Ahí va un caso práctico, a ver qué soluciones se os ocurren:
Érase una vez una compañía dedicada a la prestación de servicios sociales que tenía en su haber un bagaje de algo menos de 20 años. En este tiempo había crecido hasta convertirse en un claro referente del sector, especialmente en la Comunidad Autónoma en la que desarrollaba su Misión.
Esta entidad creó una filial cuyo crecimiento fue tan precipitado como la matriz pero a diferencia de ésta la filial cayó en manos de un Director General que no supo implantar criterios empresariales serios para su gestión. El "ordeno y mando" y el "por mi tiene que pasar absolutamente todo" eran las características habituales del estilo de dirección de esta persona.
En un momento dado, la entidad matriz cuenta con sistemas de gestión de calidad, plan estratégico y otros elementos organizativos propios de una entidad profesional del siglo XXI. La filial que económicamente va sobreviviendo, llega al punto de no compartir en absoluto la cultura corporativa de su entidad madre. En este momento, los directivos de ésta que en el fondo son los máximos responsables de la filial, se plantean pisar el freno para reflexionar sobre lo que está ocurriendo.
Un consultor externo hace una evaluación general y concluye afirmando que hai una falta de confianza total de la mayor parte del Consejo de Administración hacia el Director General de la filial y de éste con los otros.
Lo lógico, llegado este momento, parece que sería despedir a este Director General pero ya que éste cuenta con la confianza del Presidente y ha sabido resolver con éxito pequeños y puntuales problemas, se intenta hacer un intento de que ambas partes recuperen la confianza.
Yo me pregunto:
- ¿Es posible recuperar la confianza llegado este punto?
- Cuando una de las partes carece por completo de capacidad empática y de habilidades directivas ¿hay esperanza?
Bueno, espero no haberme extendido demasiado. Ciertamente faltarán datos para que vuestra contestación pueda estar bien argumentada. En todo caso, si he conseguido despertar vuestra curiosidad, siempre os puedo invitar a un café para hablar largo y tendido... :-)
David, tus comentarios siempre despiertan mi curiosidad. Y como siempre, parece que soy el único que me atrevo a contestarte ;-). No obstante, gracias por utilizar este foro como lugar de debate de casos prácticos tan interesantes.
Desde mi punto de vista hay una palabra que creo podrá responder a tu primera pregunta: "si hay duda, no hay duda". Cuando nos estamos preguntando si esta persona merece la pena o no, quizás sea evidente que todo está bastante deteriorado ya. Cuando alguien rompe una relación de confianza es muy complicado recuperarla, por muchos que sean los esfuerzos la duda siempre está ahí ... y eso pesa como una losa.
Para mi la confianza es una condición necesaria, si no la hay, da igual que haya empatía o no. En el caso de que haya confianza pero no haya empatía hay una posibilidad, pero supone un gran esfuerzo que obliga a plantearse si merece la pena o no asumirlo. Esta posibilidad consiste en que una de las partes asuma el enorme esfuerzo de estar constantemente intentando entender como es la otra parte, para poder influir de alguna manera en su opinión y así poder llegar a entenderse. Como te decía, esto se puede asumir a corto plazo, pero a largo plazo resulta insostenible y muy cansado. Si a esto le sumamos la ausencia de liderazgo, la mezcla es garantía segura de fracaso.
Esa es mi humilde opinión. Espero te ayude, pero como dices, acepto ese café y charlamos del tema cuando quieras.
Comments
Interesante esto de la Permalink
Submitted by DS. on Wed, 26/11/2008 - 21:34
Interesante esto de la confianza.
Ahí va un caso práctico, a ver qué soluciones se os ocurren:
Érase una vez una compañía dedicada a la prestación de servicios sociales que tenía en su haber un bagaje de algo menos de 20 años. En este tiempo había crecido hasta convertirse en un claro referente del sector, especialmente en la Comunidad Autónoma en la que desarrollaba su Misión.
Esta entidad creó una filial cuyo crecimiento fue tan precipitado como la matriz pero a diferencia de ésta la filial cayó en manos de un Director General que no supo implantar criterios empresariales serios para su gestión. El "ordeno y mando" y el "por mi tiene que pasar absolutamente todo" eran las características habituales del estilo de dirección de esta persona.
En un momento dado, la entidad matriz cuenta con sistemas de gestión de calidad, plan estratégico y otros elementos organizativos propios de una entidad profesional del siglo XXI. La filial que económicamente va sobreviviendo, llega al punto de no compartir en absoluto la cultura corporativa de su entidad madre. En este momento, los directivos de ésta que en el fondo son los máximos responsables de la filial, se plantean pisar el freno para reflexionar sobre lo que está ocurriendo.
Un consultor externo hace una evaluación general y concluye afirmando que hai una falta de confianza total de la mayor parte del Consejo de Administración hacia el Director General de la filial y de éste con los otros.
Lo lógico, llegado este momento, parece que sería despedir a este Director General pero ya que éste cuenta con la confianza del Presidente y ha sabido resolver con éxito pequeños y puntuales problemas, se intenta hacer un intento de que ambas partes recuperen la confianza.
Yo me pregunto:
- ¿Es posible recuperar la confianza llegado este punto?
- Cuando una de las partes carece por completo de capacidad empática y de habilidades directivas ¿hay esperanza?
Bueno, espero no haberme extendido demasiado. Ciertamente faltarán datos para que vuestra contestación pueda estar bien argumentada. En todo caso, si he conseguido despertar vuestra curiosidad, siempre os puedo invitar a un café para hablar largo y tendido... :-)
Saludos!!
DS.
David, tus comentarios Permalink
Submitted by rober on Fri, 28/11/2008 - 13:59
David, tus comentarios siempre despiertan mi curiosidad. Y como siempre, parece que soy el único que me atrevo a contestarte ;-). No obstante, gracias por utilizar este foro como lugar de debate de casos prácticos tan interesantes.
Desde mi punto de vista hay una palabra que creo podrá responder a tu primera pregunta: "si hay duda, no hay duda". Cuando nos estamos preguntando si esta persona merece la pena o no, quizás sea evidente que todo está bastante deteriorado ya. Cuando alguien rompe una relación de confianza es muy complicado recuperarla, por muchos que sean los esfuerzos la duda siempre está ahí ... y eso pesa como una losa.
Para mi la confianza es una condición necesaria, si no la hay, da igual que haya empatía o no. En el caso de que haya confianza pero no haya empatía hay una posibilidad, pero supone un gran esfuerzo que obliga a plantearse si merece la pena o no asumirlo. Esta posibilidad consiste en que una de las partes asuma el enorme esfuerzo de estar constantemente intentando entender como es la otra parte, para poder influir de alguna manera en su opinión y así poder llegar a entenderse. Como te decía, esto se puede asumir a corto plazo, pero a largo plazo resulta insostenible y muy cansado. Si a esto le sumamos la ausencia de liderazgo, la mezcla es garantía segura de fracaso.
Esa es mi humilde opinión. Espero te ayude, pero como dices, acepto ese café y charlamos del tema cuando quieras.