Tú mandas

Enviado por rober en Jue, 19/09/2013 - 00:49

¡Esto de trabajar con gente es maravilloso!. Las personas es lo que tenemos, que cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre, y este dicho no sólo está hecho para ser leído al pie de la letra, esconde algo más.

Somos nuestro pensamiento y este se forma en aquel lugar en el que crecemos y nos formamos como personas. Ahí nacen nuestras creencias, esas que dan forma al mundo personal que cada uno construimos. Lo que vemos y nos sucede comienza a conformar nuestro pensamiento, es como si el paisaje que nos rodea diese forma a esos dogmas de fe que guían nuestro comportamiento. Así han nacido y conformado las civilizaciones, grupos de personas que comparten un ideario que fija modelos de comportamiento comúnmente aceptados. Pero si hacemos zoom en cada una de estas civilizaciones encontraremos personas diferentes. Cada calle, cada barrio, cada vecindario, cada casa conforman un crisol de características humanas con bases comunes.

 

La mecánica cuántica, aquella que estudia la materia subatómica, esta mostrándonos un mundo interconectado, donde la submateria que mueve el universo también nos mueve a nosotros. Una armonía perfecta que hace que la sincronización con nuestro entorno siga un ritmo uniforme. Las personas estamos conectadas con todo lo que nos rodea. Somos víctimas de lo impredecible del universo, presas del cambio al que está sometido todo nuestro mundo; asumir esto es algo que nos resulta complicado porque nuestras creencias nos atan a un único lugar dentro de un basto universo, donde todo cambia a otro ritmo. Este modo de concebir la realidad nos conduce hacia la inevitable limitación de nuestras capacidades. Atar las creencias a nuestro entorno impide concebir todas las opciones que tenemos ante nuestros ojos.

 

Cambiar significa asumir el ritmo de lo que nos rodea, cuanto más se aleja el zoom de lo cotidiano, mayor es la perspectiva y mejor la capacidad para decidir. Viajar resulta realmente enriquecedor por este efecto, el de ver cosas nuevas, el de escuchar otras lenguas y otras formas de hacer.

Las opciones son casi infinitas, éstas tienen el límite que determine nuestro raciocinio, y si hay algo sobre lo que podemos influir, eso es el pensamiento. Nuestro pensamiento nos pertenece, somos nosotros los que lo concebimos y por tanto también depende de nosotros el tipo de pensamiento que desarrollemos. ¿Opciones o limitaciones?.

 

Me sorprende la de veces que escucho mensajes apocalípticos: la crisis, el paro, la prima de riesgo,... Me suenan a límites, a un zoom totalmente orientado a lo que tenemos delante de nuestro ojos. La prensa, las tele y otros mucho medios se encargan de dirigir nuestras atención. Nos atan a ese lugar en el que vivimos y no nos deja ver que el mundo se mueve a otro ritmo, que los cambios se suceden y que la vida es un ciclo que va y viene. Entenderlo y observarlo te permite estar donde tienes que estar, nada de la esclavitud de depender de lo que sólo pasa en “mi zona”.

Estamos llenos de opciones, debemos quitarnos la venda de delante de los ojos, abrir un poco más nuestra mente para permitir que el ángulo de percepción se amplíe y se deje influenciar por otras formas de pensar. Éstas son fruto de otras experiencias, en ellas hay lógica y razones, sincronizar esos hechos con los míos y movernos a un mismo ritmo es algo parecido a eso que ahora llamamos empatía.

La solución a tus problemas la tienes tú. Debemos aceptar la propiedad de nuestros actos y asumir que los resultados de su acción dependen de nuestro pensamiento. Y ya sabes: cambiarlo depende de ti.  

liderazgo democrático

Enviado por rober en Jue, 18/07/2013 - 19:24

es raro escuchar a la gente hablar bien de sus jefes, palabra  anticuada en sí misma. Parece un mal extendido eso del liderazgo tóxico. Las cifras rezan que un 80% de las personas abandonan las compañías por diferencias con sus superiores, triste pero cierto, quienes deberían ser los polos de atracción del talento resultan ser repelentes del mismo.

No creo que nadie pueda poner en tela de juicio la importancia del liderazgo, las empresas más exitosas suelen ser aquellas en las que el modelo de dirección es un organismo sano que alimenta relaciones y permite expresar diferentes opiniones sin riego de colisión entre ellas. El verdadero líder no se impone, se escoge. No recuerdo el nombre de la empresa, pero hace tiempo escuché un proceso realmente interesante en torno al cual formar un verdadero equipo directivo. Este método consistía en que cuando una persona se incorporaba en la empresa, ésta rotaba por todos los departamentos, al final del periplo la persona podía escoger aquel jefe con el que mejor encajaba. Este proceso democrático distinguía a los buenos de los malos, a los que todo el mundo quería y de los que todo el mundo escapaba. Obviamente, los malos tenían un camino claro, mientras que los buenos reforzaban su propio modelo.

Este ejemplo siempre me resultó curioso por su riesgo y efectividad. Si planteásemos este proceso de selección de liderazgo en las empresas, estoy seguro que muchos de los “líderes” de las mismas se opondrían radicalmente a la idea, ¿motivos?, innumerables: pérdida de tiempo, alto coste, arbitrariedad, populismo, pérdida de foco,... 

