liderazgo
hace ya algún tiempo leí un artículo de Peter Bregman que volvió a mi memoria el otro día mientras caminaba hacia el trabajo. Mi oficina está justo al lado de una fundación de personas invidentes. Cada mañana, una furgoneta los recoge para llevarlos a sus respectivos trabajos.
Ese día una de estas personas, mientras se dirigía a la furgoneta, resbaló y se cayó al suelo. El conductor de la furgoneta ni se inmutó. Varias personas corrimos para ayudar. Entre todos levantamos a aquel hombre y lo acercamos a la furgoneta. El conductor, tranquilo, bajó la ventanilla y nos dio las gracias.
Me fui pensando en ello, ¿por qué aquel conductor no se había movido para hacer un poco mejor su trabajo?, ¿por qué reaccionó de aquella manera a lo sucedido?. Tratando de buscar la respuesta, vino a mi memoria la pregunta que leí en el artículo de Bregman: ¿a ver si va a ser porque le pagan por ello?. Quizás ahí resida la respuesta. Tres personas a los que aquello no nos importaba, reaccionamos para actuar como si nos fuera la vida en ello; mientras que quien recibe una remuneración por ese trabajo actúa con pasividad.
Peter Bregman habla de que las personas vivimos nuestras vidas como si fueran historias. Pensamos en ellas como sucesos en los que nosotros somos el personaje principal. Este personaje busca las características que su dueño sueña. De esta manera nos vemos como aventureros, deportistas, grandes profesionales, madres y padres de familia excepcionales, poseedores de la verdad absoluta,... todas estas características hacen que busquemos el camino que las refuerza. Esa es la base de nuestras motivaciones, y por tanto, de nuestras decisiones. Reaccionamos a todo aquello que refuerza nuestra historia.
¿Por qué tres extraños reaccionamos de aquella manera cuando la persona invidente se cayó al suelo?. Realmente aquel hecho reforzaba nuestras historias personales. Pensábamos: ¿qué tipo de persona sería si no ayudase a aquel hombre?. Esa pregunta fue el motivo de nuestra reacción. Mientras tanto, el conductor, absorto en la cotidianidad de la situación, no veía que aquello reforzase su historia. Hubiese sido distinto si alguien acercándose a la furgoneta, le pregunta: ¿es usted el tipo de profesional que deja que una persona minusválida se caiga al suelo sin recibir su ayuda?. En ese caso le hubiésemos recordado su historia y la decisión hubiese sido diferente.
Las historias personales le dan forma a nuestra vida. En base a ellas construimos una imagen que las refuerza. Si algo no le conviene a la historia, se deja. Así funciona la motivación. Hacemos cosas que nos gustan a pesar de todas las dificultades, mientras que las que no nos gustan las desechamos.
La motivación o la negociación resultan más asequibles cuando se piensa en estos términos. Conocer la historia de nuestro interlocutor facilita mucho las cosas. Si sabemos cómo ve su vida, qué es aquello a lo que le da importancia y a lo que se la quita, resultará sencillo hacerle ver lo que queremos que vea a través de su prisma.
Puede ocurrir que haya historias personales que busquen la agresividad, la soledad, la impopularidad, el conflicto,... en estos casos el tema cambia. Si estas historias son de gente que tiene que motivar a otra, el resultado no parece que vaya a ser muy bueno.
Lo verdaderos líderes, los líderes de verdad, son aquellos que buscan las historias personales. Los que las aprecian como lo que son, historias. No ven cotilleos ni puntos débiles, sólo ven una puerta abierta hacia la motivación del individuo. Un mapa que conduce a la fórmula de la motivación.
El buen líder se da cuenta de la unicidad de cada historia. Saberlo, otorga el don de la empatía, el de la generosidad, el de la escucha, el de inspirar. Actuar individualmente para gestionar globalmente.
¿Sabes cuál es tu historia?, ¿y la de los que te rodean?.
dar por sentado cuestiones relativas a nuestras habilidades y a las habilidades de otras personas es un hábito común que nos permite entender los comportamientos de nuestros semejantes. Es una acceso directo, un atajo al entendimiento emocional.
