formas de ser

Enviado por rober en Dom, 29/04/2012 - 21:39

yo soy, tú eres, él es, pero realmente la pregunta es: ¿y tú quién eres?. ¿Crees realmente ser quien piensas ser?. Llevamos demasiado tiempo otorgándole un valor excesivo a los conocimientos. Realmente son muy importantes porque nos aportan el intelecto que nuestra razón necesita, pero más allá de los conocimientos existe un mundo donde la forma de ser viene determinada precisamente por eso, por cómo te comportas en tu entorno. La importancia de los conocimientos responde a nuestra necesidad por contestar las preguntas que nuestro hemisferio izquierdo formula. Hasta ahora esas preguntas nos han hecho progresar, pero me cuestiono si seguirán siendo la solución a buena parte de nuestros problemas actuales. Quizás nos hemos olvidado de que lo que realmente define a las personas es su forma de ser, no los conocimientos que atesora. 

 

Creo que es un buen momento para que las empresas e instituciones que nos representan conformen sus organizaciones con personas seleccionadas fundamentalmente por su forma de ser. Si sólo nos fijamos en qué saber hacer, corremos el riesgo de olvidarnos cómo lo hace. Ese cómo es el que le da forma a nuestra acciones. Cómo hacemos las cosas define nuestra forma de ser y nos presenta a los demás como realmente somos. Nuestras capacidades no son el actor principal de la película de nuestras vidas, quien realmente está en primera linea del escenario son nuestras habilidades sociales.

 

Si te paras a observar a las personas que triunfan de algún modo en la vida, son personas que poseen una determinada forma de ser. Se trata de personas que saben integrar a los demás, que ven en ellos aliados y no enemigos o competidores a los que derrotar. Las formas de ser que más brillan son aquellas que inspiran e iluminan la atención de los demás. Faros en un mar donde todo tipo de comportamientos irracionales navegan sin rumbo, y que pocos llegan a controlar. Quienes los controlan, dominan y utilizan a su favor, son los que poseen ese carisma que despierta el interés de aquellos que les rodean. Los conocimientos están en un segundo plano, es la intuición que su forma de ser ha diseñado la que convierte la realidad en la que vive en un océano de posibilidades por conquistar.

 

Todos sufrimos los engaños de nuestro subconsciente, singularidades como nuestra tendencia hacia la procastinación, el miedo a la pérdida, nuestra capacidad de adaptación, el despilfarro de nuestra fuerza de voluntad, nuestra sobrevaloración de lo propio, etc, etc, etc,... son características que todo los seres humanos compartimos. La manera de integrarlas en nuestro día a día define nuestro comportamiento, y sin lugar a duda, el comportamiento es la llave que abre la puerta del éxito profesional, pero sobre todo vital.

Las empresas, al igual que las personas, también tiene determinadas formas de ser, toda la lógica y el sentido lleva a pensar que la manera adecuada de construirlas consiste en identificar aquel talento que entiende y comparte dicha forma de ser. De otro modo, la química entre ambas partes difícilmente surgirá y aunque podamos vivir juntos, quizás no podamos maximizar todas las opciones a nuestra disposición. Todo esto suena muy lógico y evidente, ¿pero tú crees que tenemos en cuenta este tipo de criterios a la hora de conformar empresas e instituciones?.

¿Cuánta gente conoces que sepa realmente cómo es?, ¿de cuántas personas podrías hablar que conozcan sus limitaciones y fortalezas?, ¿y que las sepan utilizar correctamente?. Es más sencillo identificar todo lo contrario, personas que no se conocen, que no saben muy bien cómo son, que cuentan con un gran número de puntos ciegos para sí mismos pero no para los demás. Como decíamos antes, en este aspecto, las empresas son como las personas. ¿Cuántas crees que se conocen realmente?, ¿cuántas podrían hablar de su forma de ser?.

vivir de memoria

Enviado por rober en Lun, 23/04/2012 - 23:17

qué sería de nuestras vidas sin la memoria. Ella guarda los recuerdos y nos permite disponer de los mismos para saborear de nuevo lo vivido. Es una especie de DVD que nos permite rebobinar y buscar aquella parte de la película de nuestras vidas que queremos volver a revivir. 

Una vida sin memoria no merece ser vivida ya que la memoria y los recuerdos que guardamos en ella son los testigos de que realmente hemos disfrutado de todo tipo de experiencias que a la postre conforman nuestras vidas, y son precisamente nuestras experiencias las que le dan sentido y coherencia a nuestra existencia. Por ejemplo, ¿te gastarías un buen pellizco de tus ahorros en hacer el viaje de tus sueños si te dijesen que a la vuelta de dichas vacaciones los recuerdos de las misma no formasen parte de tu memoria?. Un porcentaje importante de la población no estaría dispuesto a hacer esta inversión ya que no sería rentable al no poder ser recordada, sería algo así como si no hubieran existido. Los recuerdos son importantes porque son éstos los que trazan los límites de nuestras vidas.