 

Las altas esferas de las organizaciones suelen tener como objetivo mantener su posición a cualquier precio, y no hay nada mejor para ello que fomentar el status quo; que nada cambie es la mejor receta para persistir en el cargo cuando realmente lo tuyo es la mediocridad. Cambiar es arriesgarse a que alguien te vea y se de cuenta de que el “cómo” haces las cosas no es apropiado. 

Esta lucha por sobrevivir da lugar a entornos agresivos, donde la manera de resistir es morder, gritar, imponerse, destacar, ser visto, apabullar, ganar al otro,... Venimos de las cavernas, y en las cavernas ganaba el más fuerte. Hoy es lo mismo pero de forma más “civilizada”. Tengo la sensación de que quienes llegan más alto suelen ser aquellos que más muerden, y en el camino hay heridos que nada importan, porque lo realmente importante es llegar, y sobre todo aguantar. ¿Y qué pasa con los otros, con los que tienen otra forma de hacer las cosas?, parece que ésos no importan, pero ésos forman las organizaciones y son quienes las hacen exitosas o ruinosas.

 

La cultura del mordisco diseña planes estratégicos, por supuesto poco éticos y poco humanos. Son modelos llenos de mentiras, de falsedad y poca honestidad. En esos ecosistemas es difícil que otro tipo de personalidades alcancen posiciones de decisión, personas que propongan otra forma de hacer las cosas, y el resultado es que se acaba imponiendo la creencia de que sólo hay una forma de triunfar: machacando a los demás para ganar la carrera.

Valores como el de compartir se les exige a los de abajo, pero parece que quienes los imponen no tienen la obligación de aplicarlos. Así surge la asimetría que define buena parte de los organismos que nos rodean y conforman nuestra sociedad. 

Escuchas a la gente y observas falta de fe, poco deseo de creer y comprometerse con la causa, ¿por qué?, lee un poco más arriba.

 

Esta inconsciencia colectiva ha pasado a ser parte de nuestras creencias, y cambiar las creencias no es cosa fácil. Necesitamos un sistema productivo mucho más consciente de sus limitaciones, y dispuesto a asumir el riesgo de darle una vuelta de tuerca a los comportamientos de las cavernas que traemos instalado en nuestra amígdala.

Albergo la esperanza de que nuestro sistema de bienestar nos permita evitar la esclavitud de tener que trabajar en sitios en los que la gente resiste simplemente porque tiene un salario que les da de comer. Espero que las nuevas generaciones ejerzan un sistema democrático que permita identificar aquellos modelos de negocio éticos, conscientes de que el liderazgo es una responsabilidad para/con las personas, de que quien manda es quien debe dar el brazo a torcer, quien se adapte a los demás y no los demás a ellos, que el miedo a que alguien lo saque de sus posición se vea sustituido por la grandeza de hacer a los demás más grandes para a su vez ser más grande uno mismo.

 

Suena idílico, ¿verdad?,  lo sé, pero no por ello voy a dejar de soñar, de pensar que hay otras formas de hacer las cosas, porque si no lo creyese me dedicaría a cultivar pinos. Lo único que puedo hacer desde mi humilde posición es pensar y proponer, ayudar a pensar a otros y tratar de rascar pequeños gramos de consciencia colectiva que nos ayuden a concebir entre todos otra forma de dirigir, una forma más alienada con los demás y menos con los dichosos egos individuales.

compromiso con la causa

Enviado por rober en Dom, 23/06/2013 - 01:58

hoy me han hecho una de esas preguntas que se pueden definir como poderosas: ¿Cuáles crees qué son las tendencias en torno a las cuales se moverán los recursos humanos en el futuro?. Lejos de poseer la respuesta, la pregunta me obligó a pensar en qué es lo que realmente  necesitan las organizaciones. Aunque suene a tópico, me atrevo a responder que lo que verdaderamente necesitan las empresas hoy en día es el compromiso de sus profesionales. Mucho se habla del tema, hay muchas teorías al respecto, pero tengo la sensación de que todas ellas carecen de una respuesta auténtica.

 

Las empresas saben que el compromiso es uno de sus activos más preciados y luchan con uñas y dientes por conseguirlo, los intentos por alcanzarlo suelen verse nublados por decisiones impopulares que tiran a la basura cualquier tipo de esfuerzo. Eso de que las personas son el mayor activo de las empresas es un eslogan que suena genial, pero pasa a un segundo plano cuando la triste realidad se impone: EREs, restricción de condiciones, otras medidas de recorte,...

Cuando pienso en el compromiso trato de destripar las reglas que lo rigen y alimentan, reglas perfectamente observables en nuestras relaciones de amistad o pareja. En ellas reside el secreto de las bases del compromiso: creer, compartir, predicar con el ejemplo, estar dispuesto a dar más de lo que se recibe, sacrificio, esfuerzo,... y otras características que dejo a tu elección. Tú mejor que nadie sabes lo que necesitas para comprometerte con una causa.