Pero esto, como todo lo que se da por hecho, debe ser cuestionado, porque las posibilidades de equivocarnos son enormes. Un buen ejemplo para comprobarlo es preguntar por el número de sentidos que tenemos. Creo que estaremos todos de acuerdo en que la mayoría de la gente diría que tenemos 5 sentidos: gusto, tacto, olfato, vista y oído. Pero qué tal si introducimos un nuevo sentido que la antropóloga Kathryn Linn Geurts descubrió en un pequeño poblado de Ghana: el sentido del equilibrio. ¿Y si a esto le añadimos otros 4 sentidos?: el de la temperatura (termocepción), el del dolor (nocicepción), el vestibular (equilibriocepción) y el kinestésico (propiocepción).
Como se puede ver en este sencillo ejemplo, la realidad no siempre es lo que parece. La duda, el no dar nada por hecho, puede ser una buena manera de no equivocarnos, y es más recomendable todavía cuando hablamos de personas.
Resulta de suma facilidad dar por supuesto cosas que muchas veces no son lo que parecen. A este respecto, hay una “creencia” que siempre me ha llamado la atención, se trata de un slogan común en las empresas: “la soledad del líder”. ¿Es que a los líderes les gusta estar solos?, ¿ser líder significa que la gente te rehuya?, ¿por qué?. El ser humano es un ser social, por lo que la soledad forzosa puede resultar muy dolorosa, y es evidente que la gente no quiere sufrir. Entonces ¿de donde viene esta idea?.
No creo que a los líderes les guste sentirse solos, pero es cierto que hay determinados “líderes” con los que la gente no quiere estar. Pensando en ello se me ocurre que la diferencia puede estar entre la autoridad y el poder. La primera se gana, el segundo te lo dan. Cuando se gana la primera el segundo viene dado, el problema surge cuando alguien tiene poder pero carece de la autoridad y respeto de su equipo. Si no nos merecemos la autoridad y sólo tenemos el poder, es probable que comience el camino hacia la soledad del líder. Líderes que deben protegerse de su falta de autoridad comienzan a necesitar un entorno de refuerzo a su modelo de liderazgo. De una manera casi inconsciente, inducen a la gente de sus equipos a que le digan lo que necesitan escuchar. Comienzan así a construir una gran mentira. Un mundo que sólo él ve y que los que le rodean construyen a su gusto. Todos viven fuera de ese mundo, excepto el líder. Este tipo de líderes viven engañados, ajenos a la realidad, pendientes de sus deseos y necesidades, totalmente desconocedores de la realidad que le rodea, con una incapacidad enfermiza para interactuar con su entorno, para entenderlo. Pero estos mundos son caducos, duran tanto como el poder que ostenta su habitante, cuando este se acaba, el mundo se desvanece bajo sus pies. Lo único que perdura es la soledad. Una soledad que ellos mismos han buscado. Una mentira autoimpuesta ... todo esto me recuerda una película: el show de Truman. Gente que vive en mundos maravillosos, donde todo es idílico, donde son los protagonistas, los mejores, los más guapos, ...
El autodiagnóstico es importante. Planteo algunas preguntas para que podamos evaluar si sufrimos la soledad del líder: ¿la gente de tu equipo siempre te da la razón?, ¿siempre son tus ideas las que se llevan a cabo?, ¿desconoces los sentimientos o estados de ánimo de los miembros de tu equipo?, ¿no sabes nada de sus realidades personales?, ¿expresas los resultados del equipo en primera persona?, ¿reconoces y felicitas el trabajo de otros?, ¿ves un poco más allá de tu ombligo?, ¿te gusta escuchar y respetas las opiniones de otros?, .... y muchas otras que seguro que se os ocurren.
Hay muchas maneras de descubrir este engaño, y la más sencilla es preguntar. Pero lo que ocurre es que a este tipo de personas les da miedo preguntar, y eso puede ser porque de una manera u otra saben que todo lo que viven es una mentira. Preguntar podría suponer el final de esa ilusión, porque es eso: sólo una ilusión.
Con lo cual, eso de la soledad del líder es sólo un mito. Se trata de una soledad voluntaria, ellos mismos se aíslan del mundo que les rodea, el miedo y sus inseguridades le llevan por este camino. Los líderes que se ganan la autoridad y el poder nunca estarán solos, todo lo contrario, tendrán un gran número de personas que querrán trabajar con ellos.
de la última entrada ha surgido una interesante pregunta que creo que se merece una reflexión. En el post anterior hablábamos del picking list, y el planteamiento analizaba este comportamiento desde un punto de vista eminentemente jerárquico; nada más lejos de la realidad. El picking list es algo que se produce en todas las direcciones y en todos los ámbitos. No tiene porque suceder solamente en el trabajo; la familia, los amigos, las aficiones, ... o cualquier sistema que incluya personas estará sometido a las tensiones del picking list. Pensando en ello, y tratando de responder a cuáles son los efectos entre pares, me venía una vez más a la cabeza el fantástico mundo animal.
