y a encontrar su lugar en este mundo. Sé que no es tarea fácil, pero con pensar que es difícil nos quedamos donde estamos.

más es menos

Submitted by rober on Thu, 20/05/2010 - 22:56

  el libro de Barry Schwartz, Por qué mas es menos: la tiranía de la abundancia, presenta un mensaje muy interesante: cuanto más tenemos menos libres somos. La tiranía de la riqueza nos obliga a convertir en confort cosas que no lo son. Hemos llegado a un punto en el que tenemos tantas opciones donde escoger que este hecho se ha convertido en un tormento moderno. El castigo del “y si ....”, el veneno del “qué dirán ....” o el cáncer de “es que fulano tiene...” hacen que suframos los efectos de la cinta de correr: correr, correr y correr para desgastar nuestras energías en un esfuerzo inútil que nos conduce a ninguna parte.


El mensaje de este libro es muy potente. Es un mensaje a tener en cuenta en nuestra sociedad. Un mensaje para padres, educadores, políticos y empresas. Hemos estado caminando mucho tiempo por un camino equivocado. Creíamos que dar, que presentar mil opciones, que ofrecer mil productos, eran sinónimo de libertad; pues la ciencia nos invita a pensar que esta idea es contraproducente. Lejos de incrementar nuestra libertad, la multiplicidad de opciones nos ha sacado de una pecera en la que conocíamos los límites, en la que tener unas fronteras nos permitía invertir el tiempo en lo realmente interesante: estar con los demás. Salir de la pecera nos deja solos en un océano de posibilidades que consumen cantidades de nuestro tiempo enormes. Tiempo que no podemos dedicar a cuestiones que en el pasado nos hacían sentir bien. Este proceso provoca que perdamos parte del control sobre nuestras vidas. Vivimos la gran herencia de nuestros antepasados, su trabajo y esfuerzo nos han traído al mejor momento de la historia de la humanidad y nosotros no hemos sabido entenderlo de la forma correcta. Nuestra psicología es imperfecta y tiene estas cosas.


En lo que a las empresas se refiere, ellas son parte de los receptores de este mensaje. ¿Cuánto de lo que vivimos no es culpa de ellas?. Parece que las empresas, al igual que nuestros antepasados, nos han dado un montón de cosas que antes no teníamos y todo esto parece que nos ha hecho más infelices. ¿Culpa de la persona?, ¿culpa de la empresa?. No me atrevería a responder a esta pregunta, lo que sí sé es que tenemos un problema.

La creencia de que darle muchas cosas a un niño hace que este las valore menos está bastante popularizada. Las sueles escuchar a los padres de las criaturas. El sentido común nos invita a pensar que si lo dicen será por algo. Entonces, si lo sabemos, ¿por qué nos empeñamos en lo contrario?.


Seguro de vida, cheque restaurante, cheque guardería, plan de retribución flexible, cheque informático, horario flexible, jornada de verano, catálogo de formación, .... y tantos productos como quieras. Esta es la retahíla de cosas que te puedes encontrar en muchas empresas afortunadas. Una infinidad de opciones para ser infeliz. ¿Alguna vez has pensado que cuanto más tenemos, más queremos?: el piso se me queda pequeño, el coche no es lo suficientemente potente, las vacaciones no son lo suficientemente exóticas ó en mi trabajo no me ofrecen tal cosa. Detrás de estas ideas se esconde la incertidumbre que genera la multiplicidad de opciones. Tengo jornada de verano, horario flexible, licencias para todo, .... pero me falta poder escoger los días de vacaciones cuando me da la gana; y el pensamiento puede llegar a ser: “ .... es que en mi empresa no puedo coger las vacaciones cuando me da la gana...”. ¿Por qué?, según el profesor Schwartz todas esas opciones las convertimos en confort, ya no son un motivador, dejan de serlo a los pocos meses de formar parte de nuestras vidas. Cuando nos acostumbramos a las cosas pasamos a convertirlas en el suelo sobre el que volvemos a evaluar. 


Se ofrecen demasiadas opciones. Me da la sensación de que poca gente piensa en el significado y la utilidad a la hora de diseñar la oferta de opciones de la que disponemos. La multiplicidad nos bloquea, dificulta la toma de decisiones, y cuando las tomamos, todas las opciones descartadas nos castigan recordándonos que nos hemos equivocado. Eso nos frustra y no nos permite disfrutar aquello por lo que hemos apostado. Se podría definir como el castigo de tener mucho, maximizadores que buscan la satisfacción inmediata de placeres cortoplacistas perfectos.