 

¿Por qué resulta tan difícil aplicar todo ello en nuestros entornos de trabajo?. El mundo de las normas sociales es muy poderoso, en él estamos dispuestos a dar sin esperar nada a cambio. Uno de los principales inconvenientes que encuentran las empresas es que tratan de ponerle precio a estas cosas, y cuando le pones precio a las cosas, el mundo de las normas sociales pasa a un segundo plano. Siempre que el dinero entra en escena, el compromiso se esconde y es el precio el que manda. De nada sirve medir el compromiso cuando el dinero está de por medio, porque cualquier respuesta estará sesgada a favor de lo que uno quiere escuchar.

 

Buscamos cuantificar algo que no se puede medir, porque sólo se puede vivir. El compromiso es algo auténtico que sucede cuando las relaciones son genuinas, cuando ambas partes persiguen un objetivo mutuo, en el que el bienestar de los unos y los otros suponga el bienestar común. Siempre he creído que el compromiso surge de una manera espontánea, no forzada ni planificada, y esto supone vivirlo de una manera real, no fingida. Las personas venimos con la intuición instalada de serie, y es precisamente ésta la que nos permite diferenciar la realidad de la mentira. Cuando una empresa simula escenarios en los que el compromiso es sólo una estrategia a través de la cuál conseguir un beneficio económico, es difícil que las personas se suban al carro y decidan empujar el mismo.

 

Nos falta autenticidad y verdadera vocación profesional. Hemos construido un sistema desprovisto de un interés real por las personas, y eso hace que conseguir el compromiso sea tan difícil. Tenemos muchos sistemas como ejemplo donde el compromiso funciona de una manera real, en ellos podemos encontrar respuestas. La respuestas no son universales ya que cada realidad es distinta, eso es lo interesante del tema, que exige echarle imaginación y pensar en la mejor forma de encontrar ese tesoro que reside dentro de las personas, un tesoro que tiene la llave de la creatividad, de las ideas, de la solución a los problemas que nos atenazan. 

Nos queda un largo camino por recorrer, un camino que pasa por dejar de lado el corto plazo, por pensar en que lo que realmente necesitan las empresas se construye día a día y donde la incoherencia es el enemigo público. Decir algo y hacer lo contrario es una apuesta perdedora. Prudencia, respeto, transparencia o coherencia son algunas de las bases de la fórmula. Parece sencillo pero no lo es, no lo es porque las reglas las escriben personas que no piensan de esta manera. Nuestra obligación y deber es ayudarles a acertar. ¿Te apuntas?.

falsas sensaciones

Enviado por rober en Dom, 02/06/2013 - 22:25

La sensación de hambre es algo que se hereda de padres a hijos y perdura una media de tres generaciones. Así, los hijos de padres que han sufrido el hambre, a pesar de que dispongan de los recursos suficientes para no padecerla, siguen comportándose frente a los alimentos como si estos escaseasen. Es como si la sensación de necesidad se heredase.

Keynes, en los años 30 del siglo pasado, predijo que las personas solamente trabajarían una media de 15 horas a la semana, y que esta cantidad de trabajo sería más que suficiente para que la gente disfrutase de una buena vida. Si revisamos los vaticinios de Keynes, es evidente que en algún punto de su razonamiento cometió un error flagrante. Hoy en día trabajamos más horas, si cabe, que en los tiempos en los que los seres humanos carecían de los bienes necesarios para poder llevar una vida digna.

¿Qué ha pasado para que nuestra vida no haya mejorado en la dirección que apuntaba Keynes?. Quizás suceda algo parecido a la sensación del hambre, cuando sufrimos la escasez de un recurso nos comportamos de tal manera que buscamos la acumulación para evitar futuras penurias. 

 

El sistema en el que vivimos fomenta en nosotros una sensación de escasez constante; siempre necesitamos algo que no tenemos y que nos gustaría poseer. Este modelo económico está diseñado para generar un deseo incesante por atesorar recursos que nos permitan acceder a más cosas. En este caso, la moneda de cambio es el dinero, bien que conseguimos trabajando y que nunca es suficiente para dar salida a las necesidades de una sociedad permanentemente insatisfecha con lo que tiene. Esta rueda se mueve a una velocidad que es proporcional al vacío de la vida de las personas: cuanto más trabajamos más necesitamos. Y la pregunta es: ¿cuánto es suficiente?.

No creo que podamos decir que vivimos tiempos de escasez en el mundo occidental, más bien podríamos decir que vivimos tiempos de abundancia extrema. Se trata de un espejismo que no nos permite ver dónde reside la respuesta a la pregunta antes planteada. Trabajar para ganar dinero es tan ridículo como decir que comemos para engordar. El problema es que seguimos trabajando para atesorar, para acumular, porque la sensación de falsa escasez la vamos heredando generación tras generación, convirtiendo al trabajo en un medio para satisfacer falsas necesidades. El resultado, es la esclavitud moderna en la que vivimos, una esclavitud en forma de horas invertidas en dejar a nuestras vidas sin un contenido real, sin tiempo para hacer lo que nos gusta, simplemente porque poca gente tiene claro lo que le gusta realmente.

 

Invertir el proceso es complicado porque tenemos demasiados impedimentos. ¿Cuántas veces habremos hablado de la vocación en este blog?... Parece una palabra muy bonita a la que podemos considerar una utopía como otra cualquiera. Quizás ahí resida el principio del problema: abandonar lo que nos gusta para dedicarnos a lo que nos exige el medio. Quizás ahí se ponga en marcha la falsa sensación de escasez, de buscar un trabajo que maximice nuestros recursos y minimice el tiempo para poder disfrutarlos.