 

Pero hay algo curioso acerca de nuestra memoria que matiza lo expuesto en el párrafo anterior y de lo que no somos conscientes. Se trata de la imperfección de nuestros recuerdos. Vivimos con la ilusión de que nuestros recuerdos son como fotos de nuestro pasado, recopilaciones de información que guardan de forma fehaciente todos los detalles de lo ocurrido, pero lo que realmente ocurre es que nuestros recuerdos son totalmente imperfectos. El paso del tiempo modifica los detalles que nuestra memoria guarda sobre lo que realmente nos ha sucedido, de alguna forma funcionamos como una especie de guionistas que reescriben de forma constante la verdadera naturaleza de las historias.

William Hirst y Elizabeth Phelps han seguido los recuerdos que guardan los testigos de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Lo que se encontraron estos investigadores, es que un año después de esta fatal tragedia las personas a las que habían entrevistado inicialmente modificaron un 37% de los detalles que habían comentado en las primeras entrevistas. Aunque no se han publicado todavía, es muy probable que los recuerdos mostrados por estos individuos 10 años después sufran una sustancial modificación respecto a lo comentado inicialmente.

Las conclusiones de este estudio se vieron reforzadas por el trabajo que se realizó con testigos presenciales en todo tipo de delitos. A estos se les solicitaba su presencia en ruedas de reconocimiento para identificar las caras de los presuntos culpables. En Estados Unidos, más de 75.000 juicios al año están fundamentados en los recuerdos que los testigos guardan sobre los culpables, y lo que los neurocientíficos nos están demostrando es que nuestros recuerdos se ven modificados cada vez que los traemos al presente. En realidad, nuestros recuerdos se ven modificados cada vez que los recordamos, de manera que cuanto más revivimos acontecimientos pasados menos nos podemos fiar de nuestra memoria, básicamente porque en cada momento los recuerdos se ven alterados por los sentimientos y los conocimientos actuales. Como estos cambian, los recuerdos lo hacen también.

Si nuestra memoria nos falla, ¿qué nos queda para dominar esos recuerdos inestables que conforman la historia de nuestras vidas?. Bajo mi punto de vista, nuestros sentimientos y emociones son ese as en la manga para convertir nuestras experiencias en algo positivo, en algo que sume y no que reste. Cuando vivimos el presente con energía, vitalidad y optimismo es más probable que la corriente incesante de modificación de nuestros recuerdos conforme un contexto expansivo donde vivir sea algo mucho más agradable que un mundo donde los sentimientos negativos conforman una historia llena de amargura, angustia, remordimientos y suplicios. Vivir una vida repleta de recuerdos cuyo factor común es el dolor nos deja un escenario futuro un tanto complejo.

Nuestra memoria es imperfecta, pero nosotros podemos hacerla perfecta si somos capaces de vivir un presente repleto de aquellas emociones que nos gustaría que dominasen nuestras vidas. Cada uno de nosotros somos nuestra forma de ser, ¿tú que forma quieres darle?.

 

rarezas y costumbres

Enviado por rober en Vie, 23/03/2012 - 20:58

 

qué fácil resulta ver los defectos de los demás!!!. Si para algo somos avispados es para detectar los defectos y peros de los otros. Es una habilidad que parece innata, pero que si analizas en profundidad, te darás cuenta de que no se reproduce en los niños con tanta asiduidad como en los adultos. Los niños parecen más ajenos al defecto ajeno, no hay barreras entre ellos que les impidan establecer lazos de cooperación. No ven los defectos, y se fijan más en lo bueno que pueden sacar de las relaciones. Pero esto va cambiando a medida que nos hacemos mayores, hasta convertirnos en expertos detectores del fallo ajeno.

 

Todos somos manojos de rarezas y costumbres propias construidas con los años y que nos han permitido vivir en un contexto concreto. Estas rarezas son la forma que toman nuestras acciones para permitirnos coexistir con nuestro entorno.

La fuerza de nuestro ego convierte estas rarezas en parte de nuestra forma de ser, algo tan unido a nosotros que nos resulta complicado ver dichas rarezas de manera aislada. Cuando ocurre esto, la fuerza de la habituación no deja que esas curiosidades que nos definen resalten en nuestra forma de ser.

Por contra, las rarezas de los demás saltan a la vista con cierta facilidad. ¿Cómo puede ser que los manojos de rarezas y costumbres de los otros me llamen la atención, mientras que los míos propios pasan desapercibidos?. Cuando el comportamiento de los otros nos llama la atención por sus curiosidades, lo que sucede es que estamos detectando las diferencias entre el otro y nosotros. Estas diferencias se construyen en base a diferentes formas de vivir la vida. Lo que nos separa es la experiencia y lo que nos une es el principio de todo este camino: convertirnos en miembros de la comunidad.

 

Todos venimos de una misma necesidad, la de formar parte de algo más grande que nosotros mismos. Lo que ocurre es que los caminos para conseguirlo son tantos como personas pueblan este planeta. Nuestras vidas tienen caminos infinitos y todos ellos influyen sobremanera en nuestra forma de ser, creando características propias que poco  o nada tienen que ver con los demás. El camino crea atajos y formas que cada uno construye en función de unas necesidades propias. Entenderlas ayuda a ver esas rarezas que dan forma a nuestras personalidad y carácter, y que al mismo tiempo nos hacen diferentes al resto.