Aquellos que tenemos la responsabilidad de construir esos paquetes de ofertas deberíamos dejar de ser administradores para convertirnos en diseñadores. Administrar es fácil, lo realmente difícil es diseñar. Ser capaces de dibujar ideas que le hagan la vida mucho más fácil a la gente. ¿Parece que lleva asociado poco trabajo?, pues todo lo contrario. Estos diseñadores piensan en la utilidad que va a tener el producto, en el significado dentro del contexto en el que se encuentra. Sin duda un trabajo fruto de complicados procesos intelectuales, nada de funciones repetitivas y simples.

Imagínate poder diseñar ideas que hagan a la gente más feliz en su trabajo, a caso ¿no es eso la mayor felicidad?. 

 

cuando el trabajo es una tortura

Submitted by rober on Thu, 12/11/2009 - 00:01

 estos días el mundo celebra la caída del muro del Berlín. El final de una época muy convulsa que marcó con letras de fuego la historia de la humanidad.

Recuerdos de aquella época son los gulags, acrónimo utilizado para dar nombre a los campos de concentración situados en la fría estepa siberiana, donde se recluían a presos políticos e individuos contrarios al régimen imperante. Aquellos centros no sólo privaban de libertad a los que allí se encontraban, entre sus objetivos también se encontraba la tortura como castigo  a una forma diferente de pensar.

Una de estas torturas consistía en hacer cavar hoyos a los presos. Cada día, su jornada consistía en invertir las mañana en cavar, y las tardes en cubrir de tierra el trabajo hecho por la mañana. De esta manera, los carceleros le robaban a la persona una de sus bienes más preciados: la esperanza. Esta rutina provocaba que la persona fuera perdiendo poco a poco cualquier atisbo de ver la luz al final del túnel y cuando esto ocurría, la esperanza de vida disminuía considerablemente.


Esta idea es reforzada por las vivencias narradas por Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”. En este libro, el autor describe sus experiencias en los campos de concentración nazis. Según Frankl, había dos tipos de personas, las que sobrevivían a aquel infierno y las que no. La diferencia no estaba determinada por factores como la fortaleza física o la salud, lo que realmente los diferenciaba era la esperanza. Aquellos que albergaban esperanza en el futuro tenían muchas más probabilidades de sobrevivir.


Todo esto hace que me pregunte por qué puede haber personas que puedan llegar a considerar su trabajo como una tortura, ¿puede ser que esas prácticas de los gulags sigan presentes en nuestras organizaciones?.

En la mente de todos están casos contados o vividos de personas que deambulan por las empresas con cargas de trabajo “muy ligeras”. El sentido común indica que este tipo de posiciones deberían ser amortizadas. Lo que ocurre, es que este tipo de medidas son muy impopulares y está mejor visto cargar a estos individuos con tareas sin sentido. Lo importante es que parezcan muy liados, de esta manera se dificulta la toma de la decisión. Flaco favor!!!. 

Quien considere esto como una medida “social” me gustaría que pensase en los gulags y aquellas personas cavando y tapando el mismo hoyo una y otra vez. A las personas que sufren esta tortura moderna las despojamos de la ilusión y ganas por querer hacer las cosas. Cada día será un suplicio y levantarse de la cama cada mañana para ir a trabajar un esfuerzo titánico. La diferencia entre ellos y los presos de los gulags, es que hoy en día el “torturado” puede pedir una baja, o lo que es peor, que se dé de baja mental y acabe siendo el foco de un mal clima laboral.


Cuando las organizaciones se convierten en cárceles mentales, lo único que dejan patente es la mala calidad directiva que poseen. Este tipo de situaciones se suelen dar en empresas donde se fomenta un liderazgo cobarde, donde tomar decisiones impopulares está mal visto y donde no está muy claro cuál es el objetivo fundamental del negocio.


Al igual que tengo claro que la fe mueve montañas, no me cabe duda que su ausencia puede hundirlas. 

Los gulags pasaron a la historia negra de la humanidad y las empresas que no sean capaces de dotar de sentido y significado al trabajo de sus profesionales también pasaran a la historia.

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