Las teorías de Keynes no me parecen en nada desacertadas, simplemente que no tuvo en cuenta el papel fundamental que en ellas iba a jugar la voracidad humana. Hemos convertido al ocio en una palabra sin significado, y no hay peor cosa para las personas que el aburrimiento, con lo cual, hemos acabado convertido el trabajo en nuestro mayor pasatiempo. Mientras el dinero siga siendo el motivador por el que nos dedicamos a cualquier actividad, es difícil que podamos generar un ritmo más equilibrado para nuestras vidas.

 

Nadie puede fijar los límites de la riqueza humana excepto uno mismo. Dice Epicuro: “Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”. Quizás esta frase esconda buena parte de nuestro problema, y la solución estoy seguro que no reside en seguir invirtiendo nuestra vida en tratar de alimentar una falsa sensación de escasez.

un mundo interior

Enviado por rober en Mié, 15/05/2013 - 14:36

¿Dónde sucede lo más interesante de nuestras vidas?, ¿dentro o fuera de nuestra cabeza?. La semana pasada vi una película que me recomendó un buen amigo: “La escafandra y la mariposa”. 

El filme muestra la vida de un famoso periodista francés que sufre el síndrome del cautivo, una afección que postra a quien la padece en una cama sin posibilidad de mover ni un sólo músculo de su cuerpo, excepto los párpados. El protagonista, ayudado por logopedas, consigue desarrollar un sistema de comunicación a través de los movimientos de sus párpados que le permite relacionarse con los que le rodean, pero lo verdaderamente interesante de la película no reside en lo que sucede de cara a fuera, sino dentro de la propia cabeza del personaje. Un cerebro intacto que le concede una vida muy diferente de la que había llevado hasta el momento.

La cinta es un claro alegato sobre la importancia de la vida interior. Un mundo donde la imaginación y el pensamiento se erigen como armas para construir el antídoto contra la muerte, herramientas íntimamente ligadas a la esencia del ser humano y que hacen a éste libre de las ataduras que nos impone nuestro entorno.

 

En un mundo orientado a la cultura del entretenimiento, pensar es algo que está totalmente infravalorado. Nos han hecho creer que pensar es sinónimo de no hacer nada. Trabajar o divertirse son sinónimos de acción, de hacer, pero no de pensar. ¿Y por qué pensar no es un verbo asociado a la acción?, tengo la sensación de que esto es así porque no se ve lo que pensar lleva asociado. En esta película, por contra, el pensamiento es acción, es vida, es un acto a través del cual se crean condiciones que permiten a su protagonista estar más cerca de su propia esencia.

 

Por desgracia, hemos diseñado un entorno en el que las prisas y la velocidad no dejan tiempo para pensar, ese es un lujo al alcance de muy pocos. Como consecuencia tenemos vidas ajenas, realidades diseñadas por la premura de la acción. Cuando la acción no esta precedida del pensamiento propio, el resultado es algo que poco tiene que ver con nosotros mismos. La coherencia con nuestro mundo interior sólo puede darse si somos conscientes de su existencia y dedicamos tiempo a conocer lo que allí sucede.

 

Imagínate que un compañero de trabajo te ve sentado en tu silla sin hacer nada, se acerca y te pregunta: ¿qué estas haciendo?, y tu le respondes: pensando. Seguramente tu compañero creerá que estás perdiendo el tiempo. Por contra, si te ven apurado por los pasillos, de reunión en reunión, colgado del teléfono, rodeado de papeles, estresado, sin tiempo para nadie,.... pensarán que trabajas un montón. 

Sinceramente creo que ésta es una de las causas de la muerte de las empresas. Cuando sólo se trabaja, lo que se está produciendo es la antesala de la caducidad, es la crónica de una muerte anunciada. ¿Por qué?, porque se niega el paso al mundo de las ideas, de la reflexión, de los seres humanos. Si una empresa no permite que sus profesionales tengan una vida interior profesional, es probable que carezcan de los mecanismos necesarios para hacer frente a los retos del futuro.

El problema de todo esto es que no se puede medir fácilmente, no tienen su claro reflejo en las cuentas de resultados, y por lo tanto no tienen sentido desde un punto de vista del “management”. El mundo de la empresa, al igual que nuestro mundo personal, está desbordado por la cultura del entretenimiento, de lo evidente, de lo que nos evita la dura carga de reflexionar sobre las cosas. 

 

La empresa está atrapada también por el síndrome del cautivo, pero a diferencia del protagonista de “La escafandra y la mariposa”, no utiliza su cerebro para pensar, para liberarse de la dura carga de los prejuicios, de las apariencias, para ser más uno mismo y no lo que los otros creen que debería ser. 