Ocurre también que hay determinadas personas que no nos llaman la atención por esas curiosidades. Vemos en ellas más similitudes que diferencias. Me da la sensación de que cuando esto sucede es porque estamos delante de un espejo. Ese efecto espejo identifica alguien con el que compartimos buena parte del camino andado, personas que han ido integrando en su forma de ser características similares a las nuestras, cuyas circunstancias tienen mucho que ver con las nuestras. Así surgen las afinidades, así se crean los grupos, las amistades. Cuando las rarezas no existen entre personas, es porque estas son iguales y eso impide que ambas partes sean conscientes de su presencia.

 

Lo raro, lo único, siempre esta ahí. Todos los tenemos y en base a ello podemos construir muros o puentes. Como veíamos al principio del post, los niños no saben construir muros, a ellos les gustan más los puentes ya que su casi nula experiencia les impide tener ladrillos con los que levantar el muro de las diferencias. 

Resulta difícil saber qué es lo que te hace diferente, pero no imposible. Creo que una buena forma de encontrar el secreto de nuestras rarezas es observando a aquellos que nos rodean y con los que más similitudes compartimos. En ellos estará buena parte de la respuesta. El dicho: “dime con quién andas y te diré quién eres”, se convierte así en la mejor receta sobre la que comenzar a conocer esos muros que nos alejan de unos y nos acercan a otros. Ya es decisión nuestra mantener esos muros o convertirlos en puentes, pero sinceramente creo que iremos más lejos con puentes que con muros.

el derecho a la educación

Enviado por rober en Sáb, 10/03/2012 - 20:18

 

vivimos tiempos de debate sobre la educación. Seguimos concibiendo este bien de interés general como un arma arrojadiza entre nuestros representantes políticos, olvidando que detrás de todo ello se encuentran miles de estudiantes víctimas de idas y venidas ajenas al objetivo: aprender.

 

Si seguimos utilizando la educación como un elemento de discurso político, corremos el grave riesgo de erosionar la base a la solución de buena parte de nuestros problemas como sociedad. Problemas estructurales basados en un deficiente sistema educativo que ha olvidado crecer y que se ha quedado atrapado en el tiempo. Seguimos inmersos en un sistema educativo nacido a la sombra de la era industrial, donde los objetivos eran bien distintos a los de hoy en día. Necesitamos revolucionar el sistema y a esto poco nos ayuda el inútil debate sobre chorradas acerca de la educación. ¿Dónde está el verdadero debate?. 

 

El Premio Nobel de economía, James Heckman, estudió durante muchos años el gran poder de influencia que tenía la educación infantil sobre la vida de los niños. Para ello  se fue a Yspilanti, Michigan, y dispuso de 123 niños de familias con pocos recursos de raza afroamericana. Dividió a los niños en dos grupos; a uno de ellos los inscribió en un programa de educación infantil de calidad; el otro grupo no disfrutó de ningún tipo de  programa de educación infantil. Los niños que participaron en este estudio fueron seguidos durante décadas para analizar el curso de sus vidas. Los resultados fueron muy claros. Los niños que disfrutaron de la educación infantil de calidad tenían un 20% más de posibilidades de acceder a educación universitaria, un 19% menos de posibilidades de ser arrestados más de cinco veces, conseguían mejores notas, eran más fieles a sus parejas y eran menos dependientes de programas de ayuda estatal. Las conclusiones de Heckman y sus colegas fue que de cada dólar invertido en la educación de estos niños, el retorno de dicha inversión estaba entre los ocho y nueve dólares.

 

Es evidente que la mente de un niño es algo maleable, al nacer sin memoria carecen de datos sobre los que tomar decisiones. Esto provoca que la rutina diaria de un niño consista en resolver porqués y buscar unas respuestas imprescindibles para dar forma a su mundo. En toda esta ecuación, la educación infantil juega un papel crucial ya que es la encargada de utilizar el potencial genético con el que cuenta el ser humano al nacer. Negar el acceso a una educación infantil de calidad supone infrautilizar el potencial del ser humano y establecer diferencias injustas basadas en la desgracia de no comenzar esa carrera por el desarrollo al mismo tiempo que los demás. Piénsalo bien, por cada dólar recibes ocho, a mí me salen las cuentas.

 

A la vista de los datos, está claro que la ciencia ha dado una buena respuesta a ese debate que se reproduce en todos los países del mundo, pero en que la calidad de las respuestas no es la misma. La educación es cosa de niños, no algo que los mayores consideren como su patrimonio. Manejamos con demasiada ligereza algo que no nos pertenece. Si queremos instaurar los valores necesarios para sobreponernos a las adversidades necesitamos que los niños estimulen todo su potencial desde pequeños. Aislarlos en clases donde lo único que se espera es que pase rápido el tiempo, no es la mejor manera de utilizar un dinero público que no revierte en la calidad de la enseñanza de los hijos de los que pagan las facturas. ¿Un análisis simple?, quizás, pero repleto de sentido común del que observa y escucha lo que pasa a su alrededor. Hay muchas formas de ahorrar, pero pocas de invertir tan bien el dinero como en educación. Los que así lo han entendido hoy están un paso por delante del resto, porque su gran acierto ha sido entender que cuando se trabaja desde el principio se puede construir algo más sólido y robusto. A nosotros parece que nos gusta más saltarnos las normativas para construir todo tipo de ñapas en función de las necesidades del momento. ¿Cuál es la duda?, ¿cuál es el problema que nos impide ver una solución tan clara?.

el sinsentido de los sentidos

Enviado por rober en Sáb, 25/02/2012 - 14:59

la realidad es neutral, somos nosotros los que la convertimos en otra cosa. Esto es tanto como decir que no existen los éxitos y los fracasos, que dichos estados son fruto de nuestras interpretaciones. Nosotros somos los que transformamos la realidad en base a nuestros juicios. Esto es algo que los niños no saben hacer, simplemente porque carecen de esa experiencia que nos da los años y que poco a poco convierte lo que nos pasa en información con la que enjuiciar lo sucedido.