Pensaba en esos documentales de naturaleza que suelen poner en televisión. A lo largo de mi vida he ido viendo un patrón que se repite independientemente de la especie animal. Se trata de la supremacía de uno de los animales sobre el resto de la manada, la necesidad de un líder, un referente de protección y seguridad que aporta al grupo el equilibrio necesario para su supervivencia. Leones, gorilas, hormigas, elefantes, ... siempre hay un individuo dentro de la comunidad que lleva la voz cantante. Los procesos de selección suelen ser crueles y encarnizados, pero el resultado es respetado por todos, incluido los “perdedores”.
Esta explicación viene a cuento porque permite analizar la componente evolutiva del picking list. Desde el principio de los tiempos, los animales buscan un líder al que seguir, que les provea de comida, refugio, seguridad, ... esta cuestión evolutiva no es ajena al ser humano, quien la ha vivido desde el principio de su existencia. De alguna manera, ésta forma parte de nuestro código genético y se reproduce de forma natural y semiinconsciente en nuestras relaciones.
Pero el picking list tiene una componente no evolutiva que tiene mucho que ver con emociones y sentimientos (envidia, celos, rabia, ego, vanidad, ...), y poco que ver con esos genes que hemos heredado de nuestros parientes de las cavernas. Cuando este picking list sale a relucir es fácil diferenciarlo respecto al otro: rezuma artificialidad.
Al igual que los animales en la sabana, cuando las personas se ven sometidas al picking list evolutivo, aceptan la realidad. ¿Y cuál es la realidad?, la realidad es que el más fuerte, el más preparado, el más hábil, el más listo, el más ... será el que gane en esta “competición”. El resto aceptará el resultado, sin que ello suponga trauma alguno, es más, disfrutará de las ventajas que le aporte el resultado de dicha competición. Pero a diferencia de los animales, nosotros padecemos ese picking list artificial que no nos deja asumir ese resultado con deportividad y lo único que provoca es sufrimiento. Es como un boicot a los designios de la naturaleza, es como llevarle la contraria a la evidencia, es ponerle barreras al mar.
Si quien sufre este boicot cede a presiones externas, le estará dando la razón a la mediocridad de otros, lo cual le hará injusto merecedor de tal privilegio. Siempre va a existir un gap entre las personas, los que ostentan las primeras posiciones del picking list sufrirán ataques del resto de individuos con los que compitan en dicha lista. El secreto consiste en entender que estos ataques son espejismos que hacen que confundamos cuestiones evolutivas con perversas construcciones de nuestra mente.
el mundo animal siempre es un buen campo de estudio para tratar de entender el comportamiento humano. Se suele trabajar con primates, por ser estos los más próximos a la persona en la cadena de la evolución, pero hay muchos otros, como las gallinas, que son menos comunes pero que nos ayudan a entender cómo se comportan las personas en determinados sistemas.
Observar un gallinero es introducirse en un sistema jerárquico muy curioso. Entre las gallinas hay unas que tienen más rango que otras. El rango queda patente por los picotazos; aquellas que tienen más rango se pueden permitir picotear a las de rango inferior. Los gallos son tema a parte, ellos picotean a cualquier gallina y conforman un sistema jerárquico diferente.
El funcionamiento de este sistema se hace patente cuando se alimentan, de una manera natural las que tienen mayor rango son las primeras en acceder a la comida. Las siguientes se acercan tímidamente con el riesgo de recibir algún picotazo, y así sucesivamente. Las gallinas de menor rango son las últimas en acceder al alimento y es fácil distinguirlas porque suelen ser las que menos plumaje tienen, consecuencia de los picotazos del resto de gallinas de rango superior.
Observando este sistema de comportamiento me vienen a la mente culturas corporativas donde el modelo de funcionamiento es similar. Un sistema jerárquico donde la muestra de galones se basa en recordarle al otro que puede recibir un “picotazo” si no se hace lo que el rango superior desea. Este tipo de culturas, al igual que en el mundo del gallinero, provoca que los más débiles no dejen de serlo a base de incidir de una manera directa sobre su autoestima. A base de picotazos y collejas la persona pierde la fe en sí misma asumiendo un papel totalmente secundario, de cero a la izquierda, cuya única aportación es cumplir los deseos de otros. Es obvio el cáncer que este tipo de organizaciones supone para la creatividad y/o la innovación.