La escafandra tiene una alternativa, se trata de la mariposa.

santa rita, rita, lo que se da no se quita

Enviado por rober en Sáb, 27/04/2013 - 01:07

los niños pequeños y sus hábitos nos muestran buena parte de los patrones comunes de nuestra inconsciencia colectiva. Quién no ha visto niños que reclaman el derecho de propiedad de sus juguetes, la palabra “mío” es un recurso muy habitual en los críos, esos que carecen de experiencias que moldeen sus accciones. Las acciones de los más pequeños es la muestra más cercana a los principios de nuestra irracionalidad. Reclamar el derecho a lo propio es una de las bases sobre la que se sostenta la evolución del ser humano, gracias a ella hemos atesorado los bienes que necesitábamos para vivir.

 

Vivir es un asunto complicado porque está lleno de encruzijadas, cruces de camino que exigen tomar decisiones. Nuestras decisiones están totalmente sesgadas por las características de la irracionalidad, es ésta la que influye de una manera invisible a la hora de tomar un camino u otro, y en este caso, es nuestro deseo por atesorar quien fija la dirección. Nuestra irracionalidad actúa como un mago que engaña a nuestros sentidos para mostrarnos lo que quiere que veamos, eso sí, haciéndonos creer que es nuestra racionalidad la que lleva el timón del barco.

Ese sentimiento de propiedad que nos invade desde pequeños pasa a formar parte de nuestro mecanismo más primario de toma de decisiones.

 

“Santa rita, rita, lo que se da no se quita”, ese es un dicho muy popular que expresa todo lo comentado anteriormente, una simple rima que define al ser humano a la perfección. Como vivir, es atesorar para vivir mejor, hemos llegado a puntos de saturación que nos deberían hacer pensar dónde está el límite de las cosas.

Nuestros sentimientos de propiedad nos han llevado a estándares insostenibles, hemos dado forma a una base de necesidades que consume demasiados bienes materiales. La manera de mantener este sistema se sustenta en el dinero, y esa se ha convertido en nuestra persecución diaria, ganar dinero para mantener la base de un bienestar ficticio. La esclavitud moderna es ahora fruto de un deseo incontrolable por tener. ¿Tener qué?, esa quizás sea una buena pregunta: ¿tener qué?. 

 

El caso es que todo esto nos está haciendo mucho daño, está desarrollando unas raíces demasiado profundas, amenaza a nuestra imaginación, desincentiva el riesgo por hacer cosas nuevas, fometa el “status quo”, atrofia nuestra atención, cambia nuestros sistemas de prioridades, altera nuestro juicio, desatiende a nuestras pasiones y desenmascara a nuestra peor versión.  

Nuestra necesidad por mantener el actual nivel de vida, fija nuestra atención en el pasado y desatiende el futuro. El futuro es sólo una hipótesis, mientras que nuestra experiencia pasada es algo tangible contra lo que podemos comparar. Como seres que aprenden de acuerdo con la comparación, nuestro gusto por el pasado y por la tradición nos amordaza para acomoter cambios fundamentales. Si alguien es capaz de soportar lo insoportable por el mero hecho de ganar dinero, ¿qué le va a suceder cuando esta situación termine?. Hasta ahora las situciones eran estables, hoy las situaciones cambian cada minuto, y mirar hacia atrás ya no es un buen punto de refrencia. Mirar hacia adelante ayuda a crear situaciones nuevas, pero para ello se debe ser consciente de que nuestro deseo por tener nos puede frenar. Si conseguimos una base ligera sobre la que movernos, cualquier camino es más sencillo que aquel por el que transitamos con una mochila de 100 kg.

 

Cuando nuestra irracionalidad secuestra nuestro bienestar, es recomendable fijar nuestra atención en los efectos secundarios de sus fechorías. Piensa en el “Santa rita, rita, lo que se da no se quita”, piensa de qué podrías prescindir; no prescindas de ello, pero debes ser consciente de que su presencia no puede condicionar la base de tu bienestar.

¿Y si tenemos más que suficiente?, pero, ¿cuánto es suficiente?.

nuevas aventuras

Enviado por rober en Sáb, 02/02/2013 - 22:35

el pasado 4 de enero este blog cumplió 5 años. Recuerdo a la perfección la idea inicial y es bonito comprobar como después de mas de 200 entradas esa idea ha evolucionado hacia el lado más humano de las cosas. El blog me ha dado la oportunidad de pensar y reflexionar sobre cómo somos las personas. Ideas que evolucionan y me permiten conocer un poco mejor el mundo en el que vivimos.

 

Hay una serie de temas recurrentes, uno de ellos, como no, es el dichoso cambio. Mucho se habla y se escribe sobre este tema. Es muy fácil pensar en él como algo necesario, pero es bien cierto que cuando nos enfrentamos a él todas las teorías e ideas se diluyen en pos de nuestras inercias. Es ciertamente enriquecedor pero a la vez resulta incómodo. Exige valentía, riesgo, incertidumbre y también un punto de inconsciencia. 

 

Empiezo el 2013 con un gran cambio en mi vida profesional. Tras trece años trabajando en la misma empresa, el próximo 11 de febrero comienzo una nueva aventura profesional. Una decisión difícil ya que dejo una organización preciosa repleta de gente maravillosa. La inconsciencia de la que hablaba antes, es algo que perdemos a medida que nos hacemos mayores. La vida nos va aportando cada vez más datos e información en base a la cual tomamos las decisiones. Dejar algo bueno para buscar algo mejor, es un ejercicio complicado cuando no sabes lo que te espera. Para tratar de explicarlo de otro modo se me ocurre el símil de cruzar un río saltando de piedra en piedra. Estás en una piedra bien asentada y ves la otra a tu alcance, pero la duda es si aguantará tu peso, si se moverá, si resbalará. Te apetece quedarte en tu roca por si las moscas, no vaya a ser que te mojes. Quedarte en tu roca significa no cruzar el río, pero eso es algo que desechamos frente a la incomodidad de mojarnos. A veces, la mejor estrategia es no pensarlo, saltar y ver qué pasa. 