La semana pasada disfrute de una sesión introductoria a la PNL (programación neurolingüística), una disciplina que tenía ganas de conocer y que realmente me resultó muy interesante. Este campo del conocimiento abre ante mis ojos un mundo de posibilidades que había imaginado pero que no había “tocado”. Si tuviera que resumir de qué va esto de la PNL, creo que una frase del instructor lo sintetiza a la perfección: “pensamos con nuestros sentidos”. 

Es precisamente esa frase la que esconde el poder de la PNL. Saber cómo los otros construyen sus mundos interiores, porque si pensamos con nuestros sentidos, a lo que tendríamos que prestar atención es a saber cuál de nuestros sentidos es el que más habitualmente utilizamos, porque esto nos ayudará a entender mejor cómo construye su realidad el otro.

 

La PNL ayuda a no enjuiciar lo que el otro hace, por supuesto, desde nuestro punto de vista. Nos ayuda a convertirnos en esos niños que no juzgan las cosas, que simplemente dejan que pasen de forma neutral para ver a dónde llevan. Los niños viven una realidad neutra que se convierte en otra cosa sólo cuando sucede. Cuando enjuiciamos, impedimos que esa realidad vaya a donde tiene que ir, y somos nosotros los que decidimos el camino. Es en ese punto donde dejamos de escuchar para demostrar que nosotros sabemos la respuesta, es en ese punto donde se alimenta nuestro ego, ese que tan poco nos ayuda a la hora de entender todo lo que pasa a nuestro alrededor. 

 

Los sentidos construyen la realidad en base a unos patrones muy concretos. Por ejemplo, los visuales dan forma a su mundo de una manera circular. Esto significa que todo está conectado, que se puede ir de un lado a otro sin tener que pasar por un punto intermedio. 

Las personas auditivas, por contra, construyen su realidad de una manera lineal, todo sigue un orden y una secuencia lógica. A los auditivos les encanta recrear la realidad con pelos y señales, les gusta contar las cosas en el orden que ellos interpretan que han sucedido. 

Los kinestésicos (aquellos que utilizan más el tacto, olfato y gusto) dan forma a la realidad en base a lo que ésta les hace sentir. Son personas que necesitan las sensaciones para construir la realidad, y en ese mundo se habla un idioma diferente, más profundo, más cercano al corazón que a la cabeza. Los kinestésicos tienen una sensibilidad especial a la hora de percibir la realidad. 

 

Como veis la cosa da mucho juego. Saber cómo construye la gente su mundo nos aporta unas ventajas muy interesantes a la hora de convivir y trabajar con los otros. ¿Cómo? es realmente la pregunta clave. Cuando alguien hace algo bien, ¿cómo lo hace?. Esa es la cuestión. ¿No te pasa que a veces hay algo que haces muy bien pero no sabes cómo explicarlo?. Encontrar esas recetas para entender porqué hago bien lo que hago bien es una fuente de autoconocimiento muy poderosa, porque en base a esas recetas puedo comenzar a dar forma a mis actos futuros, utilizando un patrón contrastado y que me funciona.

 

Este curso confirmó lo que mi intuición me decía sobre los sentidos, pero en mi mundo interior yo veo a los sentidos como unos tramposos que nos engañan constantemente y que ganan la mayor parte de partidas que juega con la razón. Fue precisamente nuestra razón la que inventó la ciencia para así hacer frente al poder de los sentidos, pero visto lo visto, nuestros sentidos siguen manteniendo el poder de construir y dar forma a nuestra realidad. Creo que merece la pena poner el foco en ellos para saber cuáles son sus trucos y hábitos a la hora de construir los juicios que definen nuestra realidad.

imaginación al poder

Enviado por rober en Lun, 13/02/2012 - 21:03

hoy toca completar un pequeño rompecabezas. Se trata de una sencilla ecuación en la que tienes que mover uno de símbolos de los números para que la ecuación sea correcta:

IV= III + III

 

Seguro que te ha resultado sencillo, ¿a qué sí?. El 92% de las personas que participaron en la resolución de este acertijo encontraron la respuesta correcta. Pero hay un dato curioso detrás de ese 92%, se trata de aquellas personas con el lóbulo prefrontal de su cerebro dañado, éstas fueron capaces de solucionar este ejercicio en el 90% de los casos. Por ponerlo un poco más en contexto: los daños en el lóbulo prefontral del cerebro impiden que la atención se pueda focalizar en algo concreto, es decir, las personas que sufren este desequilibrio son incapaces de concentrarse.