Este sistema ocurre con las gallinas, pero ¿qué sucede con los gallos?. No nos podemos olvidar de que en el gallinero también hay gallos. Entre ellos el sistema es diferente, y básicamente consiste en medir el número de gallinas que son capaces de descrestar. Por motivo de ello ocurren las luchas más encarnizadas. Mientras lo escribo pienso en la reproducción exacta de este tipo de comportamiento en las compañías, donde las gallinas son los empleados y los gallos los responsables de los mismos.
Me vienen a la cabeza frases del estilo: “... lo míos”, “... Fulano es mío”, “... porque yo sé lo que necesita Citano”, “Mengano, aquí se hace lo que yo digo”, ... y otras frases que muestran esa ansía del gallo por demostrar que tiene muchas gallinas en su “rebaño”. Ya hemos hablado de los líderes paternalistas, pero esto va un poco más allá. Se trata de una manera de demostrar la valía a través de algo tan pernicioso como someter a la gente a mis deseos, matando la capacidad de los mismos para aportar. Es lo que se llama el picking list.
El picking list tiene otros efectos adversos aparte de los evidentes. Para ello me voy al primer principio de la termodinámica que explica como la energía no se crea ni se destruye, simplemente se transforma ...
El picking list es como el primer principio de la termodinámica. La energía que es capaz de generar uno de estos gallos no se transforma en nuevas ideas, decisiones acertadas, generosidad con el equipo, aportaciones brillantes, ... lo que sucede es que esa energía termina convirtiéndose en una pérdida de tiempo y recursos. En esas disputas por demostrar quien tiene más poder se pierden ideas, trabajo, ilusión, compromiso, ganas, ... un alto coste que lo único que compra es “poder” del malo.
Es evidente que el ser humano no es como las gallinas. Las personas poseen la capacidad de destacar sin necesidad de hundir a otros. Entonces, ¿por qué se da ese modelo de comportamiento?. En mi humilde opinión, me parece una muestra clara de mediocridad humana, de liderazgo rancio y podrido, cuya fecha de caducidad ya ha pasado hace tiempo y que su vigencia no tiene ningún sentido. Existe porque las inercias son difíciles de parar, pero paran.
Por contra, el buen líder es aquel que no necesita “picotear” a los demás, su valía es capaz de hacer que los demás los respeten por quien es, no por lo que es. Ese es, sin duda, uno de los rasgos de la grandeza de un líder.
en estas fechas la programación televisiva nos bombardea con resúmenes en imágenes de todo lo ocurrido este año que ahora termina. Desde pequeño esto es algo que siempre me ha gustado porque de un vistazo haces un repaso general del año. Quizás estos resúmenes anuales han influido en mi forma de recapitular cada año que pasa. Hago un repaso mental en imágenes de todo lo que me ha sucedido, repaso la agenda para ver aquellos hechos más reseñables, veo las entradas del blog para ver por donde ha ido mi cabeza y cómo ha evolucionado mi pensamiento.
Ahora que el 2009 se termina, es momento para hacer un resumen y a mi mente vienen tres palabras que podrían definir el 2009, según mi punto de vista: crisis, compromiso y responsabilidad.
Crisis: recuerdo la cantidad de horas que me he tirado en el teléfono charlando con amigos que se han quedado sin empleo. Auténticos dramas personales y familiares que le ponen ojos y cara a una crisis que no sólo existe en los medios de comunicación. Ésta es parte de nuestro paisaje habitual, y a lo mejor por mi trabajo en recursos humanos, es más patente el nuevo pulso que ha adoptado el mercado laboral. La crisis no servirá de nada si no nos preguntamos el por qué. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí?, cada uno tendrá una explicación y estoy seguro de que todas serán acertadas y correctas, es más, seguro que todos esos puntos de vista son complementarios. Las reglas del juego están cambiando y ahora ya no está tan claro quién tiene la sartén por el mango, algo que precipita decisiones, resta libertad a la persona y puede ser un hipoteca de futuro para aquellas organizaciones que intenten beneficiarse de esta situación.