 

No es que sea un inconsciente y que la decisión tomada sea algo que haga sin pensar, pero sí que es algo que me ha ayudado a reflexionar sobre mi orientación al cambio. La comodidad da mucho calorcito, pero llega un punto en el que ese calor te deja dormido. Esta nueva etapa me ayudará a despertar, a tener el frío necesario para buscar de nuevo el abrigo. Creo que me esperan aventuras maravillosas, puedo parecer un iluso, pero sinceramente he comprobado que visionar el futuro con optimismo ayuda a que éste suceda. La parte mala de todo esto es que ocupa todos mis recursos mentales y me impide escribir con la periodicidad que me gustaría. Hoy he tenido el primer hueco para seguir con el blog, algo que no me gustaría abandonar ya que me sirve para continuar plasmando ideas que a la postre son un reflejo de mi crecimiento como persona. 

 

Cambiar ayuda a crecer, y crecer es algo que rige la genética de las personas. Fiel a mi código genético, comienzo la búsqueda de nuevas ideas, de nuevas soluciones a problemas que tienen que ver con las personas. Ésta es una gran oportunidad para poner en práctica muchas cosas aprendidas en los últimos años. Es tiempo de escuchar, de observar y aprender, de entender otras formas de hacer y de aportar la visión de alguien que llega de nuevas. Mi nueva empresa es un territorio por explorar, por descubrir paisajes y formas de hacer. Qué suerte tengo!!!. 

 

Me apetecía compartir con vosotros todo esto porque cuando lo escribo adopta una forma más sólida que cuando simplemente lo pienso. Compartiré nuevas ideas y espero acudir a la cita periódica que el blog exige. Si no es así, espero me sepas disculpar, porque recuerda, estoy cambiando....

 

010113

Enviado por admin en Mar, 01/01/2013 - 00:00

se nos va el 2012!!!... y como se suele decir: “déjalo ir”. Año difícil para todos pero lleno de mensajes que nos pueden ayudar a descifrar algunas claves para afrontar el 2013. Esto año queda patente que las cosas no volverán a ser como eran. Se acabaron aquellos tiempos de vino y rosas donde todo era fácil, donde el esfuerzo era algo en lo que no pensábamos porque no era necesario. Se acabó eso de soñar con un mundo predecible donde terceros cuidaban de nosotros, donde la única preocupación era saber donde gastar el excedente generado por el esfuerzo de nuestros antepasados. En el 2012 he vivido, más cerca que nunca, la escasez de energía que le hemos transmitido a nuestra juventud. Ellos/as son las víctimas de un mundo fácil, donde las cosas parecían que caían de los árboles. No les hemos enseñado a conseguir con esfuerzo. Están aturdidos porque de repente las reglas del juego han cambiado y resulta que nuestro mundo no eran tan sencillo como nos lo pintaban. ¿Es demasiado tarde?, nunca es demasiado tarde pero debemos quitarnos la venda de los ojos.

El 2013 debería traernos la consciencia necesaria para saber que nos enfrentamos con algo totalmente nuevo y que las reglas del pasado ya no sirven de nada. El trabajo se ha convertido en un bien de lujo. Resulta que el trabajo permite vivir una vida plena y su ausencia desnuda de significado la existencia de muchas personas. Toca también pensar qué es eso del trabajo. Éste ya nada tiene que ver con el trabajo del siglo pasado. El futuro de este bien tan preciado pasa por algo más relacionado con aquello que potencie las capacidades humanas.

Internet se ha introducido en nuestras vidas en un tiempo record. Buena culpa de ello la tiene su capacidad para potenciar aquellas cosas con las que disfrutamos las personas: aprender, comunicarnos, divertirnos, sentirnos reconocidos, cercanía, cariño, en definitiva, sentirnos únicos e importantes. Internet ha multiplicado por 100 la capacidad de muchas de esas cosas que tanto nos gustan, por lo tanto, es evidente que aquello que nos permite ser nosotros mismos es la mejor alternativa para reconstruir el futuro del trabajo. Imagínate un trabajo donde tuvieses el espacio suficiente para ser tú, un lugar donde tus ideas tuviesen un valor real, donde el reconocimiento de tus compañeros respondiese a las reglas de la verdadera amistad, donde los líderes lo fuesen por clamor popular, donde las relaciones comerciales atendiesen a los principios del equilibrio y sostenibilidad a largo plazo, donde el egoísmo de unos pocos dejase paso a la necesidad de compartir del resto. En un trabajo así estoy seguro de que las personas se comportarían de una manera diferente. Su libertad daría paso a un entorno más creativo y con una mayor capacidad para hacer frente a las grandes crisis, porque al fin y al cabo, las crisis las genera nuestra tendencia natural hacia el desequilibrio.