 

Vamos ahora con otro ejercicio que sigue las mismas reglas que el anterior:

 

III = III + III

 

En este caso, sólo el 43% de los sujetos sin daño alguno en el cerebro fueron capaces de resolver este ejercicio. Sin embargo, las personas con daños en lóbulo prefrontal resolvieron la cuestión correctamente un 82% de las veces. La diferencia deja de ser anecdótica para convertirse en una buena pregunta. Y la respuesta está en la solución de la ecuación... simplemente teníamos que convertir el signo + en un =, y para ello sólo teníamos que mover una de las líneas. 

Las personas sin daño alguno en el cerebro tuvieron dificultades para encontrar la solución, precisamente por no sufrir ese desorden. Su capacidad para focalizar les obligaba a fijarse en los números y no en los símbolos que los rodeaban. Al buscar la solución a través de las múltiples combinaciones en la posición de los números, caían en la trampa del pensamiento vertical, ese pensamiento que funciona en oposición a un pensamiento más panorámico y que dificulta la creación de soluciones diferentes a las que dicta la “lógica”. 

Los pacientes con el lóbulo prefrontal dañado, al carecer de la capacidad para atender sólo a una cosa, eran mucho más hábiles a la hora de ver en horizontal. Su atención no conseguía centrarse en nada, y sí en todo. Y es precisamente esa visión de la realidad la que les permite generar muchas más posibles respuestas.

 

No siendo recomendable sufrir daño alguno en el cerebro, éste desequilibrio cerebral nos permite entender un poco mejor como funciona nuestra imprescindible imaginación. La imaginación tiene que ver con ese don que poseemos para ver más allá de lo evidente, un don que permite plantearse las cosas desde diferentes puntos de vista.

Hoy vivimos un mundo y una realidad donde II+II tiene muchas soluciones e interpretaciones posibles. Pensar en IV es ver lo que nos han enseñado sin capacidad alguna para dudar de ello, y esto nos impide crear otras realidades más adecuadas a nuestras necesidades y expectativas. Nos ha tocado vivir un momento donde muchas de las reglas que hasta ahora habían definido nuestros trabajos e instituciones se han visto sobrepasadas por los acontecimientos. Vivimos en un mundo repleto de metáforas, y las metáforas requieren de la imaginación para ser leídas correctamente. Sin imaginación, las reglas nos llevan por donde siempre nos han llevado, sin otorgarnos el derecho adquirido a prosperar. 

“La vida vista en horizontal”, quizás sería un buen título para un libro, pero prefiero pensar en ello como una necesidad cada día más importante. La educación o el trabajo tienen que comenzar a ser concebidos de una manera muy diferente. No podemos seguir pensando en ellos como un conjunto de datos, normas y formas de proveer a otros de pensamiento ajeno. La idea es hacer pensar, dejar que crezca en nosotros la curiosidad de explorar y el hambre por saber. Frente a comida precocinada y masticada, que se manosea cada día fruto de intereses totalmente ajenos al desarrollo humano.

Los estudios nos demuestran que tenemos que quitarnos la venda de los ojos, que deberíamos comenzar a ver las cosas de una manera menos evidente y sí más imaginativa, porque la imaginación dará respuesta a las nuevas necesidades y forma a un mundo en el que todavía no hemos pensado.

tiempo al tiempo

Enviado por rober en Dom, 05/02/2012 - 19:39

los extremos han sido creados para determinar los márgenes sobre los que nos movemos. La tristeza y la felicidad trazan un camino digno de ser vivido, la pobreza y la riqueza nos ayudan a valorar lo que tenemos, el sol y la luna nos ofrecen cada día, el aburrimiento y la diversión nos ayudan a encontrar nuestra vocación, ¿y qué pasa con nuestras ideas?, ¿somos capaces de reconocer las buenas de las malas?. En el mundo de la creatividad, los límites del camino están fijados por la autocrítica y la autoestima positiva. Entre ambos extremos se mueve nuestra genialidad como creadores.

Nietzsche, en su libro de 1878, Human, All Too Human, ya hablaba del interés de los artistas por eso que ellos llaman la inspiración, y también analizaba como la creatividad de los mismos no sólo generaba cosas brillantes, también daba lugar a productos mediocres e incluso nefastos. Pero lo que hace diferente a los artistas de los que no lo son, es su competencia infatigable para criticar su propia obra, para valorar con objetividad entre todas sus creaciones y diferenciar lo bueno de lo malo. Esa predisposición a la autocrítica es la que los capacita para que siempre nos regalen cosas maravillosas, esas obras de arte que expresan lo mejor de su talento creativo, pero ojo, no nos olvidemos que detrás hay cosas no tan buenas, mediocridad que permite hacer más visible la inspiración. 

Simone Ritter, de la Radbound University en Holanda, realizó un experimento muy clarificador en este ámbito. Seleccionó a 112 estudiantes y les dio 2 minutos para que propusiesen ideas sobre cómo mejorar la percepción de los clientes de los supermercados a la hora de hacer cola en las cajas. Se dividió a los sujetos en dos grupos, a uno de ellos se les envió directamente a trabajar en la generación de ideas. Al segundo grupo se les llevó a otra sala donde tenían que jugar con un videojuego con el único objetivo de retrasar el momento de comenzar a trabajar con el resto de sus compañeros. Lo que los experimentadores pretendían era que, en este tiempo de retraso, el subconsciente de los estudiantes del segundo grupo también participase en el proceso creativo.