Compromiso: Si cuando llegas a casa, tu pareja te abraza, te dice todo lo que te quiere, etc, etc, ... y acto seguido te dice que te ha sido fiel el 99,9% de las veces, ¿cómo te sentirías?. Pues así funciona el compromiso, no hay grises, es o blanco o negro, todo lo demás resta confianza, y cuando no hay confianza, es imposible que se produzca el compromiso. Este año nos han robado la confianza, nos han dejado sin ese bien tan preciado que nos ayuda a tener la necesitada esperanza para construir con mayor facilidad el día a día. Se ha gestionado en el corto plazo, con egoísmo, agotando el recurso como si este fuese infinito, jugando con bienes que no sólo pertenecen a los que deciden, endiosando personajes para acabar demostrándonos que todas las miserias humanas se habían apoderado de ellos. Y habiendo sucedido todo esto, se le vuelve a pedir a las personas que confíen ... para que esto vuelva a suceder habrá que demostrar durante un largo periodo de tiempo que las cosas han cambiado, que todo esto nos ha servido para aprender. Cuando esto suceda, es probable que aparezca de nuevo el compromiso, y cuando tengamos este preciado bien, construir será mucho más sencillo.
Responsabilidad: este año hemos demostrado que a la hora de poner culpables somos unos verdaderos especialistas. Que si los bancos, que si los gobiernos, los empresarios, los promotores, .... los hay de todos los colores y estilos, sólo depende del punto de vista del “damnificado”. Hemos llegado a criticar incluso al propio sistema, no estoy en contra de este idea, pero nos hemos olvidado que nosotros somos parte de ese sistema. Este sistema lo construimos nosotros: Los pisos que se venden son los que nosotros compramos, los créditos que otorgan los bancos son los que nosotros pedimos, los gobernantes que tenemos son los que hemos elegido, ...
Hemos olvidado que esta crisis la hemos construido nosotros mismos, criticar todo lo que nos rodea es reconocer nuestra incapacidad para controlar nuestras propias necesidades. El hedonismo nos ha llevado por una senda muy peligrosa, unido este hecho a que tenemos un sistema “sin límites”, hemos demostrado que somos incapaces de gestionar nuestra propia avaricia.
Es evidente una falta de responsabilidad generalizada. Sin ella es difícil que podamos salir de cualquier bache. Debemos de asumir nuestras responsabilidades, ser valientes para reconocer nuestros errores y sobre todo debemos controlar nuestras ansias por querer tenerlo todo.
Hecho el resumen, es hora de los deseos para 2010:
Como pedir es gratis, mi primer deseo tiene que ver con el tiempo. Me gustaría que nos planteásemos el uso que hacemos de nuestro acelerador vital, y en caso de ser necesario, bajar un poco la velocidad, no por dejar de hacer cosas, sino por hacerlas mejor. Ya que vivimos más años, no nos empeñemos en pisar el acelerador para tener la sensación de que vivimos lo mismo que antes, sería bonito poder disfrutar de esta vida extra que nos ha regalado la ciencia. Empezar a distribuir el tiempo de una manera inteligente, reservando un porcentaje del mismo para regalarnos a nosotros mismos, para conocernos mejor, en definitiva, para querernos.
Mi segundo deseo tiene que ver con las personas. Me gustaría un 2010 un poco más humano, donde las personas dejasen de ser medios para conseguir fines materiales. La persona debe ser el fin en sí mismo. Me da la sensación de que la persona ha perdido protagonismo en pos de la tecnología, el dinero, las cosas, ... y esto hace que la confusión generada sea muy grande. Muchas veces en el blog hablo de ser feliz en el trabajo y mucha gente puede llegar a criticar la idea por considerarla ilusa .... quizás esa crítica sea debida a la creencia generalizada de que la persona no es más que una herramienta organizativa. Pensemos en las personas!!!.
Y mi tercer y último deseo es apostar por la responsabilidad. Tenemos que pararnos a pensar en cómo afecta lo que hacemos a lo que nos rodea. Seguir creyendo que nosotros no tenemos nada que ver con lo que nos pasa es una manera poco sutil de echar balones fuera. Es reconocer que somos un cero a la izquierda, y yo preguntaría ¿quién está dispuesto a reconocer que no es importante?, ¿quién admite que nada de lo que hace sirve para algo?. Como esto no suele ocurrir, es tiempo de pensar en asumir nuestra responsabilidad, de decidir que “de mi depende”.
El 2009 ha sido una año complicado, pero esa será la gran ventaja que tendremos en 2010, este año que entra será un buen año para construir. Aprendamos de los errores pasados y centrémonos a la hora de diseñar esa nueva realidad que las circunstancias reclaman. El reloj empieza a contar el 01/01/10.
Espero que tengas un feliz año y que podamos seguir “viéndonos” por este corner.