La libertad sólo se puede construir cuando ésta está precedida de la responsabilidad. Ese es uno de mis grandes deseos para 2013, que todos seamos un poco más responsables de nuestros actos, para que la libertad que habíamos ganado, y ahora perdemos, sea la base sobre la que construyamos los nuevos entornos de trabajo. Parece una perogrullada hablar de responsabilidad, pero realmente creo que si hubiese un poco más de la misma estaríamos todos un poco mejor. Alejamos al individuo de las consecuencias de sus actos y eso supone que no vea los efectos de sus decisiones.

Sinceramente creo en el ser humano, es él quien posee el don de la adecuación. No es el peor momento de la humanidad ni de lejos, hemos vivido tiempos mucho peores y siempre hemos sabido salir del atolladero con la cabeza bien alta. Lo que nos está pasando no va a ser menos. Está claro que el aprendizaje supone sufrimiento, y los tiempos en que vivimos este sufrimiento viene de la mano de lo que supone la privación de tener trabajo, pero no un trabajo cualquiera, hablo de uno que te guste. La alternativa nos acerca a una situación similar a la que vivieron los antiguos esclavos romanos pero en su versión moderna.

Si conseguimos que la gente piense será mucho más fácil que entiendan para qué están aquí. Cuando eres capaz de responder a esta pregunta, eres poseedor del don de la libertad, de elegir en plenitud de condiciones y en ser consecuente con tus decisiones. Esa libertad es la libertad responsable de la que carecemos, de la que tenemos que tirar si queremos que las cosas salgan de otra forma... mientras tanto, el 2013 está aquí. Te deseo el mejor de los años y te invito a que sigamos pensando juntos....

como pollos sin cabeza

Enviado por rober en Sáb, 08/12/2012 - 11:18

el otro día escuchaba una frase en la radio que, bajo mi punto de vista, refleja a la perfección buena parte de los problemas de nuestra sociedad. Esta frase decía: “... sobra inteligencia y falta constancia”. Cuando las cosas te llaman la atención es por algo, y en mi caso, ese algo es la sociedad con la que interactúo y a la que le hago preguntas tan sencillas, a priori, como: ¿por qué has escogido tus estudios?, ¿qué es lo que te gusta?, ¿cuáles son tus pasiones?,... Los resultados de mis pesquisas suelen toparse con apatía, con desgana, con falta de energía e ilusión por hacer las cosas. Me falta vocación, me falta pensamiento propio, no encuentro ideas y me sobran recetas de conceptos precocinados y presentados en el mismo plato una y otra vez. Una sucesión de fotocopias carentes de sentido y muy lejos de la autorealización que se le debería exigir a cualquier profesional.

 

Una buena metáfora para entender estas respuestas se encuentra en nuestra relación con el tiempo. El tiempo en un factor determinante para medir los esfuerzos y la capacidad de sacrificio de la sociedad. Si envías un video de cinco minutos por correo electrónico es muy probable que poca gente lo vea. Hoy en día cinco minutos en internet son una eternidad, son millones de clicks, idas y venidas sin un rumbo claro y con un único objetivo: vagar entre millones de estímulos sin que nada se quede, todo pasa rápido por delante de nuestro ojos. El tiempo se ha convertido en esto, en un viaje fugaz en el que cada día hay más cosas hacia donde mirar y pocas a las que ver. Bajo estas circunstancias, estudiar cinco años, o peor aún, cumplir esa regla de las 10.000 horas para convertirse en un maestro, parece una empresa harto complicada. Si un video de cinco minutos es algo duro de asimilar, imagínate centrarte en un tema concreto 10 años de tu vida. 

Resulta revelador comprobar que a pesar de todo ello admiramos a las personas que son muy buenas en sus campos profesionales: estudiosos, empresarios, investigadores, deportistas, artesanos,... a todos nos gustaría ser como ellos, personas que dominan lo que hacen y disfrutan de esa sensación de control. Esa sensación de control es fruto de miles de horas de esfuerzo, de trabajo duro y de sacrificio. El resultado es una pasión altamente contagiosa que a todo el mundo atrae y encandila, pero ocurre, que detrás de la misma hay un camino invisible para el gran público y del que no somos conscientes. Detrás de las vidas inspiradoras suele haber de todo menos un camino de rosas, y en todos los casos se repiten historias de perseverancia, de sueños perseguidos hasta la extenuación. Ver la foto final resulta muy sencillo para cualquiera, el caso es que si nos propusiesen todas las penurias y privaciones necesarias para conseguirla, pocos aceptarían el trato. Parece contradictorio, admiramos cosas que luego evitamos por suponer demasiado esfuerzo. 

 

Tal y como decían en la radio, somos más inteligentes que nunca pero nos están robando la constancia que necesitamos para construir nuestros mundos personales. Mundos donde apostemos por lo que nos gusta, algo muy complicado de encontrar en una sociedad repleta de tentaciones banales y carentes de sentido. Si no somos capaces de encontrar lo que nos apasiona será realmente difícil que tengamos la perseverancia necesaria para llegar a buen puerto. 