Cuando se observaron las aportaciones de ambos grupos, los resultados eran muy similares, sin que fuese posible trazar diferencia alguna entre ellos. El tiempo de retraso del segundo grupo no había servido para concluir nada acerca de la relación entre subconsciente y su aportación al proceso creativo. Sin embargo, la verdadera diferencia surgió en los resultados aportados por cada uno de los grupos a la hora de valorar la calidad de su propio trabajo. El grupo en el que se había forzado el retraso en el comienzo del trabajo, los participantes fueron capaces de  diferenciar lo brillante de lo que no lo era en un 55% de los casos. Por contra, en el grupo que había sido puesto a trabajar inmediatamente, esto sólo sucedía en un 20% de las ocasiones.

La conclusión de dicho estudio demuestra que dejar que nuestro subconsciente tenga tiempo para llevar a cabo un proceso de re-evaluación de las ideas es positivo, ya que nos permite afinar más en el resultado a la hora de diferenciar las buenas ideas de las malas. Para conseguir esto, tenemos que ser conscientes de que si dejamos que el producto de nuestro trabajo creativo repose, el subconsciente podrá realizar una serie de procesos paralelos, e invisibles para nosotros, a través de los cuales nos dotará de mayores recursos cognitivos a la hora de evaluar lo que hemos hecho.

Hemos hablado otras veces en el blog de procrastinar, de esa obra de nuestra irracionalidad que descubre la peor cara de nuestro lado vago, de ese que nos empuja con todas sus fuerzas a retrasar la tarea para darse el gustazo de hacer otras cosas que no son en absoluto importantes. A la vista de los resultados de este estudio, comienzo a tener dudas de que procrastinar no sea positivo. ¿No podría ser que procrastinar sea una capacidad que nosotros mismos hemos ido creando como especie para mejorar nuestras aptitudes creadoras, esas que nos han permitido evolucionar?. La verdad es que a mi siempre me funciona bien eso de darle tiempo a mis ideas, por eso que me voy al sofá ahora mismo a no hacer nada.

cómo nos gustamos!!!

Enviado por rober en Jue, 19/01/2012 - 22:16

¡los polos opuestos se atraen!. ¿Verdad o mentira?. La cultura popular utiliza este dicho para justificar la unión de personas muy diferentes, pero, ¿realmente se atraen los polos opuestos?. La psicología ha demostrado que esto no es así, que hay algo a lo que se denomina el efecto similitud de atracción (SAE: similarity-attraction effect) que provoca que nos pasemos un porcentaje importante de nuestro tiempo buscando a personas que se parezcan a nosotros. Esta característica humana es universal; aplica a todas las culturas que habitan el planeta. Lo mismo sucede en tu trabajo que en una aldea remota de las bosques de Borneo. La búsqueda de nuestros iguales empuja buena parte de nuestras habilidades y acciones.

 

Lo psicólogos Paul Ingram y Michael Morris, de  la Universidad de Columbia, realizaron un experimento al que invitaron a un buen número de altos ejecutivos de grandes empresas y de diferentes sectores. La reunión era convocada con el objetivo de trabajar la red de contactos de cada uno de ellos y así poder conocer colegas de otros entornos profesionales. Las conversaciones entre los participantes eran monitorizadas por los investigadores y éstos observaron, como de una manera natural e inconsciente, los contables se juntaban con los contables, los ingenieros buscaban otros ingenieros con quienes compartir experiencias, los médicos debatían con otros médicos la resolución de las encrucijadas de la salud. Al final, una reunión cuyo objetivo era mezclar personas diferentes, se acabó convirtiendo en una sala con tantas reuniones paralelas como pares de iguales participaban.

 

El anhelo por compartir nuestro tiempo con personas lo más parecidas posible a nosotros, no sólo influye en fiestas y reuniones, este deseo conforma la red social en la que vivimos y nos movemos, haciéndola cada vez más selecta y restringida, un club en el que sólo se aceptan personas como yo, con mis gustos e inquietudes, con mis valores y principios, que comparten todo aquello que me mueve a actuar. Este hecho hace que nuestro mundo social esté repleto de personas con las que nos es más sencillo y cómodo vivir, donde el día a día es más llevadero y donde nos resulta más fácil ser nosotros mismos.

 

Esta realidad tiene implicaciones muy claras y de gran impacto en nuestras vidas. Cuando vivimos la vida como si fuera un accidente, dejando que el día a día decida por nosotros, nos podemos encontrar en lugares a los que no pertenecemos y donde las personas con las que lo compartimos nada tienen que ver con nosotros. En esos “no lugares” será muy difícil que podamos ser nosotros mismos y dar salida a nuestras necesidades como animales sociales. Si lo trasladas a tu trabajo será fácil que entiendas lo difícil que resulta bregar en un sitio en el que tus compañeros nada tienen que ver con tu forma de ser.  Cuando la vida toma las decisiones por nosotros y el efecto similitud de atracción queda atrofiado por la inercia de lo cotidiano, corremos el riesgo de equivocarnos a la hora de escoger nuestros compañeros de viaje, lo que supondrá un gran tapón a nuestros talentos, virtudes y fortalezas.