Tenemos entre nuestras manos un par de generaciones a las que le estamos robando este bien tan preciado, el de hacer lo que les gusta. Les damos todo masticado. Nos encanta decirles cómo tienen que vivir y que deben de hacer ante cada una de las encrucijadas de la vida. Tras la buena intención de evitar el sufrimiento estamos generando uno nuevo, más indirecto pero mucho más doloroso a largo plazo, básicamente porque convertimos a las personas en seres menos capaces. 

Los estudios es otro de esos buenos ejemplos. Recomendar carreras, hacer aquello que tenga más salidas,... consejos que alejan a las personas de descubrir lo que realmente les gusta, del placer de vivir una vocación. Sólo cuando vivimos ese placer es cuando se enciende la chispa de la constancia, la otra cara de la moneda son los atajos, las fórmulas rápidas para conseguir esa foto final que nos han pintado otros. Deberían prohibir los rankings de aquellos estudios con mayor demanda, porque lo único que provocan es confusión entre unos jóvenes cuya quimera es ganar dinero para tener acceso a un mundo repleto de estímulos superficiales.

 

Mientras cinco minutos sigan siendo una eternidad, tenemos el problema de que nuestra atención se entretendrá en todo pero no entenderá nada. Si no pensamos no avanzamos, y en estos tiempos tengo la sensación de que más que pensar lo que nos gusta es correr como pollos sin cabeza.

efemérides

Enviado por rober en Sáb, 24/11/2012 - 11:57

todo, absolutamente todo tiene fecha de caducidad. Las cosas vienen para irse, su tiempo siempre es limitado. Piensa en algo que permanezca eternamente... seguro que no te resulta sencillo encontrar algo, simplemente porque no hay nada.

Nuestro tiempo es un préstamo, es algo que nos pertenece sólo en parte y que fuerzas mucho más grandes que nosotros mismos deciden donde empiezan y terminan las cosas. Nacemos y morimos y eso hace que todo sea efímero. 

 

Creo que nadie puede discutir lo pasajero de nuestra existencia, lo que ocurre es que esto es algo que no solemos pensar y que por lo tanto olvidamos con cierta asiduidad a la hora de vivir. La rutina del día a día hace que nos olvidemos que estamos de paso, que todo está de paso. ¿Y por qué hablo de lo pasajero?, pues porque simplemente tengo la sensación de que últimamente me encuentro con demasiados casos en los que olvidamos esta ley universal inmutable. Olvidar este echo ha cogido a muchas personas con el pie cambiado, viviendo la ilusión de que las cosas duran tanto tiempo como nosotros queramos.

 

Las empresas no son una excepción y también disfrutan de un tiempo limitado, no existen eternamente, y visto lo visto, la esperanza de vida de las mismas se reduce cada día un poquito más. Resulta paradigmático, mientras que el ser humano no deja de incrementar su esperanza de vida, las empresas no encuentran la manera de sumarse años. Esta nueva realidad nos “obliga” a vivir cada día cambios más rápidos y profundos, lo que antes era una hecho: empresas para toda la vida; ahora es una especie en peligro de extinción. 

 

Al vivir nosotros más tiempo que la gran mayoría de las organizaciones se produce un hecho curioso: cada vez nos veremos más forzados a cambiar de trabajo, algo que puede ser ajeno a nuestro voluntad pero donde la realidad manda. Es precisamente esta realidad la que nos obliga a cambiar el chip acerca de cómo afrontar nuestra nueva vida laboral. Nuestras vidas y las de las empresas son pasajeras pero con tiempos diferentes. En el pasado, la esperanza de vida de ambas era similar, pero hoy el hombre le gana en años a la empresa. Estamos en tiempos fugaces, vivimos en un sistema que cada día va más rápido, y esa velocidad provoca que el cambio llegue antes. Éste está aquí para quedarse y toca hablar de él como un elemento permanente del paisaje.

 

Debemos adaptar nuestra forma de interpretar el futuro, básicamente porque éste ha cambiado. Ya no podemos pensar en él en términos de estabilidad, ahora los obstáculos que nos separan de nuestros objetivos futuros no dejan de moverse, cuando antes eran estáticos como piedras. 

Ese modelo del pasado, en el que las empresas nos protegían hasta que lo hacía el Estado, no puede sobrevivir en un mundo donde las reglas se modifican para adaptarse a cada nuevo paso. Debemos ser nosotros los que cambiemos el modo de ver y afrontar los obstáculos, porque si esperamos a que alguien lo haga por nosotros vamos listos. 

La flexibilidad ha dejado de ser una característica deseable para convertirse en una necesidad básica. De nada valen modelos educativos que sólo enseñen a hacer y prohiban pensar. Ahora hay tantas formas de hacer las cosas que sólo la capacidad de pensar nos puede ayudar a leer lo que hay delante de nuestros ojos. 

 

Para pensar hay que ayudar a la gente a que tenga pensamiento propio, de nada vale imponer formas de ver las cosas que pronto caducan en este mundo efímero. Deberíamos dejar de hacernos las mismas preguntas, pensar nuevas respuestas, y quizás entonces entenderíamos ese slalom móvil que ahora se intuye en el futuro de una vida pasajera. Es tiempo de oportunidades para los avezados que antes comprendan esta nueva realidad, es momento de cambiar y está clarísimo que la responsabilidad es tuya.

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