Todo esto no es sólo un mal que afecte a las personas. Las empresas también padecen de esta miopía social, y en este caso el error consiste en pensar que todas las personas son iguales y que lo único importante es que trabajen. Traducido al mundo de las normas sociales es tanto como afirmar que te podrías casar con cualquier persona siempre y cuando fuera del otro sexo (o no). Cuando una empresa busca un profesional adecuado para su organización debe pensar en los valores y principios que la definen para luego tener claro quién puede formar parte de ese proyecto a largo plazo. Todo lo demás es como acudir a esa fiesta de la que hablábamos al principio, si no tienes nada en común con la persona, ésta no tardará en darte la espalda y ponerse a hablar con otra.

 

Empezaba el post con un dicho popular y me voy a atrever a cerrar con otro: dime con quién andas y te diré quién eres. Cuando veamos dos polos opuestos juntos nos tendremos que preguntar si realmente son tan opuestos como aparentan… a lo mejor nos llevamos una sorpresa y vemos más similitudes que diferencias.

010112

Enviado por rober en Sáb, 31/12/2011 - 17:56

se termina el 2011, un año complicado para muchas personas, y comienza un 2012 precedido de todo tipo de vaticinios pesimistas. Estamos viviendo un momento en el que debemos asumir una realidad diferente, ahora nos toca vivir con un poco menos, que no significa vivir peor. Esta es la consecuencia de nuestras acciones, este es el precio de nuestros errores.

Venimos de una inercia que producía y producía con el único objetivo de maximizar el beneficio. Esa inercia nos ha dado una vida llena de facilidades que nos han ayudado a maximizar nuestro bienestar, una sociedad adicta a tener. Pero si recuerdas, los recursos son finitos. Las ansias infinitas por tener no se corresponden con una realidad donde los recursos son limitados. Quizás hayamos topado con el techo de nuestra capacidad para atesorar cosas y ahora toca volver a construir un nuevo techo, uno un poco más alto y que permita expandirnos de nuevo.

 

En la construcción de los nuevos límites debemos cambiar el enfoque. ¿Por qué no nos olvidamos de esa necesidad por crecer sólo para alimentar el hambre por las cosas?, ¿por qué no tratamos de maximizar nuestro bienestar entendiendo nuestros deseos y necesidades?.

Hemos vivido un crecimiento acelerado y desordenado que nos ha hecho creer que tener es más importante que valorar lo que se tiene. Hemos creado una cultura de usar y tirar, del pret a porter, del hazlo tu mismo, del low cost. Un mundo donde la facilidad para tener es mayor que la necesidad de valorar lo que se posee.

¡Y ahora hemos tocado techo!. Toca cambiar el chip. Ya no vale querer seguir en esa dinámica maximizadora sin sentido alguno, tenemos que darle sentido a todo lo que hemos conseguido, toca poner el foco en ser conscientes de la suerte que tenemos por tener lo que tenemos. Debemos pensar. Pensar es algo incómodo porque requiere esfuerzo, nos es más cómodo vivir con el piloto automático puesto, crear una rutina que dirija nuestras vidas donde ella decida. 

 

Pensemos, porque nosotros somos la solución de todos los problemas. Necesitamos una conciencia colectiva que nos permita empujar a todos en la misma dirección. De nada vale que unos se esfuercen y otros permanezcan parados. O empujamos todos o lo tenemos crudo. Es un proceso largo que cuanto antes comience antes se terminará, y hoy es un buen día para empezar. Obviamente necesitamos un objetivo común y yo creo que todos tenemos un objetivo último que compartimos: ser felices. Los caminos para conseguirlo son tantos como personas habitan este planeta. Millones de formas diferentes de llegar al mismo sitio: el equilibrio. El equilibrio es ese lugar donde mi bienestar no altera el bienestar de los que me rodean, donde mi vida mejora y potencia la vida de los demás. ¿Tú crees qué hemos ido por este camino en los últimos años?, yo sinceramente creo que no. Hemos construido un mundo egoísta donde mi bienestar está por encima del de los demás. Este hecho hace a la personas menos personas y los convierte en verdaderos depredadores.

2012 podría ser un buen año si todos pensásemos y nos replanteásemos nuestro rol en el mundo descrito hasta este punto. Si encontramos el punto exacto donde se ubica nuestro equilibrio habremos encontrado nuestra capacidad para construir un mundo mejor. La forma de encontrar el equilibrio pasa por un pensamiento sincero, alejado de la fuerza distorsionadora que ejercen nuestros sentidos. Para hallar el equilibrio tenemos que ser conscientes de tres cosas:

 

  1. La realidad no existe, es la que nosotros creamos, y es por ello que cuanto mejor seamos definiendo nuestra realidad mejor será el contexto en el que nos movamos.
  2. Hay cosas que nos alejan de nuestra homeostasis (envidias, celos, rabia, rencor, egoísmo,...). Si somos capaces de controlarlas tendremos mucho camino ganado a la hora de llegar a esa zona de equilibrio.
  3. Pero también hay cosas que nos acercan al centro (empatía, honestidad, colaboración, belleza,...). Estas son nuestras armas para manejar un barco que gobernamos totalmente solos. Si tenemos estos recursos disponibles, la fórmula que define el equilibrio no tendrá dificultad alguna para nosotros.

 

Este 2012 voy a trabajar en esta ecuación, voy a tratar de entender donde está el centro, el núcleo de nuestro equilibrio; porque si de algo estoy seguro, es de que en ese lugar reside el secreto para solucionar lo que nos está pasando.

 

El 2012 ya está aquí. Te deseo un año mejor que bueno, yo seguiré por aquí... y ya van cinco añitos!!!. Gracias por leerme y por estar ahí.

de tal palo tal astilla

Enviado por rober en Sáb, 17/12/2011 - 23:18

el otro día echaba cuenta de todos los amigos cuyos padres conozco. En la inmensa mayoría de los casos, el comportamiento de los hijos es paralelo al de sus padres. ¿Y qué quiere decir esto?, los hijos crecen y se desarrollan en un entorno en el que los padres son el centro del universo. La necesidad de afecto y de pertenencia nos hacen luchar con todos los recursos a nuestro alcance por conseguirlos. Las vías para conseguirlo son múltiples y muy variadas, cada una de ellas depende del carácter y comportamiento de los padres. El que se tiene que fijar en los detalles aprende a ser minucioso, al que tiene que conseguir cosas para llamar la atención aprende a ser un finalizador, el que no tiene que hacer nada cree que las cosas le vienen dadas, al que parecer le es más rentable que ser, parece... El niño busca los recovecos en esa maraña de emociones y sentimientos que le abran el camino hacia lo que necesita.

Éstas estrategias, poco a poco comienzan a convertirse en algo más que hábitos. Con el paso del tiempo, esa forma de actuar determina nuestros modelos futuros de conducta. Las personas somos el producto de otras personas. Nuestros cuidadores son los que configuran nuestra forma de ser, ellos marcan el camino a seguir para sobrevivir, y el niño aprende que para encontrar lo que necesita tiene que adaptar sus valores, comportamientos y emociones al entorno en el que le ha tocado vivir.

 

Aprendemos a sobrevivir en los entornos que crean nuestros mayores dando forma a los valores y creencias que nos definen. Ese es nuestro lugar, donde realmente sabemos cómo defendernos.

Cuando cruzamos nuestro camino con otros donde esos valores no son parte del paisaje, nos resultará mucho más difícil salir adelante, básicamente porque estamos en terreno desconocido. Esa es una de las causas principales de divorcios, separaciones, engaños,... una convivencia obligada de valores encontrados. Resultado: cada uno por su lado. 

 

En nuestro mundo, el trabajo supone una parte importante de nuestro tiempo vital. Cada día pasamos más tiempo trabajando, en la oficina y fuera de la oficina. Durante todas esas horas pasamos a formar parte de un mundo diferente al de nuestra infancia. Compañeros, jefes, proveedores, clientes, amigos,... son las personas con las que ahora compartimos nuestras vidas. Todos ellos productos de otras personas y con formas de ser y actuar muy diferentes a la nuestra. No es para nadie nuevo el esfuerzo que hacen las empresas para fidelizar a sus empleados estrella, aquellos que realmente necesitan si quieren que las cosas vayan bien. Dinero, incentivos, bonos y otras muchas formas de demostrar la valía profesional de alguien son concebidos como la llave que abre todas las puertas, pero realmente hay algo más fuerte que lo material detrás de nuestras intenciones, se trata de alcanzar lo mismo que nos movió a actuar en nuestras casas para conseguir el cariño y aprecio de nuestros padres. Esa es realmente la fuerza que fija las relaciones de una persona con su entorno profesional. Se trata de buscar un lugar donde nuestros valores y comportamiento sean paralelos a los de la organización. No quiere esto decir que no podamos trabajar y desarrollarnos en lugares donde no exista esta simetría. Es perfectamente compatible, lo que ocurre es que no se tratará de nuestro sitio. Será otro sitio, bueno o malo, no lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que no será nuestro sitio. 

Necesitas sentirte cómodo para dar lo mejor de ti mismo. Necesitas sentirte libre para pensar y actuar, un lugar donde tu voz tenga voto, donde se aprecie tu forma de actuar y pensar. Un lugar donde existes porque eres percibido.

 

¿Por qué somos puntuales o impuntuales, por qué tenemos esa manías tan raras, por qué como lo que como, por qué conduzco como conduzco?,.... y tantas preguntas que tienen su respuesta en la combinación de valores y comportamientos de los que nos han educado. Ahí está el secreto que mueve buena parte de la acciones de la personas, un lugar que atrae a quien lo habita de una manera tan primaria que cualquier otro estímulo pasa a un segundo plano.

Hoy trabajar es un regalo, pero no por ello debemos dejar de pensar en buscar nuestro lugar. ¿Y tú dónde estás?, ¿estás cerca o lejos de ese sitio donde todo sucede de una forma más sencilla y natural, donde existir consume sólo la energía estrictamente necesaria?.

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